“El Señor QUISO quebrantarlo, sujetándole a padecimiento”. (Isaías 53:10).-
DIOS QUISO ENVIAR A JESÚS
La siguiente conversación se llevó a cabo entre un joven y un predicador hace mucho tiempo.
—Le he oído predicar tres veces —dijo el joven— y no me interesan ni usted ni su predicación, a no ser que pueda decirme porqué Dios permitió el pecado.
—Será un placer decírselo —contestó el predicador— Porque EL QUISO hacerlo así.-
Tomado por sorpresa, el joven fue incapaz de replicar. El predicador continuó: —Dios simplemente quiso permitirlo; y si usted sigue preguntando y cavilando, vanidosamente henchido por su mente carnal, y si se esfuerza en ser más sabio que la Escritura, le diré algo más de lo que Dios hará; El le echará algún día “a las tinieblas de afuera”. Usted lucha en vano con su Hacedor; no puede resistirle. Ni su opinión, ni sus expresiones blasfemas en cuanto al proceder de Dios disminuirán en lo más mínimo la pena de su condenación eterna, la cual, repito, será ciertamente su suerte si continúa en su presente actitud. Había gente como usted en el tiempo del apóstol Pablo y él les contestó: “¿Quién eres tú para que alterques con Dios?” -
—¿Hay tal texto en la Biblia?
—Sí —respondió el predicador. Se halla en el capítulo 9 de la carta a los Romanos versículo 20: "Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?", y le recomiendo leerlo y ver cómo Dios reclama para Sí el hacer lo que quiere sin permitir que la cosa hecha le diga al que la formó: “¿Por qué me has hecho así?’ Además, recuerde que, aparte de permitir el pecado, hay otra cosa que Dios quiso hacer. Quiso enviar a Jesucristo. En su libre y soberana gracia. Dios entregó a su Hijo a fin de que muriese por los pecadores, de modo que ninguno de aquellos que han aceptado a Jesús como su único Salvador será echado al infierno.
Se sabe que aquel joven siguió el consejo para su eterna bendición, pues llego a ser un ministro en su congregación.
"Todas las cosas deben ser de Dios en su diseño. ¿A quién más pudo pedirle consejo El? ¿Quién podría instruirle? No existía nadie más que entrara en el salón del consejo, aun si tal ayuda para el Altísimo fuera conjeturable. En el principio, ya de antiguo, antes de sus sobras, la Sabiduría eterna extrajo de Su propia mente el plan perfecto de las creaciones futuras, y cada línea y cada marca en ellas tuvieron que haber sido claramente del Señor solamente. Él ordenó la trayectoria de cada planeta, y la morada de cada estrella fija. Él ató los lazos de las Pléyades y el Orión con sus ligaduras. Él fijó los límites del mar, y estableció el curso de los vientos. En cuanto a la tierra, el Señor solo planeó sus cimientos y extendió Su cordel sobre ella. Él formó en Su propia mente el molde de todas Sus criaturas y encontró para ellas una morada y un servicio. Él determinó el grado de fuerza que asignaría a cada criatura, limitó sus meses de vida, estableció la hora de su muerte, (Mat.10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre), la llegada y la partida de cada uno. La sabiduría divina trazó el mapa de esta tierra con sus mares espumeantes, con las corrientes de sus ríos, las altas montañas y los sonrientes y floridos valles. El divino Arquitecto fijó las puertas de la mañana y los portones de la sombra de muerte. Nada pudo ser sugerido por alguien más, pues no había nadie más que pudiera sugerirle algo. Él podía haber hecho un universo muy diferente de éste si así le hubiera agradado; y que lo haya hecho como es, debe de haber sido meramente porque en Su sabiduría y prudencia consideró adecuado hacerlo así. No puede haber ninguna razón por qué no pudo haber creado un mundo del cual el pecado fuera excluido para siempre; y que Él haya permitido que el pecado entrara en Su creación debe atribuirse, asimismo, a Su propia soberanía infinita. Si no hubiese sabido bien que Él se enseñorearía del pecado, y que del mal emergería la más noble manifestación de Su propia gloria, no habría permitido que el pecado entrara en el mundo: pero al esbozar la historia completa del universo que estaba a punto de crear, incluso permitió que esa mancha negra empañara Su obra, porque sabía anticipadamente qué cánticos de sempiterno triunfo se alzarían hasta Él mismo cuando, en arroyos de Su propia sangre, la Deidad encarnada lavara la mancha. No puede dudarse de que, sin importar cuál sea el drama completo de la historia en la creación y en la providencia, hay un sentido sublime y misterioso en el que todo es de Dios. El pecado no es de Dios, pero el permiso temporal de su existencia formó parte del esquema conocido de antemano, y para nuestra fe, la intervención del mal moral y la pureza del carácter divino, no disminuyen la fuerza de nuestra fe, de que el alcance entero de la historia es de Dios en el sentido más pleno". (Seleccionado y adaptado de C.H. Spurgeon, Sermón 572 del 29/05/1864).-
"Todas las cosas deben ser de Dios en su diseño. ¿A quién más pudo pedirle consejo El? ¿Quién podría instruirle? No existía nadie más que entrara en el salón del consejo, aun si tal ayuda para el Altísimo fuera conjeturable. En el principio, ya de antiguo, antes de sus sobras, la Sabiduría eterna extrajo de Su propia mente el plan perfecto de las creaciones futuras, y cada línea y cada marca en ellas tuvieron que haber sido claramente del Señor solamente. Él ordenó la trayectoria de cada planeta, y la morada de cada estrella fija. Él ató los lazos de las Pléyades y el Orión con sus ligaduras. Él fijó los límites del mar, y estableció el curso de los vientos. En cuanto a la tierra, el Señor solo planeó sus cimientos y extendió Su cordel sobre ella. Él formó en Su propia mente el molde de todas Sus criaturas y encontró para ellas una morada y un servicio. Él determinó el grado de fuerza que asignaría a cada criatura, limitó sus meses de vida, estableció la hora de su muerte, (Mat.10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre), la llegada y la partida de cada uno. La sabiduría divina trazó el mapa de esta tierra con sus mares espumeantes, con las corrientes de sus ríos, las altas montañas y los sonrientes y floridos valles. El divino Arquitecto fijó las puertas de la mañana y los portones de la sombra de muerte. Nada pudo ser sugerido por alguien más, pues no había nadie más que pudiera sugerirle algo. Él podía haber hecho un universo muy diferente de éste si así le hubiera agradado; y que lo haya hecho como es, debe de haber sido meramente porque en Su sabiduría y prudencia consideró adecuado hacerlo así. No puede haber ninguna razón por qué no pudo haber creado un mundo del cual el pecado fuera excluido para siempre; y que Él haya permitido que el pecado entrara en Su creación debe atribuirse, asimismo, a Su propia soberanía infinita. Si no hubiese sabido bien que Él se enseñorearía del pecado, y que del mal emergería la más noble manifestación de Su propia gloria, no habría permitido que el pecado entrara en el mundo: pero al esbozar la historia completa del universo que estaba a punto de crear, incluso permitió que esa mancha negra empañara Su obra, porque sabía anticipadamente qué cánticos de sempiterno triunfo se alzarían hasta Él mismo cuando, en arroyos de Su propia sangre, la Deidad encarnada lavara la mancha. No puede dudarse de que, sin importar cuál sea el drama completo de la historia en la creación y en la providencia, hay un sentido sublime y misterioso en el que todo es de Dios. El pecado no es de Dios, pero el permiso temporal de su existencia formó parte del esquema conocido de antemano, y para nuestra fe, la intervención del mal moral y la pureza del carácter divino, no disminuyen la fuerza de nuestra fe, de que el alcance entero de la historia es de Dios en el sentido más pleno". (Seleccionado y adaptado de C.H. Spurgeon, Sermón 572 del 29/05/1864).-
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 2
Enseñanza de la sana doctrina
Tit.2:1 Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
Tit.2:2 Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.
Tit.2:3 Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
Tit.2:4 que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,
Tit.2:5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.
Tit.2:6 Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes;
Tit.2:7 presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad,
Tit.2:8 palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.
Tit.2:9 Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones;
Tit.2:10 no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.
Tit.2:11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
Tit.2:12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
Tit.2:13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
Tit.2:14 quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
Tit.2:15 Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.
Capítulo 15
La implacable ira de Dios contra Judá
Jer.15:1 Me dijo Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo; échalos de mi presencia, y salgan.
Jer.15:2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio.
Jer.15:3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.
Jer.15:4 Y los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
Jer.15:5 Porque ¿quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se entristecerá por tu causa, o quién vendrá a preguntar por tu paz?
Jer.15:6 Tú me dejaste, dice Jehová; te volviste atrás; por tanto, yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme.
Jer.15:7 Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de la tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se volvieron de sus caminos.
Jer.15:8 Sus viudas se me multiplicaron más que la arena del mar; traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre y sobre los hijos; hice que de repente cayesen terrores sobre la ciudad.
Jer.15:9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó de dolor su alma, su sol se puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena de confusión; y lo que de ella quede, lo entregaré a la espada delante de sus enemigos, dice Jehová.
Jer.15:10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
Jer.15:11 ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia!
Jer.15:12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte y el bronce?
Jer.15:13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.
Jer.15:14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces; porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.
Jehová reanima a Jeremías
Jer.15:15 Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta.
Jer.15:16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.
Jer.15:17 No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.
Jer.15:18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
Jer.15:19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
Jer.15:20 Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.
Jer.15:21 Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.
Capítulo 16
Juicio de Jehová contra Judá
Jer.16:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
Jer.16:2 No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.
Jer.16:3 Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de las hijas que nazcan en este lugar, de sus madres que los den a luz y de los padres que los engendren en esta tierra:
Jer.16:4 De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra; con espada y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
Jer.16:5 Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto, ni vayas a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado mi paz de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis piedades.
Jer.16:6 Morirán en esta tierra grandes y pequeños; no se enterrarán, ni los plañirán, ni se rasgarán ni se raerán los cabellos por ellos;
Jer.16:7 ni partirán pan por ellos en el luto para consolarlos de sus muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por su padre o por su madre.
Jer.16:8 Asimismo no entres en casa de banquete, para sentarte con ellos a comer o a beber.
Jer.16:9 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, y toda voz de esposo y toda voz de esposa.
Jer.16:10 Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué maldad es la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que hemos cometido contra Jehová nuestro Dios?
Jer.16:11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron mi ley;
Jer.16:12 y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no oyéndome a mí.
Jer.16:13 Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis a dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré clemencia.
Jer.16:14 No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto;
Jer.16:15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.
Jer.16:16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos.
Jer.16:17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.
Jer.16:18 Pero primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos, y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
Jer.16:19 Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.
Jer.16:20 ¿Hará acaso el hombre dioses para sí? Mas ellos no son dioses.
Jer.16:21 Por tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les haré conocer mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre es Jehová.
Capítulo 126
Oración por la restauración
Cántico gradual.
Sal.126:1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,
Seremos como los que sueñan.
Sal.126:2 Entonces nuestra boca se llenará de risa,
Y nuestra lengua de alabanza;
Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.
Sal.126:3 Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;
Estaremos alegres.
Sal.126:4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová,
Como los arroyos del Neguev.
Sal.126:5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.
Sal.126:6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;
Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.

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