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Jn.16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

OS CONVIENE QUE YO ME VAYA...


 Jesús esta junto con sus discípulos antes de ser entregado y crucificado, les daba esperanzas a ellos, pero no había ninguna esperanza para El sino en la obediencia hasta la muerte y el poder de Dios. Desde el capitulo 13 de San Juan, hasta el capitulo 18, todas son recomendaciones, oraciones y especificaciones, además también, respecto a la Obra del Espíritu Santo, era por ellos, pero a causa de la tristeza que reinaba en el ambiente, hasta hacerlos dormir, El les estaba hablando de alguien que vendría en su lugar, como diciendo, no todo es tristeza, porque va a venir sobre vosotros oleo de alegría...
 Mientras Jesús estaba con los doce y los otros que le seguían, El estaba para ellos de forma especial, como en forma general para todo el pueblo, pues su fama había llegado hasta toda Siria Mat.4:24.-
 El sanaba, multiplicaba los panes, calmaba las tempestades, bastaba un ¡Señor, Señor...!!!, Pero ahora El debía entregar Su Vida... aproximadamente 33 años, la flor de la vida, lo dejaba todo de si, dispuesto a darse todo, pero también a pesar de esa tristeza que expresó cuando dijo, "mi alma está muy triste, hasta la muerte...", el consoló a los suyos. Puede ser que nosotros podamos estar tristes, muy tristes, pero nosotros exageraríamos si usáramos esas palabras, su tristeza era inigualable en ese momento, da para hacer un comentario bastante extenso sobre las tristezas del Salvador, la tristeza de El que es la alegría del cielo...
 Pero ahora les aseguraba, que era conveniente que El se vaya, puesto que les había dicho, que el que cree en El, las obras que El hacía también las harían los creyentes cuando estuviesen llenos del Espíritu Santo, Os conviene que yo muera, para la Obra de la Redención y Salvación de los creyentes... Os conviene que yo me vaya, para que la Obra de Salvación no se detenga... Puesto que estando en cuerpo de carne y sangre estaba limitado en tiempo y espacio, pero ahora les decía, "Yo voy al Padre...", para hacer otra obra, la obra del Sumo Sacerdote y Rey en la presencia del Padre...
 Pero aquí ahora el Espíritu Santo en la Iglesia, El es la Vida de la Iglesia, hace que tengamos comunión los unos con los otros, hace que nuestras peticiones sean oídas, Intercede por los santos, Revela a Cristo, sana los enfermos, Guía a los siervos, Trabaja desde dentro de los corazones consolando a los que aman a Dios y no esta limitado en tiempo y espacio, sino que usa a quien quiere y como quiere, haciendo que su obra santa sea reconocida por su prolijidad... Jesús tenía muchos que le seguían, y muchos que creían, pero la otra obra de la fidelidad en los corazones para mantener una muchedumbre como iglesia, era necesariamente indispensable la obra del Espíritu Santo... 
 Os conviene que yo me vaya, para que sea bendecido, no solo el pueblo de Israel, sino hasta lo último de la tierra... Esa persona santísima, trabaja en el corazón, Jesús lo llama el Consolador, el Espíritu de Verdad... Cuantas veces estamos tristes, cuantas veces hemos manifestado esa tristeza a otros que no nos han podido consolar, mas bien fueron consoladores molestos, cuantas veces nos acostamos con tantas tristezas, hemos orado al Señor, pero nuestras lágrimas siguen cayendo sobre nuestras almohadas, pero quizá un breve sueño, un descanso, quizá no muy reparador ha hecho que cuando nos levantamos tenemos otra manera de pensar, otro horizonte ha vislumbrado, han venido los consuelos, de donde??, de la fuente de todo consuelo, El es el que tiene ese ministerio, cuando el Espíritu Santo llega al corazón, el alma lo primero que experimenta es una paz inexplicable... Puede haber un duelo muy profundo con una aflicción tan grande que nadie puede calmar... Quizá alguno piense, si estuviese Jesús ahora aquí, le diría "No llores..." y sería suficiente, pero ahora El no esta, pero esta el Espíritu Santo con los que son llamados, con los que creen y esta dentro de ellos, y una palabra quizá dicha por alguien que nosotros menos pensamos, ministra un consuelo sobre el ardor del alma, como un bálsamo de aceite fresco sobre la quemadura...
 Gracias Señor, por todo tu amor, porque tu te has ido, pero tus salidas son desde la eternidad, muchas veces viniste para hacer una obra necesaria, como la de salir al Encuentro de Saulo de Tarso, como la de presentarte a Ananías, como la venir ayudar a tantos creyentes que te han visto, pero para esos casos especiales, no sabemos cuales fueron las intercesiones de tu Santo Espíritu... Hoy disfrutamos de esta conveniencia, que no tenemos que ir a un lugar en el planeta, ni siquiera a Jerusalén para tener una audiencia contigo, sino que todos los días, donde hay dos o tres reunidos en tu Nombre, Tu Señor estás en la persona del Espíritu Santo en medio nuestro... Gracias Señor por el Don del Espíritu Santo que sigue obrando con tus perfecciones en tu atribulada iglesia aquí en la tierra.- Amén.-





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 31

Venganza de Israel contra Madián

Num.31:1 Jehová habló a Moisés, diciendo:
Num.31:2 Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; después serás recogido a tu pueblo.
Num.31:3 Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián.
Num.31:4 Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis a la guerra.
Num.31:5 Así fueron dados de los millares de Israel, mil por cada tribu, doce mil en pie de guerra.
Num.31:6 Y Moisés los envió a la guerra; mil de cada tribu envió; y Finees hijo del sacerdote Eleazar fue a la guerra con los vasos del santuario, y con las trompetas en su mano para tocar.
Num.31:7 Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón.
Num.31:8 Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a espada.
Num.31:9 Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes,
Num.31:10 e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones.
Num.31:11 Y tomaron todo el despojo, y todo el botín, así de hombres como de bestias.
Num.31:12 Y trajeron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a la congregación de los hijos de Israel, los cautivos y el botín y los despojos al campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán frente a Jericó.
Num.31:13 Y salieron Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos los príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campamento.
Num.31:14 Y se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra,
Num.31:15 y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres?
Num.31:16 He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.
Num.31:17 Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente.
Num.31:18 Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida.
Num.31:19 Y vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos.
Num.31:20 Asimismo purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de cabra, y todo utensilio de madera.

Repartición del botín

Num.31:21 Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado a Moisés:
Num.31:22 Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo,
Num.31:23 todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por agua todo lo que no resiste el fuego.
Num.31:24 Además lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento.
Num.31:25 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:
Num.31:26 Toma la cuenta del botín que se ha hecho, así de las personas como de las bestias, tú y el sacerdote Eleazar, y los jefes de los padres de la congregación;
Num.31:27 y partirás por mitades el botín entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación.
Num.31:28 Y apartarás para Jehová el tributo de los hombres de guerra que salieron a la guerra; de quinientos, uno, así de las personas como de los bueyes, de los asnos y de las ovejas.
Num.31:29 De la mitad de ellos lo tomarás; y darás al sacerdote Eleazar la ofrenda de Jehová.
Num.31:30 Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel tomarás uno de cada cincuenta de las personas, de los bueyes, de los asnos, de las ovejas y de todo animal, y los darás a los levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Jehová.
Num.31:31 E hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar como Jehová mandó a Moisés.
Num.31:32 Y fue el botín, el resto del botín que tomaron los hombres de guerra, seiscientas setenta y cinco mil ovejas,
Num.31:33 setenta y dos mil bueyes,
Num.31:34 y sesenta y un mil asnos.
Num.31:35 En cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil.
Num.31:36 Y la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, fue el número de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas;
Num.31:37 y el tributo de las ovejas para Jehová fue seiscientas setenta y cinco.
Num.31:38 De los bueyes, treinta y seis mil; y de ellos el tributo para Jehová, setenta y dos.
Num.31:39 De los asnos, treinta mil quinientos; y de ellos el tributo para Jehová, sesenta y uno.
Num.31:40 Y de las personas, dieciséis mil; y de ellas el tributo para Jehová, treinta y dos personas.
Num.31:41 Y dio Moisés el tributo, para ofrenda elevada a Jehová, al sacerdote Eleazar, como Jehová lo mandó a Moisés.
Num.31:42 Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido a la guerra
Num.31:43 (la mitad para la congregación fue: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas;
Num.31:44 de los bueyes, treinta y seis mil;
Num.31:45 de los asnos, treinta mil quinientos;
Num.31:46 y de las personas, dieciséis mil);
Num.31:47 de la mitad, pues, para los hijos de Israel, tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los animales, y los dio a los levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.
Num.31:48 Vinieron a Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los jefes de millares y de centenas,
Num.31:49 y dijeron a Moisés: Tus siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros.
Num.31:50 Por lo cual hemos ofrecido a Jehová ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, alhajas de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante de Jehová.
Num.31:51 Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas.
Num.31:52 Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a Jehová los jefes de millares y de centenas fue dieciséis mil setecientos cincuenta siclos.
Num.31:53 Los hombres del ejército habían tomado botín cada uno para sí.
Num.31:54 Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar el oro de los jefes de millares y de centenas, y lo trajeron al tabernáculo de reunión, por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová.

Capítulo 32

Rubén y Gad se establecen al oriente del Jordán    (Dt. 3.12-22)

Num.32:1 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy inmensa muchedumbre de ganado; y vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les pareció el país lugar de ganado.
Num.32:2 Vinieron, pues, los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a los príncipes de la congregación, diciendo:
Num.32:3 Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón,
Num.32:4 la tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado.
Num.32:5 Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.
Num.32:6 Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?
Num.32:7 ¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehová?
Num.32:8 Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde Cades- barnea para que viesen la tierra.
Num.32:9 Subieron hasta el torrente de Escol, y después que vieron la tierra, desalentaron a los hijos de Israel para que no viniesen a la tierra que Jehová les había dado.
Num.32:10 Y la ira de Jehová se encendió entonces, y juró diciendo:
Num.32:11 No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí;
Num.32:12 excepto Caleb hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová.
Num.32:13 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová.
Num.32:14 Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Jehová contra Israel.
Num.32:15 Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
Num.32:16 Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños;
Num.32:17 y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país.
Num.32:18 No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad.
Num.32:19 Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente.
Num.32:20 Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Jehová a la guerra,
Num.32:21 y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí,
Num.32:22 y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová.
Num.32:23 Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.
Num.32:24 Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha declarado vuestra boca.
Num.32:25 Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado.
Num.32:26 Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros ganados y todas nuestras bestias, estarán ahí en las ciudades de Galaad;
Num.32:27 y tus siervos, armados todos para la guerra, pasarán delante de Jehová a la guerra, de la manera que mi señor dice.
Num.32:28 Entonces les encomendó Moisés al sacerdote Eleazar, y a Josué hijo de Nun, y a los príncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
Num.32:29 Y les dijo Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén pasan con vosotros el Jordán, armados todos para la guerra delante de Jehová, luego que el país sea sojuzgado delante de vosotros, les daréis la tierra de Galaad en posesión;
Num.32:30 mas si no pasan armados con vosotros, entonces tendrán posesión entre vosotros, en la tierra de Canaán.
Num.32:31 Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: Haremos lo que Jehová ha dicho a tus siervos.
Num.32:32 Nosotros pasaremos armados delante de Jehová a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será a este lado del Jordán.
Num.32:33 Así Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey amorreo y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y sus territorios, las ciudades del país alrededor.
Num.32:34 Y los hijos de Gad edificaron Dibón, Atarot, Aroer,
Num.32:35 Atarot-sofán, Jazer, Jogbeha,
Num.32:36 Bet-nimra y Bet-arán, ciudades fortificadas; hicieron también majadas para ovejas.
Num.32:37 Y los hijos de Rubén edificaron Hesbón, Eleale, Quiriataim,
Num.32:38 Nebo, Baal-meón (mudados los nombres) y Sibma; y pusieron nombres a las ciudades que edificaron.
Num.32:39 Y los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad, y la tomaron, y echaron al amorreo que estaba en ella.
Num.32:40 Y Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella.
Num.32:41 También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y les puso por nombre Havot-jair.
Num.32:42 Asimismo Noba fue y tomó Kenat y sus aldeas, y lo llamó Noba, conforme a su nombre.

Capítulo 33

Jornadas de Israel desde Egipto hasta el Jordán

Num.33:1 Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón.
Num.33:2 Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Jehová. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas.
Num.33:3 De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios,
Num.33:4 mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová juicios contra sus dioses.
Num.33:5 Salieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés, y acamparon en Sucot.
Num.33:6 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al confín del desierto.
Num.33:7 Salieron de Etam y volvieron sobre Pi-hahirot, que está delante de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol.
Num.33:8 Salieron de Pi-hahirot y pasaron por en medio del mar al desierto, y anduvieron tres días de camino por el desierto de Etam, y acamparon en Mara.
Num.33:9 Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí.
Num.33:10 Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.
Num.33:11 Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.
Num.33:12 Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca.
Num.33:13 Salieron de Dofca y acamparon en Alús.
Num.33:14 Salieron de Alús y acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber.
Num.33:15 Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí.
Num.33:16 Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot- hataava.
Num.33:17 Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en Hazerot.
Num.33:18 Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma.
Num.33:19 Salieron de Ritma y acamparon en Rimón-peres.
Num.33:20 Salieron de Rimón-peres y acamparon en Libna.
Num.33:21 Salieron de Libna y acamparon en Rissa.
Num.33:22 Salieron de Rissa y acamparon en Ceelata.
Num.33:23 Salieron de Ceelata y acamparon en el monte de Sefer.
Num.33:24 Salieron del monte de Sefer y acamparon en Harada.
Num.33:25 Salieron de Harada y acamparon en Macelot.
Num.33:26 Salieron de Macelot y acamparon en Tahat.
Num.33:27 Salieron de Tahat y acamparon en Tara.
Num.33:28 Salieron de Tara y acamparon en Mitca.
Num.33:29 Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona.
Num.33:30 Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot.
Num.33:31 Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacán.
Num.33:32 Salieron de Bene-jaacán y acamparon en el monte de Gidgad.
Num.33:33 Salieron del monte de Gidgad y acamparon en Jotbata.
Num.33:34 Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona.
Num.33:35 Salieron de Abrona y acamparon en Ezión-geber.
Num.33:36 Salieron de Ezión-geber y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades.
Num.33:37 Y salieron de Cades y acamparon en el monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.
Num.33:38 Y subió el sacerdote Aarón al monte de Hor, conforme al dicho de Jehová, y allí murió  a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes.
Num.33:39 Era Aarón de edad de ciento veintitrés años, cuando murió en el monte de Hor.
Num.33:40 Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev en la tierra de Canaán, oyó que habían venido los hijos de Israel.
Num.33:41 Y salieron del monte de Hor y acamparon en Zalmona.
Num.33:42 Salieron de Zalmona y acamparon en Punón.
Num.33:43 Salieron de Punón y acamparon en Obot.
Num.33:44 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab.
Num.33:45 Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad.
Num.33:46 Salieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim.
Num.33:47 Salieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, delante de Nebo.
Num.33:48 Salieron de los montes de Abarim y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
Num.33:49 Finalmente acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.


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Capítulo 9

Mar.9:1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.

La transfiguración  - (Mt. 17. 1-13; Lc. 9. 28-36)

Mar.9:2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.
Mar.9:3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
Mar.9:4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
Mar.9:5 Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
Mar.9:6 Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.
Mar.9:7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
Mar.9:8 Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
Mar.9:9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos.
Mar.9:10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.
Mar.9:11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
Mar.9:12 Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?
Mar.9:13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

Jesús sana a un muchacho endemoniado  (Mt. 17. 14-21; Lc. 9. 37-43)

Mar.9:14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
Mar.9:15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.
Mar.9:16 El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?
Mar.9:17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
Mar.9:18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.
Mar.9:19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
Mar.9:20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
Mar.9:21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
Mar.9:22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
Mar.9:23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Mar.9:24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
Mar.9:25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
Mar.9:26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
Mar.9:27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
Mar.9:28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
Mar.9:29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.



Lecturas Matutinas de Spurgeon

MARZO 4.-

Su gracia en todas nuestras pruebas.-

“Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9).-

Si ninguno de los cristianos fuera pobre o atribulado, no conoceríamos ni la mitad de los consuelos de la divina gracia. Cuando hallamos al errante que no tiene donde reclinar su cabeza, pero aún puede decir: «Seguiré confiando en el Señor»; cuando vemos al pobre que muere de hambre y de sed, pero que sin embargo se gloría en Jesús; cuando vemos a la desolada viuda sumida en la aflicción, pero que a pesar de eso conserva su fe en Cristo, ¡oh qué honor esa actitud significa para el Evangelio!.- La gracia de Dios queda demostrada y engrandecida en la pobreza y en las pruebas del creyente. Los santos cobran ánimo bajo cualquier descorazonamiento, porque creen que todas las cosas obran para su bien, y que, de los males aparentes, una bendición real vendrá al fin; que su Dios los librará de las pruebas en seguida, o, con toda seguridad, los sostendrá mientras estén pasando por ellas. Esta paciencia de los santos demuestra el poder de la gracia divina. Hay un faro en la mar; la noche es tranquila; yo no puedo, pues, decir si su construcción es sólida. La tempestad debe bramar en torno de él, y entonces sobré si permanecerá. Así es con la obra del Espíritu. Si no fuera muchas veces circundada con aguas tempestuosas, no sabríamos si es real y fuerte; si los vientos no soplaran sobre ella, no sabríamos cuán firme y segura es. Las obras maestras de Dios son esos hombres que permanecen firmes e inconmovibles. El que quiere glorificar a su Dios debe tener presente que ha de encontrarse con muchas pruebas. Ningún hombre puede ser ilustre delante de Dios, a no ser que sus conflictos sean muchos. Por tanto, si fueres muy probado, regocíjate en ello, porque mostrarás mejor la todopoderosa Gracia de Dios. No pienses ni un momento que El te pueda faltar; desecha tal pensamiento. El Dios que ha sida suficiente hasta ahora, lo será hasta el fin.

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo

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