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"Acordaos de vuestros pastores,  que os hablaron la palabra de Dios;  considerad cuál haya sido el resultado de su conducta,  e imitad su fe. 8  Jesucristo es el mismo ayer,  y hoy,  y por los siglos". (Hebreos 13:7-8).-   

EL PRÍNCIPE DE LOS PASTORES
(Por el hermano Salvador Scozzari) (Toto)

 Lo único seguro en la vida bajo el sol, es el cambio, todos estamos cambiando y todos estamos envejeciendo, cambio en lo físico, en el temperamento, en la energía y cambiamos para bien y para mal. A unos les podemos decir, ¡como has cambiado!, pero a otros esto nos trae muchos problemas, porque han cambiado para mal. 
 Nuestro país ha cambiado, nuestra vida en la ciudad también ha cambiado, las cosas que hacemos ahora, antes no las podíamos hacer, han cambiado muchas costumbres y tradiciones, aun en la "iglesia". Cambia nuestro entorno y nosotros mismos cambiamos el entorno. 
 Los medios de transporte y de comunicación han cambiado y cambian. Los sistemas educativos y las amistades cambian. Cambio, cambio, cambio, todo cambia.
 Nuestras congregaciones han cambiado y mucho, porque nosotros no somos los mismos que cuando comenzó, muchos vinieron nuevos o de otras iglesias y muchos de los nuestros se han ido y hasta muchos de los siervos de Dios en nuestro medio han cambiado. Los pastores de hoy se creen más ancianos que antes. Antes los llamábamos por el nombre y se presentaban por el nombre, hoy el adjetivo va primero, anciano y anciano. Pastor, Reverendo, apóstol y otros títulos.-
 Este pasaje que hemos leído, nos recuerda una gran realidad. Los hombres van y vienen, las iglesias pueden dejar de ser. Pero Jesús es el Cristo ayer hoy y por los siglos. Es solamente aquí, donde encontramos una estabilidad en medio de tantos cambios y esa estabilidad nos la da nuestro Señor.
 Este pasaje nos habla en primer lugar de los pastores y luego del Príncipe de los pastores.
 Vs.7, Acordaos de vuestros pastores,  que os hablaron la palabra de Dios;  considerad cuál haya sido el resultado de su conducta,  e imitad su fe.
 Pastores, acordaos de vuestros pastores y maestros y lideres, o sea, a aquellos que les guían y les gobiernan y dirigen. Aquí hay una ordenanza: “acordaos, considerar, imitad”. Aquí, no se habla de los pastores que están vivos en este momento, sino de aquellos que nos han precedido.
 Sabemos por las Escrituras que, la labor del pastor, no es la enseñanza ni la proclamación de la Palabra. Pero aquí, nos hace recordar a esos que nos han enseñado toda la Palabra de Dios. Pero dentro de las labores pastorales, hay algunas que se destacan y en este versículo en particular nos recuerda a esos que nos han enseñado, en especial la predicación dentro de la iglesia.
 ¿Cuál era el propósito que ellos recordaran a sus pastores? Era con el fin de imitarles a través de la reflexión, en la forma de vida que ellos tenían en sus tiempos. Imiten su FE, su forma de vida, que esa fe produce y el impacto que esos hombres tuvieron.
 La iglesia que recuerda a sus líderes piadosos y que consideran el resultado de su estilo de vida e intenten imitar ese estilo de vida, navegará bien por su camino.
 Esta es la “teología” de la imitación. Cristo nos dice que debemos ser mansos y humildes como él. Cristo llama a que lo imiten y a su vez sus seguidores enseñen a imitarlos, como en el caso de Pablo. “sed imitadores de mi”. Imitar entonces a estos siervos de Dios que ya han pasado a la otra vida, pero cuya memoria nos hace mucho y bastante bien en lo espiritual.
 A veces suena muy bonito lo que algunos dicen que no siguen a hombres, sino a Cristo. Eso, suena muy espiritual, pero no es lo que la Escritura enseña. Si bien, lo más importante es seguir a Jesús, también debemos imitar la vida de nuestros fieles pastores. Pablo, recomendaba a Timoteo, de tal manera que fuera ejemplo a otros. 
 Cuando alguien de mi séquito, dan un mensaje o un estudio, la mayoría se da cuenta de quien aprendieron, pero la importancia no es imitando la personalidad o el sistema del mensaje, sino imitando la santidad de nuestros superiores y su forma de vida, eso es, lo que debemos imitar. “consideren el estilo de vida de ellos”. 
 Pero nosotros somos más dispuestos a imitar o a compararnos con otros para sacar ventajas de nuestras faltas y errores. Tampoco es imitar la técnica que usan esos pastores en sus ministerios  porque las épocas han cambiado y si hacemos las cosas exactamente igual, no tiene sentido alguno en estos días. Así que, eso no es tampoco lo ideal. ¿Pero entonces que es lo que se debe imitar? Se debe imitar su FE.
 Cuando uno lee, las grandes persecuciones en la iglesia primitiva, o las grandes persecuciones en los días de la Reforma, es allí, donde aumentamos en la Fe, por esos mártires cristianos dignos de imitar. Moría uno y el Señor levantaba 10 Mil, porque nosotros pasamos pero la obra del Señor continua. ¿Pero como aguantaban tanta tortura? Porque la gracia de Dios les daba todo ese dominio necesario para soportarlo.
 El verdadero siervo de Dios les deja a sus seguidores sus enseñanzas y su inspiración, el punto es, si podemos ser inspiración. Eso es, otro estimulo para leer y cumplir con este mandamiento, para imitar la fe de grandes hombre que Dios ha levantado. Han tenido errores, si y muchos, pero Dios ha usado hombres imperfectos para que ellos se perfeccionen en el evangelio de Cristo. Así que, los errores que ellos han cometidos nosotros los eliminamos y admitimos solo su FE.
 Pero nosotros en nuestros tiempos no nos ha sobrevenido tantas dificultades para seguir a Cristo, pero también en nuestros días, debemos dejar un legado de ejemplo para la generación venidera. 
 Porque nuestra lealtad a Cristo, se nos demandará como se les demandó a esos pastores en otras épocas porque también debemos saber y considerar que en otras partes del mundo hay iglesias que son perseguidas aun mas, muchos hermanos están muriendo, y hacen reuniones con espías dentro de las propias iglesia y toman nota de todo lo que se predica so pena de muerte  por la causa de Cristo y muchos de ellos están dispuestos a pagar el precio aun con sus vidas y la de sus familias.
 Esta enseñanza nos deja una cosa importante, que, la vida de piedad de los miembros de una iglesia, no tienen un estándar de piedad inferior a la vida de piedad que estos pastores han vivido. Por eso es que, le dice a los hermanos de esa iglesia, imiten su FE.
 Pero, nosotros exigimos que nuestros pastores sean confiables, consistentes, creíbles, fieles, espirituales, pero ¿y nosotros? A no, nosotros no, solamente ellos.                                    
 Que ellos estén al pie del púlpito a la hora de culto y que prediquen bien y hagan todas las cosas perfectas conforme a nuestra mentalidad. Ah, también el Escritor nos dice algo importante a todos los que exigimos lo mejor de nuestros pastores, “no dejen de congregarse, como algunos tienen por costumbre”.
 Ahora bien, ser pastor no es una tarea fácil, especialmente los nuestros que trabajan todos y tienen familias. Pero ellos deben una sumisión, “al príncipe de los pastores”. Y hemos visto todo al respecto de nuestros pastores y lideres pero veamos ahora acerca de lo que se nos dice, del “príncipe de los pastores”.
 1.Ped.5:2-4 "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella,  no por fuerza,  sino voluntariamente;  no por ganancia deshonesta,  sino con ánimo pronto; 13 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores,  vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.
 Nuestros pastores y líderes, viven y se van y algunos son asesinados, pero nuestro Príncipe vive para siempre y será para su pueblo un pastor que nunca dejara de ser. Por lo tanto esto también nos enseña que no estemos totalmente apoyados en los siervos de Dios, sino en el Dios, de los siervos. Porque Jesús es el Cristo el mismo, ayer hoy, y por los siglos.
 Por tanto, estamos viendo que, todo el libro de Hebreos, está resumido en un versículo. Porque todo el libro habla de Jesús. Digno de ser aprendida y memorizada.
 Heb.1:10 "Y:  Tú,  oh Señor,  en el principio fundaste la tierra,  Y los cielos son obra de tus manos. 11  Ellos perecerán,  mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura, 12  Y como un vestido los envolverás,  y serán mudados;  Pero tú eres el mismo,  Y tus años no acabarán".
 Esto, bajo este suelo de tierra nos parece tan sólido e increíblemente firme, pero no, todo será mudado, "...pero Tú eres el mismo". Este texto, es un cántico, que proclama la inmutabilidad y fidelidad de Cristo para con su pueblo. Y no solo eso, sino que su firmeza, confirma su mediación entre Dios y nosotros, porque él es el Puente.
 Heb.6:13-18 "Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham,  no pudiendo jurar por otro mayor,  juró por sí mismo, 14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y habiendo esperado con paciencia,  alcanzó la promesa. 16 Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. 17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros".
 Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por uno mayor, juró por sí mismo. Porque él era inmutable y sin sombra de variación. Aquí la promesa se la hace a Abraham y éste esperó y la vio, y ahora nos habla a nosotros. ¿Cambió Dios? - No por eso el escritor les escribe a los hebreos, que el cumplimiento del Antiguo Pacto, es este Nuevo Pacto, pero con Cristo nuestro Sumo Pontífice.            
 ¿Porque nosotros estamos tan seguros? Porque el que lo prometió es Fiel y es Jesucristo. Por eso, muchos se convierten y otros convertidos apostatan de la fe. Hombres fieles puede dejar de serlo, porque el hombre es vulnerable.
 Pero Jesús es el Cristo, ayer hoy por los siglos y él no cambia jamás. Es por eso que, debemos poner los ojos en Jesús el autor y consumador de la FE. ¿Hermano, donde estas poniendo tú tus ojos?

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 15

Parábola de la oveja perdida   (Mt. 18.10-14)

Luc.15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,  
Luc.15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
Luc.15:3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:  
Luc.15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?  
Luc.15:5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;  
Luc.15:6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.  
Luc.15:7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Parábola de la moneda perdida  

Luc.15:8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?  
Luc.15:9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma  que había perdido.  
Luc.15:10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.  

Parábola del hijo pródigo  

Luc.15:11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;  
Luc.15:12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.  
Luc.15:13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.  
Luc.15:14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.  
Luc.15:15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
Luc.15:16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.  
Luc.15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  
Luc.15:18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.  
Luc.15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  
Luc.15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.  
Luc.15:21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  
Luc.15:22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.  
Luc.15:23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;  
Luc.15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.  
Luc.15:25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;  
Luc.15:26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.  
Luc.15:27 El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.  
Luc.15:28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.  
Luc.15:29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
Luc.15:30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.  
Luc.15:31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.  
Luc.15:32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.


Capítulo 27

Jacob obtiene la bendición de Isaac  

Gen.27:1 Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí.  
Gen.27:2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.  
Gen.27:3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza;  
Gen.27:4 y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.  
Gen.27:5 Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.  
Gen.27:6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:  
Gen.27:7 Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera.  
Gen.27:8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.  
Gen.27:9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta;  
Gen.27:10 y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.  
Gen.27:11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño.  
Gen.27:12 Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.  
Gen.27:13 Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos.  
Gen.27:14 Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba.  
Gen.27:15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;  
Gen.27:16 y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos;  
Gen.27:17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.  
Gen.27:18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?  
Gen.27:19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.  
Gen.27:20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.  
Gen.27:21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.  
Gen.27:22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.  
Gen.27:23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo.  
Gen.27:24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy.  
Gen.27:25 Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.  
Gen.27:26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.  
Gen.27:27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo:  
Mira, el olor de mi hijo,  
Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;  
Gen.27:28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo,  
Y de las grosuras de la tierra,  
Y abundancia de trigo y de mosto.  
Gen.27:29 Sírvante pueblos,  
Y naciones se inclinen a ti;  
Sé señor de tus hermanos,  
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre.  
Malditos los que te maldijeren,  
Y benditos los que te bendijeren.  
Gen.27:30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.
Gen.27:31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.  
Gen.27:32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.  
Gen.27:33 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.  
Gen.27:34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.  
Gen.27:35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.  
Gen.27:36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura,  y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?  
Gen.27:37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?  
Gen.27:38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.  
Gen.27:39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo:  
He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra,  
Y del rocío de los cielos de arriba;  
Gen.27:40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás;  
Y sucederá cuando te fortalezcas,  
Que descargarás su yugo de tu cerviz.  

Jacob huye de Esaú  

Gen.27:41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.  
Gen.27:42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consula acerca de ti con la idea de matarte.  
Gen.27:43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán,  
Gen.27:44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;
Gen.27:45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?


Capítulo 20

Oración pidiendo la victoria
Al músico principal. Salmo de David.

Sal.20:1 Jehová te oiga en el día de conflicto;
El nombre del Dios de Jacob te defienda.
Sal.20:2 Te envíe ayuda desde el santuario,
Y desde Sion te sostenga.
Sal.20:3 Haga memoria de todas tus ofrendas,
Y acepte tu holocausto. Selah
Sal.20:4 Te dé conforme al deseo de tu corazón,
Y cumpla todo tu consejo.
Sal.20:5 Nosotros nos alegraremos en tu salvación,
Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios;
Conceda Jehová todas tus peticiones.
Sal.20:6 Ahora conozco que Jehová salva a su ungido;
Lo oirá desde sus santos cielos
Con la potencia salvadora de su diestra.
Sal.20:7 Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.
Sal.20:8 Ellos flaquean y caen,
Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie.
Sal.20:9 Salva, Jehová;
Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.



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