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Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín. Jeremías 1:1.-

LAS MALDICIONES DE LOS PADRES.-

  El sacerdote Eli que ministraba ante el Arca de la Alianza, dejó caer sus brazos dejando de velar por la Ley de Dios, permitiendo que sus hijos impíos y "sin conocimiento" hicieran que se menospreciaran los sacrificios, Elí les habló a sus hijos en 1°Sam.2:25 "Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir". Pero Elí no los estorbo con castigos creyendo que así salvaría a sus hijos de la muerte o la vergüenza, pero igual perecieron y Dios determinó que no quería a ninguno de esa familia ministrando delante del Arca de la Alianza 1ºSam.3:14.- Ahora cuando el Arca del Pacto es tomada por los filisteos, murieron los sacerdotes impíos Ofni y Finees y también el sacerdote Eli, pero su nuera dio a luz un varón, permitiendo que continuase la estirpe de sacerdotes. Así fue que en tiempos de David, cuando este huía de Saul, fue a la ciudad de Nob donde estaba el Tabernaculo de Reunión y allí había un Sacerdote descendiente de Eli de nombre Ahimelec hijo de Ahitob, este le dio la espada de Goliat a David, y esto le costó la vida al Sacerdote y a toda su casa, ochenta y cinco varones que llevaban efod de lino fino además de mujeres y niños, 1ºSam.22:18, pero de esa matanza escapó uno que fue Abiatar que anduvo con David hasta su reinado, este tenía elementos del santuario para consultar a Dios... Pasando los días en el reinado de David, Abiatar da la espalda al Rey cuando fue el levantamiento de Absalón y también cuando Adonías quiso usurpar el trono, pero para ese entonces ya se habían establecido las ordenes de los clanes sacerdotales por medio del sacerdote Sadoc 1ºCron.24.- Es entonces cuando Salomón afirma su reino que manda a llamar a Abiatar para decirle lo que se expresa en 1°Rey.2:26 y 27 "Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre. Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.-
  Pero Oh!! gloria indescriptible, de entre esos sacerdotes que estaban en Anatot, de los despreciados para ministrar ante el Arca de Dios, de allí el Señor se sirve de un Jeremías quien fue el que hizo grandes cosas reuniendo los escritos de los profetas, puesto que dice en Mat.27:9 "Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;" y la referencia no es del libro de Jeremías sino de Zacarías11:12... Jeremías fue el profeta del llanto, que por la manera que tenía Jesús para llorar, creían que era el profeta Jeremías, este profeta fue quien vio grandes tribulaciones, vio como destruían el templo, como se llevaron a los jóvenes y abusaron de las doncellas de Jerusalém En el libro de las Lamentaciones de Jeremías que hoy nos toca leer dos de los cinco capítulos, quedaron plasmadas las angustias de este profeta, que ya no quería servir mas, no quería hablar mas la Palabra de Dios, porque el hablar la Palabra de Dios le causaba un terrible perjuicio en todas las áreas de su vida, pero El Señor le dice: Jer.15:19 y 20 "Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos". "Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová".- 
  Así, hermano, amigo Dios busca tu vida, no importa el estigma que lleves por causa de tus padres o de tu familia, quizá haya quienes te quieran hacerte a menos porque tu padre era un borracho o ladrón o tu madre de mala reputación, quizá tus padres fallaron en el ministerio de tu Iglesia, quizá, tu  estas marcado por la pobreza o la indigencia, te sientes de los despreciados por pertenecer a una etnia diferente. Cristo venció en la cruz del calvario para que tu te levantes de entre las cenizas, de mas allá de las maldiciones de los ancestros, mira lo que dice este mismo profeta: Jer.31:29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, Jer.31:34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. OH!!! Tu eres valioso, tu eres valiosa, muy valiosos para el Señor, recibe esta palabra, JESÚS TE AMA, y yo creo que si Él me ama, no importa que todo el mundo me odie, acércate al Señor Jesucristo, porque el corta toda maldición, aun las de los lazos de sangre... ALELUYA!!!

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Alegoría de Sara y Agar  


Gal.4:21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley?  
Gal.4:22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre.
Gal.4:23 Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.  
Gal.4:24 Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar.  
Gal.4:25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.  
Gal.4:26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.
Gal.4:27 Porque está escrito:  
Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;  
Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto;  
Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido.
Gal.4:28 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.  
Gal.4:29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.  
Gal.4:30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.
Gal.4:31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.  

Capítulo 3


Esperanza de liberación por la misericordia de Dios


Lam.3:1 Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo.  
Lam.3:2 Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz;  
Lam.3:3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.  
Lam.3:4 Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos;  
Lam.3:5 Edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y de trabajo.  
Lam.3:6 Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo.  
Lam.3:7 Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas;  
Lam.3:8 Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración;  
Lam.3:9 Cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos.  
Lam.3:10 Fue para mí como oso que acecha, como león en escondrijos;  
Lam.3:11 Torció mis caminos, y me despedazó; me dejó desolado.  
Lam.3:12 Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta.  
Lam.3:13 Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba.  
Lam.3:14 Fui escarnio a todo mi pueblo, burla de ellos todos los días;  
Lam.3:15 Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos.  
Lam.3:16 Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza;  
Lam.3:17 Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien,  
Lam.3:18 Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová.  
Lam.3:19 Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel;  
Lam.3:20 Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí;  
Lam.3:21 Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré.  
Lam.3:22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
Lam.3:23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.  
Lam.3:24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.  
Lam.3:25 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.  
Lam.3:26 Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.  
Lam.3:27 Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.  
Lam.3:28 Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso;  
Lam.3:29 Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza;  
Lam.3:30 Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas.  
Lam.3:31 Porque el Señor no desecha para siempre;  
Lam.3:32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias;  
Lam.3:33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.  
Lam.3:34 Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra,  
Lam.3:35 Torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo,  
Lam.3:36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba.  
Lam.3:37 ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?  
Lam.3:38 ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?  
Lam.3:39 ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.  
Lam.3:40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová;  
Lam.3:41 Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos;  
Lam.3:42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste.  
Lam.3:43 Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste;  
Lam.3:44 Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra;  
Lam.3:45 Nos volviste en oprobio y abominación en medio de los pueblos.  
Lam.3:46 Todos nuestros enemigos abrieron contra nosotros su boca;  
Lam.3:47 Temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y quebranto;  
Lam.3:48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.  
Lam.3:49 Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio  
Lam.3:50 Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos;  
Lam.3:51 Mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de mi ciudad.  
Lam.3:52 Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por qué;  
Lam.3:53 Ataron mi vida en cisterna, pusieron piedra sobre mí;  
Lam.3:54 Aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy.  
Lam.3:55 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda;  
Lam.3:56 Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros.  
Lam.3:57 Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.  
Lam.3:58 Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.  
Lam.3:59 Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa.  
Lam.3:60 Has visto toda su venganza, todos sus pensamientos contra mí.  
Lam.3:61 Has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí;  
Lam.3:62 Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día.  
Lam.3:63 Su sentarse y su levantarse mira; yo soy su canción.  
Lam.3:64 Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos.  
Lam.3:65 Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos.  
Lam.3:66 Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.


Capítulo 4


El castigo de Sion consumado  


Lam.4:1 ¡Cómo se ha ennegrecido el oro!  
¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo!  
Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.  
Lam.4:2 Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro,  
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!  
Lam.4:3 Aun los chacales dan la teta, y amamantan a sus cachorros;  
La hija de mi pueblo es cruel como los avestruces en el desierto.  
Lam.4:4 La lengua del niño de pecho se pegó a su paladar por la sed;  
Los pequeñuelos pidieron pan, y no hubo quien se lo repartiese.  
Lam.4:5 Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles;  
Los que se criaron entre púrpura se abrazaron a los estercoleros.  
Lam.4:6 Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma,
Que fue destruida en un momento, sin que acamparan contra ella compañías.  
Lam.4:7 Sus nobles fueron más puros que la nieve, más blancos que la leche;  
Más rubios eran sus cuerpos que el coral, su talle más hermoso que el zafiro.  
Lam.4:8 Oscuro más que la negrura es su aspecto; no los conocen por las calles;  
Su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo.  
Lam.4:9 Más dichosos fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre;  
Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra.  
Lam.4:10 Las manos de mujeres piadosas cocieron a sus hijos;
Sus propios hijos les sirvieron de comida en el día del quebrantamiento de la hija de mi pueblo.  
Lam.4:11 Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira;  
Y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos.  
Lam.4:12 Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo,  
Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén.  
Lam.4:13 Es por causa de los pecados de sus profetas, y las maldades de sus sacerdotes,  
Quienes derramaron en medio de ella la sangre de los justos.  
Lam.4:14 Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados con sangre,  
De modo que no pudiesen tocarse sus vestiduras.  
Lam.4:15 ¡Apartaos! ¡Inmundos! les gritaban; ¡Apartaos, apartaos, no toquéis!  
Huyeron y fueron dispersados; se dijo entre las naciones:  
Nunca más morarán aquí.  
Lam.4:16 La ira de Jehová los apartó, no los mirará más;  
No respetaron la presencia de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos.  
Lam.4:17 Aun han desfallecido nuestros ojos esperando en vano nuestro socorro;  
En nuestra esperanza aguardamos a una nación que no puede salvar.  
Lam.4:18 Cazaron nuestros pasos, para que no anduviésemos por nuestras calles;  
Se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días; porque llegó nuestro fin.  
Lam.4:19 Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo;  
Sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.  
Lam.4:20 El aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehová,  
De quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las naciones, fue apresado en sus lazos.  
Lam.4:21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Uz;  
Aun hasta ti llegará la copa; te embriagarás, y vomitarás.  
Lam.4:22 Se ha cumplido tu castigo, oh hija de Sion;  
Nunca más te hará llevar cautiva.  
Castigará tu iniquidad, oh hija de Edom;  
Descubrirá tus pecados.

Capítulo 146


Alabanza por la justicia de Dios
Aleluya.


Sal.146:1 Alaba, oh alma mía, a Jehová.
Sal.146:2 Alabaré a Jehová en mi vida;
Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
Sal.146:3 No confiéis en los príncipes,
Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
Sal.146:4 Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra;
En ese mismo día perecen sus pensamientos.
Sal.146:5 Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob,
Cuya esperanza está en Jehová su Dios,
Sal.146:6 El cual hizo los cielos y la tierra,
El mar, y todo lo que en ellos hay;
Que guarda verdad para siempre,
Sal.146:7 Que hace justicia a los agraviados,
Que da pan a los hambrientos.
Jehová liberta a los cautivos;
Sal.146:8 Jehová abre los ojos a los ciegos;
Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos.
Sal.146:9 Jehová guarda a los extranjeros;
Al huérfano y a la viuda sostiene,
Y el camino de los impíos trastorna.
Sal.146:10 Reinará Jehová para siempre;
Tu Dios, oh Sion, de generación en generación.

Aleluya.

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