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OCTUBRE 28

Col.2:6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;

Somos vasos vacíos, donde se derrama su salvación “De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo” (Colosenses 2:6).-

La vida de fe está representada como recibiendo; acto éste que denota precisamente lo opuesto a todo lo que signifique mérito. Es sencillamente a aceptación de un don. Como la tierra embebe la lluvia, y el mar recibe los ríos, y la noche acepta la luz de las estrellas, así nosotros, no dando nada, participamos gratuitamente de la gracia de Dios. Los santos, por naturaleza, no son fuentes ni manantiales, sino solo cisternas en las que fluye el agua viva. Son vasos vacíos en los que Dios derrama su salvación. La idea de recibir denoto tener sentido de la realidad. No se puede recibir una sombra; recibimos lo que es real. Así es con la vida de fe; por ella Cristo llega a ser real para nosotros.

Mientras estamos sin fe, Cristo es para nosotros un mero nombre, una persona que vivió hace mucho tiempo, y, por tanto, su vida es ahora para nosotros solo una historia. Por un acto de fe Cristo llega a ser, en nuestro corazón, una persona real. Pero recibir significo también tomar posesión de algo. Cuando yo recibo a Jesús, El se convierte en mi Salvador, tan, pero tan mío que ni la vida ni la muerte me podrán apartar de El. Todo esto significa recibir a Cristo: recibirlo como el gratuito don de Dios, tener conciencia de su presencia en mi corazón y apropiármelo como mío. La salvación puede describirse como el ciego que recibe la vista, el sordo que recibe la facultad de oír, el muerto que recibe la vida. Pero nosotros no solo recibimos estas bendiciones, sino que recibimos a Jesucristo mismo. Es verdad que El nos dio vida y perdón, y nos atribuyó su justicia. Todas éstas son cosas preciosas, pero no estamos satisfechos con ellas; nosotros hemos recibido a Cristo mismo. El Hijo de Dios ha sido derramado en nosotros, y nosotros lo hemos recibido y nos hemos apropiado de El. ¡Qué corazón debe de tener Jesús, pues ni aun el cielo lo pudo contener! –

Llevando a la práctica todo aquello que creemos “Andad en Él” (Colosenses 2:6).-

Si hemos recibido a Cristo en el corazón, nuestra nueva vida manifestará el íntimo conocimiento que se tiene de El, observando una conducta de fe en El. Andar denota acción. Nuestra religión no tiene que aprisionarse en nuestra cámara secreta; tenemos, más bien, que llevar a la práctica lo que creemos. Si un hombre anda en Cristo obrará como obraría Cristo, pues estando Cristo en él, con su esperanza, su amor, su gozo y su vida, el tal es el reflejo de la imagen de Jesús, y los hombres dicen de él: «Es igual a su Maestro; vive como Jesucristo». Andar significa progreso. «Así andad en El.» Creyente, avanza de gracia en gracia; corre adelante hasta lograr el más alto grado de conocimiento, en cuanto a nuestro Amado. Andar denota permanencia. Hemos que gozar de una perpetua permanencia en Cristo. ¡Cuántos cristianos piensan que solo por la mañana y por la noche deben tener comunión con Jesús, y que después, pueden dar sus corazones al mundo durante el día! Es ésa una forma muy pobre de vivir. Tendríamos que estar siempre con El, andar en sus pisadas y hacer su voluntad. Andar denota también hábito. Al hablar de la conducta y la conversación de un hombre nos referimos a sus hábitos y al constante temor de su vida. Ahora bien; si nosotros por un tiempo gozamos de Cristo, y después lo olvidamos; si a veces decimos que es nuestro, y luego lo abandonamos, entonces no tenemos perseverancia, no andamos en El. Hemos de estar constantemente unidos a El, no abandonándolo jamás. Tenemos que «vivir y tener nuestro ser en El». Persevera, cristiano, en el mismo camino en el que has empezado a andar, y como al principio Jesús fue la esperanza de tu fe, la fuente de tu vida, el motivo de tus actos y el gozo de tu espíritu, que lo siga siendo hasta el fin. Y que lo sea cuando pases por el valle de la sombra de la muerte y entres en el descanso eterno. Lecturas Matutinas Spurgeon.- 8 y 9 de Noviembre





PLAN DE LECTURA BÍBLICA ANUAL


Capítulo 20

La autoridad de Jesús   (Mt. 21.23-27; Mr. 11.27-33) 

Luc.20:1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,  
Luc.20:2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?  
Luc.20:3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:  
Luc.20:4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?  
Luc.20:5 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 
Luc.20:6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.  
Luc.20:7 Y respondieron que no sabían de dónde fuese.  
Luc.20:8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.  


Los labradores malvados   (Mt. 21.33-44; Mr. 12.1-11)  

Luc.20:9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.  
Luc.20:10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.  
Luc.20:11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías.  
Luc.20:12 Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido.  
Luc.20:13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto.  
Luc.20:14 Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.  
Luc.20:15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?  
Luc.20:16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros.Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!  
Luc.20:17 Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: 
La piedra que desecharon los edificadores  
Ha venido a ser cabeza del ángulo? 
Luc.20:18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.  


La cuestión del tributo   (Mt. 21.45-46; 22.15-22; Mr. 12.12-17)  

Luc.20:19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.  
Luc.20:20 Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.  
Luc.20:21 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.  
Luc.20:22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?  
Luc.20:23 Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?  
Luc.20:24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.  
Luc.20:25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.  
Luc.20:26 Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.  


La pregunta sobre la resurrección   (Mt. 22.23-33; Mr. 12.18-27) 

Luc.20:27 Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,  
Luc.20:28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 
Luc.20:29 Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.  
Luc.20:30 Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.  
Luc.20:31 La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia.  
Luc.20:32 Finalmente murió también la mujer.  
Luc.20:33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?  
Luc.20:34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento;  
Luc.20:35 mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.  
Luc.20:36 Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.  
Luc.20:37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 
Luc.20:38 Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. 
Luc.20:39 Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.  
Luc.20:40 Y no osaron preguntarle nada más.  


¿De quién es hijo el Cristo?  (Mt. 22.41-46; Mr. 12.35-37)  

Luc.20:41 Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?  
Luc.20:42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos:  
Dijo el Señor a mi Señor:  
Siéntate a mi diestra,  
Luc.20:43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 
Luc.20:44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?  


Jesús acusa a los escribas  (Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54)  

Luc.20:45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:  
Luc.20:46 Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;  
Luc.20:47 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.  


Capítulo 21

La ofrenda de la viuda   (Mr. 12.41-44) 

Luc.21:1 Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.  
Luc.21:2 Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. 
Luc.21:3 Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.  
Luc.21:4 Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.  


Jesús predice la destrucción del templo   (Mt. 24.1-2; Mr. 13.1-2) 

Luc.21:5 Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo:  
Luc.21:6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.  


Señales antes del fin   (Mt. 24.3-28; Mr. 13.3-23)  

Luc.21:7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?  
Luc.21:8 El entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos.  
Luc.21:9 Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente. 
Luc.21:10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino;  
Luc.21:11 y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.  
Luc.21:12 Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre.  
Luc.21:13 Y esto os será ocasión para dar testimonio.  
Luc.21:14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa;  
Luc.21:15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. 
Luc.21:16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros;  
Luc.21:17 y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.  
Luc.21:18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.  
Luc.21:19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.  
Luc.21:20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.  
Luc.21:21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.  
Luc.21:22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.  
Luc.21:23 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.  
Luc.21:24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. 


La venida del Hijo del Hombre   (Mt. 24.29-35, 42-44; Mr. 13.24-37) 

Luc.21:25 Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;  
Luc.21:26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.  
Luc.21:27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.  
Luc.21:28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.  
Luc.21:29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.  
Luc.21:30 Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. 
Luc.21:31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.  
Luc.21:32 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.  
Luc.21:33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  
Luc.21:34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.  
Luc.21:35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.  
Luc.21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre. 
Luc.21:37 Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.  
Luc.21:38 Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo. 

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