“En Cristo Jesús... ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”. (Efesios 2:13 y 19).-
SE TRATA DE SU CARTA DE CIUDADANIA
Antes de la segunda guerra mundial, el dictador Mussolini promulgó un decreto que prohibía a los italianos emigrar hacia los Estados Unidos. En este marco se cuenta el caso de dos hombres que se hallaban en la misma ciudad italiana y habían vivido anteriormente en los EE.UU. y América había llegado a ser su segunda patria. Uno de ellos, un reconocido banquero, había emigrado allá cuando joven y había hecho fortuna. Pero nunca se había preocupado por obtener la carta de ciudadanía. Cuando apareció el decreto de Mussolini, él estaba a punto de volver allá. Fue al consulado americano y pidió hablar con el cónsul personalmente para que éste le consiguiera la visa. Ni sus ruegos, ni sus riquezas, ni su perfecto inglés sirvieron para que pudiera salir de Italia. Era ciudadano italiano. El otro, un simple campesino que había vivido pocos años en los EE.UU, y hablaba un defectuoso inglés, se presentó también al consulado. —¿Es usted ciudadano de los Estados Unidos? —le preguntó el empleado.
—¡Oh, yes!— y en su tosco inglés explicó que había jurado sobre la Constitución de los EE.UU. Mostró sus documentos, sobre los cuales el empleado aplicó un sello.
—Puede salir del país, ya que usted es ciudadano americano.
Aunque el lector no tenga la intención de emigrar, una vez tendrá que irse de este mundo, lo quiera o no. Es necesario tener sus documentos listos desde ya. Para entrar en el cielo, debe tener su carta de ciudadanía ya aprobada en la tierra. Nadie la recibe por naturaleza, ni por ser una persona correcta, ni por conocer bien al sacerdote o al pastor. Hay un único lugar donde se la puede pedir: sólo Jesucristo otorga esa carta de ciudadanía en respuesta a la fe en su obra redentora.
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 17
Condenación de la gran ramera
Apoc.17:1 Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas;
Apoc.17:2 con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.
Apoc.17:3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.
Apoc.17:4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación;
Apoc.17:5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
Apoc.17:6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.
Apoc.17:7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.
Apoc.17:8 La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.
Apoc.17:9 Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer,
Apoc.17:10 y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.
Apoc.17:11 La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.
Apoc.17:12 Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.
Apoc.17:13 Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.
Apoc.17:14 Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.
Apoc.17:15 Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.
Apoc.17:16 Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego;
Apoc.17:17 porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.
Apoc.17:18 Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra.
ISAÍAS
Capítulo 1
Una nación pecadora
Is.1:1 Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.
Is.1:2 Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.
Is.1:3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.
Is.1:4 ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.
Is.1:5 ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.
Is.1:6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
Is.1:7 Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.
Is.1:8 Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.
Is.1:9 Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra.
Llamamiento al arrepentimiento verdadero
Is.1:10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
Is.1:11 ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
Is.1:12 ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?
Is.1:13 No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.
Is.1:14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas.
Is.1:15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.
Is.1:16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;
Is.1:17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.
Is.1:18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Is.1:19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;
Is.1:20 si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.
Juicio y redención de Jerusalén
Is.1:21 ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas.
Is.1:22 Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua.
Is.1:23 Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
Is.1:24 Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios;
Is.1:25 y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza.
Is.1:26 Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.
Is.1:27 Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia.
Is.1:28 Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos.
Is.1:29 Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis.
Is.1:30 Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas.
Is.1:31 Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.
Capítulo 2
Reinado universal de Jehová (Mi. 4. 1-3)
Is.2:1 Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.
Is.2:2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.
Is.2:3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.
Is.2:4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
Juicio de Jehová contra los soberbios
Is.2:5 Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová.
Is.2:6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos; y pactan con hijos de extranjeros.
Is.2:7 Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos, y sus carros son innumerables.
Is.2:8 Además su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos.
Is.2:9 Y se ha inclinado el hombre, y el varón se ha humillado; por tanto, no los perdones.
Is.2:10 Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad.
Is.2:11 La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día.
Is.2:12 Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido;
Is.2:13 sobre todos los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas de Basán;
Is.2:14 sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados elevados;
Is.2:15 sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;
Is.2:16 sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas las pinturas preciadas.
Is.2:17 La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será exaltado en aquel día.
Is.2:18 Y quitará totalmente los ídolos.
Is.2:19 Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra.
Is.2:20 Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase,
Is.2:21 y se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra.
Is.2:22 Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?
Capítulo 108
Petición de ayuda contra el enemigo (Sal. 57. 7-11; 60. 5-12)
Cántico. Salmo de David.
Sal.108:1 Mi corazón está dispuesto, oh Dios;
Cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria.
Sal.108:2 Despiértate, salterio y arpa;
Despertaré al alba.
Sal.108:3 Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos;
A ti cantaré salmos entre las naciones.
Sal.108:4 Porque más grande que los cielos es tu misericordia,
Y hasta los cielos tu verdad.
Sal.108:5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios,
Y sobre toda la tierra sea enaltecida tu gloria.
Sal.108:6 Para que sean librados tus amados,
Salva con tu diestra y respóndeme.
Sal.108:7 Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré;
Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
Sal.108:8 Mío es Galaad, mío es Manasés,
Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza;
Judá es mi legislador.
Sal.108:9 Moab, la vasija para lavarme;
Sobre Edom echaré mi calzado;
Me regocijaré sobre Filistea.
Sal.108:10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada?
¿Quién me guiará hasta Edom?
Sal.108:11 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado,
Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos?
Sal.108:12 Danos socorro contra el adversario,
Porque vana es la ayuda del hombre.
Sal.108:13 En Dios haremos proezas,
Y él hollará a nuestros enemigos.

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