"Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo".
"Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta",
"que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves,..."
(Apocalipsis 1:9 al 11-a).-
HASTA LA VEJEZ (Isaías 46:4).-
Estábamos con jóvenes del coro en un Hogar Geriatrico, y el hermano joven que dirigía unas palabras a los abuelos comenzó leyendo el pasaje de Apocalipsis 1:9 y siguientes.- (Las personas internadas en los Geriátricos están afectadas además de los achaques de la vejez, por un conjunto de circunstancias, desde sentimiento de abandono hasta el saber que de esa internación no se les va a dar el alta.- Algunos se abandonan, se decaen y quizá en el período de pocos meses, se aceleran sus achaques y deterioro personal).- El hermano les decía que cuando el apóstol Juan en la isla-prisión de Patmos, tenia aproximadamente ochenta años, y se encontraba allí abandonado a todos los peligros de lo agreste del paisaje, no tenía quien lo atendiese en sus necesidades y no estaba allí porque hubiese cometido delito alguno, sino que estaba allí por causa de La Palabra de Dios y el Testimonio de Jesucristo... Pero que a pesar de todas las condiciones adversas en que se encontraba y lejos de sus amados, no se encontraba lejos de Dios, "estaba en el espíritu en el día del Señor...", El apóstol había dedicado el día no para lamentarse, sino para estar en comunión, quizá y casi seguro en ayuno, quizá decía el predicador, pensaba que no iba a salir ya con vida de esa isla-prisión, pero de un momento para otro, escucha esa voz, "un tanto familiar...", que muchas veces la oyó cuando hablaba a las multitudes, ahora con una potencia superlativa "como de trompeta...", "que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último".- Como diciendo, acá no se termina nada, tu estas en mi, todavía eres mi siervo.- Cayo como muerto al suelo.- Otro apóstol, dice: "porque cuando soy débil entonces soy fuerte...", El predicador ahora se dirigía a los abuelos, que ya muchos estaban con lagrimas en sus ojos... "¿Vos pensaste que acá se termina todo?", El apóstol abandonado a sus ochenta años en una isla sin nadie que le preparase siquiera una comida, El Señor lo vino a buscar y lo sacó de allí y se pudo escribir el Apocalipsis.- Hoy te animo a que busques de todo corazón a Dios, que no dejes caer tu espíritu, porque Dios lo ha prometido "Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré (Is.46:4). Todavía a tus ochenta años, El Señor te puede usar con buen uso... No digas que estas abandonado, no digas que Dios no te escucha... Fue una gloria, algo inolvidable esa visita al Geriatrico, que solemos hacer periódicamente, pero esa fue muy especial...
Ahora tu, amado lector, quizá no estés internado, pero estas aislado, y no por motivos tan nobles como el del apóstol Juan, pero debes saber esto, que El Señor anhela rebelarse al alma arrepentida, se goza en mostrar Su Salvación, el puede darte un momento muy especial en este día, no importa si eres niño o muy entrado en años, si le buscas el se revelará a ti, por que El prometió "...y al que a mi viene, no le echo fuera"... Juan 6:37.-
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
EL APOCALIPSIS
DE SAN JUAN
Capítulo 1
La revelación de Jesucristo
Apoc.1:1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,
Apoc.1:2 que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
Apoc.1:3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
Salutaciones a las siete iglesias
Apoc.1:4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;
Apoc.1:5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
Apoc.1:6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Apoc.1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
Apoc.1:8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Una visión del Hijo del Hombre
Apoc.1:9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
Apoc.1:10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,
Apoc.1:11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
Apoc.1:12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,
Apoc.1:13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
Apoc.1:14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;
Apoc.1:15 y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.
Apoc.1:16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.
Apoc.1:17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;
Apoc.1:18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
Apoc.1:19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
Apoc.1:20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
NEHEMÍAS
Capítulo 1
Oración de Nehemías sobre Jerusalén
Neh.1:1 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino,
Neh.1:2 que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén.
Neh.1:3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
Neh.1:4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
Neh.1:5 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;
Neh.1:6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
Neh.1:7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.
Neh.1:8 Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;
Neh.1:9 pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.
Neh.1:10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa.
Neh.1:11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
Capítulo 2
Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén
Neh.2:1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,
Neh.2:2 me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.
Neh.2:3 Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
Neh.2:4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,
Neh.2:5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.
Neh.2:6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.
Neh.2:7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;
Neh.2:8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
Neh.2:9 Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.
Neh.2:10 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.
Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros
Neh.2:11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días,
Neh.2:12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.
Neh.2:13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.
Neh.2:14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.
Neh.2:15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.
Neh.2:16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.
Neh.2:17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.
Neh.2:18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.
Neh.2:19 Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?
Neh.2:20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Capítulo 96
Cántico de alabanza (1 Cr. 16. 23-33)
Sal.96:1 Cantad a Jehová cántico nuevo;
Cantad a Jehová, toda la tierra.
Sal.96:2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre;
Anunciad de día en día su salvación.
Sal.96:3 Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas.
Sal.96:4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Temible sobre todos los dioses.
Sal.96:5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;
Pero Jehová hizo los cielos.
Sal.96:6 Alabanza y magnificencia delante de él;
Poder y gloria en su santuario.
Sal.96:7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,
Dad a Jehová la gloria y el poder.
Sal.96:8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre;
Traed ofrendas, y venid a sus atrios.
Sal.96:9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;
Temed delante de él, toda la tierra.
Sal.96:10 Decid entre las naciones: Jehová reina.
También afirmó el mundo, no será conmovido;
Juzgará a los pueblos en justicia.
Sal.96:11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra;
Brame el mar y su plenitud.
Sal.96:12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está;
Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento,
Sal.96:13 Delante de Jehová que vino;
Porque vino a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con su verdad.

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