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“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13-14).-

“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”

 ¡Qué magníficas declaraciones las de las huestes angelicales al saludar la aparición terrenal de Jesús, nacido en Belén! Pastores que velaban sobre su rebaño oyeron el maravilloso pregón que estalló repentinamente en aquella memorable noche en que el Verbo, hecho carne, vino hasta nosotros.
 Esos ángeles. “poderosos en fuerzas”, de los cuales el profeta Isaías nos dice que se cubren el rostro ante el Señor de gloria, el Dios invisible, por primera vez tienen el inmenso privilegio de contemplar a su creador bajo la forma de un niñito acostado en un pesebre, y entonan la alabanza a la gloria de Dios en las alturas cuando Jesús. Dios manifestado en carne, aparece aquí abajo, viniendo para servir y salvar a aquellos a quienes El se hacía semejante en todas las cosas, "pero sin pecado...".
 Esos ángeles, que habían asistido a tantas solemnes ocasiones, cuando se creaban nuevos mundos, cuando ellos mismos fueron creados, sus repertorios para alabar al que todo lo puede va siempre en creciente... Ellos habían cantado solemnes cánticos sobre muchos soles que el Grandioso Ser había creado. No dudamos que a menudo habían cantado "Al que está sentado en el trono, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder," manifestándose en la obra de la creación, ascendiendo mas y mas en la escala de adoración... Pero esta vez, cuando vieron que Dios descendía de Su trono para convertirse en un bebé, mecido en el pecho de una mujer, subieron sus notas más todavía; y remontándose a las máximas escalas de la música angélica, elevándose la alabanza en todas las alturas, hasta los Cuatro Seres Vivientes que están delante del Trono, cantaron las notas más elevadas de la divina gama de alabanza, y entonaron, "¡Gloria a Dios en las alturas!" pues sentían que Dios no podía tener más bondad. Así dieron su más alta alabanza a Él, en el más elevado acto de Su Deidad y expresando así que la Salvación, es la suprema gloria de Dios... 
 Los sufrimientos que debían ser la porción de Jesucristo y las glorias que vendrían tras ellos, estas cosas comunicadas sólo por los profetas hasta ese momento y en las cuales anhelaban mirar los ángeles, todo esto, en esa memorable noche, era evocado mediante los acentos de alabanza que los pastores oyeron, maravillados. Estos, con plena fe, van a Belén para ver lo “que ha sucedido y que el Señor les ha manifestado”. Dieron testimonio de ello al divulgar lo que les había ocurrido y volvieron “glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Lucas 2:20).
 Amigo hermano, tu que lees esto, a ti también te ha hablado Dios. ¿Podrás alabarle porque te ha sido dado un Salvador que es Cristo el Señor?.- Se sabe que Jesús un día nació en Belén de Judea, ciertísimamente podemos afirmar que no fue un 24 a la noche en en que comienza el día para los judíos... por muchas razones afirmamos esto, pero si tu quieres celebrar Su nacimiento, has de hacerlo con recogimiento todos los días del año y hoy haz de guardarte del mal, para que tu alabanza de devoción y arrepentimiento genuino llegue a glorificar a Dios, allí arriba, bien arriba, uniéndote a los ángeles, tus compañeros, para decirle: "Gloria a Dios en las alturas..." en su buena voluntad para salvarme trayendo paz a todo mi ser... Amen y amen... Aleluya...!!!

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 2

Nacimiento de Jesús (Mt. 1.18-25)

Luc.2:1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.  
Luc.2:2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.  
Luc.2:3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.  
Luc.2:4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;  
Luc.2:5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.  
Luc.2:6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.  
Luc.2:7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Los ángeles y los pastores  

Luc.2:8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.  
Luc.2:9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.  
Luc.2:10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:  
Luc.2:11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.  
Luc.2:12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.  
Luc.2:13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:  
Luc.2:14 ¡Gloria a Dios en las alturas,  
Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!  
Luc.2:15 Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.  
Luc.2:16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.  
Luc.2:17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.  
Luc.2:18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
Luc.2:19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.  
Luc.2:20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.  


Capítulo 37

El valle de los huesos secos  

Ez.37:1 La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.  
Ez.37:2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.  
Ez.37:3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.  
Ez.37:4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.  
Ez.37:5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.  
Ez.37:6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.  
Ez.37:7 Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso.  
Ez.37:8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.  
Ez.37:9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
Ez.37:10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.  
Ez.37:11 Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.  
Ez.37:12 Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.  
Ez.37:13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.  
Ez.37:14 Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.  

La reunión de Judá e Israel  

Ez.37:15 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:  
Ez.37:16 Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.  
Ez.37:17 Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.  
Ez.37:18 Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?,  
Ez.37:19 diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano.  
Ez.37:20 Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos,  
Ez.37:21 y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra;  
Ez.37:22 y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.  
Ez.37:23 Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.  
Ez.37:24 Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra.  
Ez.37:25 Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre.  
Ez.37:26 Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.  
Ez.37:27 Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
Ez.37:28 Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.  


Capítulo 60

La futura gloria de Sion  

Is.60:1 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.  
Is.60:2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.  
Is.60:3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.  
Is.60:4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.  
Is.60:5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.  
Is.60:6 Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.  
Is.60:7 Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria.  
Is.60:8 ¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?  
Is.60:9 Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.  
Is.60:10 Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.  
Is.60:11 Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.  
Is.60:12 Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado.
Is.60:13 La gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies.  
Is.60:14 Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel.  
Is.60:15 En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos.  
Is.60:16 Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.  
Is.60:17 En vez de bronce traeré oro, y por hierro plata, y por madera bronce, y en lugar de piedras hierro; y pondré paz por tu tributo, y justicia por tus opresores.  
Is.60:18 Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.  
Is.60:19 El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria.
Is.60:20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados.  
Is.60:21 Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme.  
Is.60:22 El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.

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