“Estaba yo postrado, y (Dios) me salvó... ¿Qué pagaré al Señor Por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmo 116: 6 y 12).-
LAS DOS DEUDAS
Todo pecador inconverso tiene para con Dios una deuda: la de sus pecados. ¿Quién pagará esa deuda? Algunos tratan de pagarla por medio de sus buenas obras, corrigiendo su conducta u observando prácticas religiosas. Pero Dios ha dicho: “Sin derramamiento de sangre, no hay remisión (de pecados)”. El hombre está en quiebra; no puede respetar sus compromisos con Dios.
La muerte de Cristo en la cruz vale para todos los que creen que la deuda de sus pecados ha sido pagada por completo. Dios no pide más que esto. El mostró su perfecta satisfacción por ese pago al resucitar de entre los muertos y al coronar de gloria y honor, a su diestra, a su propio Hijo, quien cumplió esa obra. En virtud de ese pago, todo aquel que cree en Jesús está liberado, con justicia, de todo pecado puesto en su cuenta. Es un hombre liberado y justificado. Su deuda ha sido cancelada.
Mas hay una segunda deuda, la deuda de gratitud que el pecador debe al que le salvó. Salvado a tan grande precio —al precio de los sufrimientos y de la muerte del amado Hijo de Dios— ¿cómo no podría estar agradecido a su Salvador?
Se habla de “buenas obras” y con razón. Pero para que sean realmente buenas y aceptables para Dios, deben provenir del agradecimiento del redimido hacia su Redentor. Deben ser el resultado de la fe en El.
Eternamente adoraremos a aquel que nos salvó; y la presente vida no puede ser bastante larga para amarle y servirle como nuestro Salvador y Señor. Hagamos lo que hagamos, soportemos lo que soportemos, nunca cancelaremos nuestra deuda de gratitud.
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 5
Estad firmes en la libertad
Gal.5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Gal.5:2 He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
Gal.5:3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.
Gal.5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
Gal.5:5 Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;
Gal.5:6 porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.
Gal.5:7 Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?
Gal.5:8 Esta persuasión no procede de aquel que os llama.
Gal.5:9 Un poco de levadura leuda toda la masa.
Gal.5:10 Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.
Gal.5:11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz.
Gal.5:12 ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!
Gal.5:13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.
Gal.5:14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Gal.5:15 Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.
Capítulo 5
Oración del pueblo afligido
Lam.5:1 Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido;
Mira, y ve nuestro oprobio.
Lam.5:2 Nuestra heredad ha pasado a extraños,
Nuestras casas a forasteros.
Lam.5:3 Huérfanos somos sin padre;
Nuestras madres son como viudas.
Lam.5:4 Nuestra agua bebemos por dinero;
Compramos nuestra leña por precio.
Lam.5:5 Padecemos persecución sobre nosotros;
Nos fatigamos, y no hay para nosotros reposo.
Lam.5:6 Al egipcio y al asirio extendimos la mano, para saciarnos de pan.
Lam.5:7 Nuestros padres pecaron, y han muerto;
Y nosotros llevamos su castigo.
Lam.5:8 Siervos se enseñorearon de nosotros;
No hubo quien nos librase de su mano.
Lam.5:9 Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan
Ante la espada del desierto.
Lam.5:10 Nuestra piel se ennegreció como un horno
A causa del ardor del hambre.
Lam.5:11 Violaron a las mujeres en Sion,
A las vírgenes en las ciudades de Judá.
Lam.5:12 A los príncipes colgaron de las manos;
No respetaron el rostro de los viejos.
Lam.5:13 Llevaron a los jóvenes a moler,
Y los muchachos desfallecieron bajo el peso de la leña.
Lam.5:14 Los ancianos no se ven más en la puerta,
Los jóvenes dejaron sus canciones.
Lam.5:15 Cesó el gozo de nuestro corazón;
Nuestra danza se cambió en luto.
Lam.5:16 Cayó la corona de nuestra cabeza;
¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos.
Lam.5:17 Por esto fue entristecido nuestro corazón,
Por esto se entenebrecieron nuestros ojos,
Lam.5:18 Por el monte de Sion que está asolado;
Zorras andan por él.
Lam.5:19 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre;
Tu trono de generación en generación.
Lam.5:20 ¿Por qué te olvidas completamente de nosotros,
Y nos abandonas tan largo tiempo?
Lam.5:21 Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos;
Renueva nuestros días como al principio.
Lam.5:22 Porque nos has desechado;
Te has airado contra nosotros en gran manera.
Capítulo 147
Alabanza por el favor de Dios hacia Jerusalén
Sal.147:1 Alabad a JAH,
Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios;
Porque suave y hermosa es la alabanza.
Sal.147:2 Jehová edifica a Jerusalén;
A los desterrados de Israel recogerá.
Sal.147:3 El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.
Sal.147:4 El cuenta el número de las estrellas;
A todas ellas llama por sus nombres.
Sal.147:5 Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder;
Y su entendimiento es infinito.
Sal.147:6 Jehová exalta a los humildes,
Y humilla a los impíos hasta la tierra.
Sal.147:7 Cantad a Jehová con alabanza,
Cantad con arpa a nuestro Dios.
Sal.147:8 El es quien cubre de nubes los cielos,
El que prepara la lluvia para la tierra,
El que hace a los montes producir hierba.
Sal.147:9 El da a la bestia su mantenimiento,
Y a los hijos de los cuervos que claman.
Sal.147:10 No se deleita en la fuerza del caballo,
Ni se complace en la agilidad del hombre.
Sal.147:11 Se complace Jehová en los que le temen,
Y en los que esperan en su misericordia.
Sal.147:12 Alaba a Jehová, Jerusalén;
Alaba a tu Dios, oh Sion.
Sal.147:13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas;
Bendijo a tus hijos dentro de ti.
Sal.147:14 El da en tu territorio la paz;
Te hará saciar con lo mejor del trigo.
Sal.147:15 El envía su palabra a la tierra;
Velozmente corre su palabra.
Sal.147:16 Da la nieve como lana,
Y derrama la escarcha como ceniza.
Sal.147:17 Echa su hielo como pedazos;
Ante su frío, ¿quién resistirá?
Sal.147:18 Enviará su palabra, y los derretirá;
Soplará su viento, y fluirán las aguas.
Sal.147:19 Ha manifestado sus palabras a Jacob,
Sus estatutos y sus juicios a Israel.
Sal.147:20 No ha hecho así con ninguna otra de las naciones;
Y en cuanto a sus juicios, no los conocieron.
Aleluya.

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