“La concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.- (Santiago 1:15).-
Yerros y sus consecuencias
Por un guisado de lentejas, Esaú vendió su primogenitura, menospreciando así las bendiciones que Dios unía a ese título. Más tarde, las buscó con lágrimas, pero fue desechado. Era un profano —o mundano—, nos dice el autor de la epístola a los Hebreos (12:16-17).
Para buscar a dos siervos fugitivos, Simei dejó el lugar que la gracia le había asignado y cayó bajo el justo juicio del rey (Véase 1 Reyes 2).
Por haber codiciado dos talentos de plata y dos vestidos nuevos —haciendo así pagar lo que Dios había dado— Giezi se volvió leproso. (2 Reyes 5:27).
Por treinta piezas de plata, Judas vendió a su Señor. Presa de remordimientos, se ahorcó.
Por parecer más generosos de lo que eran, Ananías y Safira mintieron a Dios y cayeron muertos a los pies del apóstol Pedro. Sería larga la lista de los que, por poca cosa, menosprecian la gracia de Dios, desobedecen a su Palabra o abandonan la senda recta. ¿Qué valor tiene la ventaja codiciada en comparación con las bendiciones perdidas? Una vez apurada, la copa del placer llena la boca de amargura y el miedo del justo juicio de Dios sobrecoge el corazón.
Lo que el mundo ofrece no se compara con lo que Dios da. Todo lo que brinda el mundo es sólo vanidad. Perseguir las cosas del mundo es perseguir el viento: una persecución sin fin, agotadora, decepcionante, sin resultado, salvo, por desdicha, el último eslabón de la cadena: la concupiscencia da a luz el pecado, y el pecado, la muerte. “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Hermanos y amigos, dice la palabra del Señor: en Sant.1:12 "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman". Resistamos hermanos y hermanas, resistamos para estar firmes, pues el tentador esta vencido, ya ha sido juzgado y condenado a un lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles, el enemigo sabe que le queda poco tiempo y nosotros tenemos muchísimo que ganar y muchísimo para perder. Que no se diga que vendimos nuestra salvación por un plato de lentejas, por bienes o placeres temporales y pasajeros, demos valor a las cosas eternas dando testimonio de firmeza y fidelidad... Señor ayúdanos a serte fieles hasta el fin, para que los padecimientos de Jesucristo no hayan sido en vano en nosotros... Amen.-
Yerros y sus consecuencias
Por un guisado de lentejas, Esaú vendió su primogenitura, menospreciando así las bendiciones que Dios unía a ese título. Más tarde, las buscó con lágrimas, pero fue desechado. Era un profano —o mundano—, nos dice el autor de la epístola a los Hebreos (12:16-17).
Para buscar a dos siervos fugitivos, Simei dejó el lugar que la gracia le había asignado y cayó bajo el justo juicio del rey (Véase 1 Reyes 2).
Por haber codiciado dos talentos de plata y dos vestidos nuevos —haciendo así pagar lo que Dios había dado— Giezi se volvió leproso. (2 Reyes 5:27).
Por treinta piezas de plata, Judas vendió a su Señor. Presa de remordimientos, se ahorcó.
Por parecer más generosos de lo que eran, Ananías y Safira mintieron a Dios y cayeron muertos a los pies del apóstol Pedro. Sería larga la lista de los que, por poca cosa, menosprecian la gracia de Dios, desobedecen a su Palabra o abandonan la senda recta. ¿Qué valor tiene la ventaja codiciada en comparación con las bendiciones perdidas? Una vez apurada, la copa del placer llena la boca de amargura y el miedo del justo juicio de Dios sobrecoge el corazón.
Lo que el mundo ofrece no se compara con lo que Dios da. Todo lo que brinda el mundo es sólo vanidad. Perseguir las cosas del mundo es perseguir el viento: una persecución sin fin, agotadora, decepcionante, sin resultado, salvo, por desdicha, el último eslabón de la cadena: la concupiscencia da a luz el pecado, y el pecado, la muerte. “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Hermanos y amigos, dice la palabra del Señor: en Sant.1:12 "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman". Resistamos hermanos y hermanas, resistamos para estar firmes, pues el tentador esta vencido, ya ha sido juzgado y condenado a un lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles, el enemigo sabe que le queda poco tiempo y nosotros tenemos muchísimo que ganar y muchísimo para perder. Que no se diga que vendimos nuestra salvación por un plato de lentejas, por bienes o placeres temporales y pasajeros, demos valor a las cosas eternas dando testimonio de firmeza y fidelidad... Señor ayúdanos a serte fieles hasta el fin, para que los padecimientos de Jesucristo no hayan sido en vano en nosotros... Amen.-
LECTURA BÍBLICA PARA HOY.-
La Biblia en un Año.-
Capítulo 20
Los obreros de la viña
Mat.20:1 Porque el reino de los
cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a
contratar obreros para su viña.
Mat.20:2 Y habiendo convenido
con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
Mat.20:3 Saliendo cerca de la
hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;
Mat.20:4 y les dijo: Id también
vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.
Mat.20:5 Salió otra vez cerca
de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.
Mat.20:6 Y saliendo cerca de la
hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué
estáis aquí todo el día desocupados?
Mat.20:7 Le dijeron: Porque
nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y
recibiréis lo que sea justo.
Mat.20:8 Cuando llegó la noche,
el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el
jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
Mat.20:9 Y al venir los que
habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
Mat.20:10 Al venir también los
primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron
cada uno un denario.
Mat.20:11 Y al recibirlo,
murmuraban contra el padre de familia,
Mat.20:12 diciendo: Estos
postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que
hemos soportado la carga y el calor del día.
Mat.20:13 El, respondiendo,
dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?
Mat.20:14 Toma lo que es tuyo,
y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
Mat.20:15 ¿No me es lícito
hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?
Mat.20:16 Así, los primeros
serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas
pocos escogidos.
Capítulo 13
Misión de los doce espías (Dt. 1.19-33)
Num.13:1 Y Jehová habló a
Moisés, diciendo:
Num.13:2 Envía tú hombres que
reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada
tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.
Num.13:3 Y Moisés los envió
desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos aquellos
varones eran príncipes de los hijos de Israel.
Num.13:4 Estos son sus nombres:
De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur.
Num.13:5 De la tribu de Simeón,
Safat hijo de Horí.
Num.13:6 De la tribu de Judá,
Caleb hijo de Jefone.
Num.13:7 De la tribu de Isacar,
Igal hijo de José.
Num.13:8 De la tribu de Efraín,
Oseas hijo de Nun.
Num.13:9 De la tribu de
Benjamín, Palti hijo de Rafú.
Num.13:10 De la tribu de
Zabulón, Gadiel hijo de Sodi.
Num.13:11 De la tribu de José:
de la tribu de Manasés, Gadi hijo de Susi.
Num.13:12 De la tribu de Dan,
Amiel hijo de Gemali.
Num.13:13 De la tribu de Aser,
Setur hijo de Micael.
Num.13:14 De la tribu de
Neftalí, Nahbi hijo de Vapsi.
Num.13:15 De la tribu de Gad,
Geuel hijo de Maqui.
Num.13:16 Estos son los nombres
de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le
puso Moisés el nombre de Josué.
Num.13:17 Los envió, pues,
Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y
subid al monte,
Num.13:18 y observad la tierra
cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o
numeroso;
Num.13:19 cómo es la tierra
habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son
campamentos o plazas fortificadas;
Num.13:20 y cómo es el terreno,
si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del
fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas.
Num.13:21 Y ellos subieron, y
reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en
Hamat.
Num.13:22 Y subieron al Neguev
y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac.
Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto.
Num.13:23 Y llegaron hasta el
arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual
trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos.
Num.13:24 Y se llamó aquel
lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de
Israel.
Num.13:25 Y volvieron de
reconocer la tierra al fin de cuarenta días.
Num.13:26 Y anduvieron y
vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel,
en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la
congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.
Num.13:27 Y les contaron,
diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que
ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.
Num.13:28 Mas el pueblo que
habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y
también vimos allí a los hijos de Anac.
Num.13:29 Amalec habita el
Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo
habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
Num.13:30 Entonces Caleb hizo
callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de
ella; porque más podremos nosotros que ellos.
Num.13:31 Mas los varones que
subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más
fuerte que nosotros.
Num.13:32 Y hablaron mal entre
los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra
por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo
el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.
Num.13:33 También vimos allí
gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro
parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.
Capítulo 14
Los israelitas se rebelan
contra Jehová
Num.14:1 Entonces toda la
congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.
Num.14:2 Y se quejaron contra
Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud:
¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá
muriéramos!
Num.14:3 ¿Y por qué nos trae
Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros
niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?
Num.14:4 Y decían el uno al
otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.
Num.14:5 Entonces Moisés y
Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la
congregación de los hijos de Israel.
Num.14:6 Y Josué hijo de Nun y
Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra,
rompieron sus vestidos,
Num.14:7 y hablaron a toda la
congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para
reconocerla, es tierra en gran manera buena.
Num.14:8 Si Jehová se agradare
de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye
leche y miel.
Num.14:9 Por tanto, no seáis
rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los
comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está
Jehová; no los temáis.
Num.14:10 Entonces toda la
multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el
tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel,
Num.14:11 y Jehová dijo a
Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me
creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?
Num.14:12 Yo los heriré de
mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte
que ellos.
Num.14:13 Pero Moisés respondió
a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a
este pueblo con tu poder;
Num.14:14 y lo dirán a los
habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en
medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube
estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de
noche en columna de fuego;
Num.14:15 y que has hecho morir
a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama
hablarán, diciendo:
Num.14:16 Por cuanto no pudo
Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en
el desierto.
Num.14:17 Ahora, pues, yo te
ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo:
Num.14:18 Jehová, tardo para la
ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de
ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres
sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.
Num.14:19 Perdona ahora la
iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has
perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
Jehová castiga a Israel (Dt. 1.34-40)
Num.14:20 Entonces Jehová dijo:
Yo lo he perdonado conforme a tu dicho.
Num.14:21 Mas tan ciertamente
como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra,
Num.14:22 todos los que vieron
mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han
tentado ya diez veces, y no han oído mi voz,
Num.14:23 no verán la tierra de
la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.
Num.14:24 Pero a mi siervo
Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le
meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.
Num.14:25 Ahora bien, el
amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto,
camino del Mar Rojo.
Num.14:26 Y Jehová habló a
Moisés y a Aarón, diciendo:
Num.14:27 ¿Hasta cuándo oiré
esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de
Israel, que de mí se quejan?
Num.14:28 Diles: Vivo yo, dice
Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros.
Num.14:29 En este desierto
caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre
vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí.
Num.14:30 Vosotros a la verdad
no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar
en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.
Num.14:31 Pero a vuestros
niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y
ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.
Num.14:32 En cuanto a vosotros,
vuestros cuerpos caerán en este desierto.
Num.14:33 Y vuestros hijos
andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras
rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.
Num.14:34 Conforme al número de
los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis
vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi
castigo.
Num.14:35 Yo Jehová he hablado;
así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este
desierto serán consumidos, y ahí morirán.
Muerte de los diez espías
malvados
Num.14:36 Y los varones que
Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra
él a toda la congregación, desacreditando aquel país,
Num.14:37 aquellos varones que
habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová.
Num.14:38 Pero Josué hijo de
Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que
habían ido a reconocer la tierra.
La derrota en Horma (Dt. 1.41-46)
Num.14:39 Y Moisés dijo estas
cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho.
Num.14:40 Y se levantaron por
la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al
lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado.
Num.14:41 Y dijo Moisés: ¿Por
qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien.
Num.14:42 No subáis, porque
Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros
enemigos.
Num.14:43 Porque el amalecita y
el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto
os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros.
Num.14:44 Sin embargo, se
obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y
Moisés, no se apartaron de en medio del campamento.
Num.14:45 Y descendieron el
amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los
derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma.
Capítulo 9
Ecl.9:1 Ciertamente he dado mi
corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los
sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; que sea amor o que sea odio, no
lo saben los hombres; todo está delante de ellos.
Ecl.9:2 Todo acontece de la
misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al
limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno,
así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento.
Ecl.9:3 Este mal hay entre todo
lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también
que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en
su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.
Ecl.9:4 Aún hay esperanza para
todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león
muerto.
Ecl.9:5 Porque los que viven
saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque
su memoria es puesta en olvido.
Ecl.9:6 También su amor y su
odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se
hace debajo del sol.
Ecl.9:7 Anda, y come tu pan con
gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a
Dios.
Ecl.9:8 En todo tiempo sean
blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
Ecl.9:9 Goza de la vida con la
mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo
del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en
tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
Ecl.9:10 Todo lo que te viniere
a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas,
no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.
Ecl.9:11 Me volví y vi debajo
del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni
aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los
elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.
Ecl.9:12 Porque el hombre tampoco conoce su
tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se
enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo,
cuando cae de repente sobre ellos.

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