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“Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio”. (2 Timoteo 2:8).-
"Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado". (Lucas 16:25).-

ACUÉRDATE

 ¡Qué valiosa facultad es la memoria! A alguien que la hubiera perdido totalmente le faltaría mucho para poseer su calidad de ser humano. De todas las debilidades que vienen con la edad, el debilitamiento de la memoria es tal vez el más penoso, para uno mismo o para los que nos rodean, estando con pacientes creyentes de la enfermedad de alzhéimer, no tienen su memoria sino por pequeños flashes, pero cuando se les nombra al Señor Jesucristo, sus ojos se llenan de lágrimas, porque el órgano físico del cerebro esta dañado, pero su alma y su espíritu están conservados.
  Pero, ¡cuán extraña y desigual es esta facultad de la memoria!. Hay recuerdos que no podemos ahuyentar y otros que se borran a pesar nuestro. Por eso, necesitamos una sostenida actividad de espíritu para mantener la memoria de las cosas que deben gobernar nuestra vida.
  Para el creyente, leer la Palabra de Dios con oración, volver sus pensamientos sobre las santas enseñanzas en lugar de dejarlos vagabundear o sumergirse en las cosas pasajeras, contar los innumerables beneficios de Dios, esto es lo que mantendrá en su activo frescor la memoria del nuevo hombre. El apóstol Pedro se aplicaba a hacer recordar esas cosas a los creyentes que le eran caros, y los despertaba al recordárselas. El temía que la negligencia de esos creyentes los llevara hasta olvidarse de “la purificación de sus antiguos pecados”, diciendo: "Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;" 2da. Pedro 1:9-13.-
 Pablo exhorta a Timoteo a recordar a los fieles las verdades cristianas. Pero, para poder hacerlo, él mismo debe acordarse de Jesucristo. Es el capital recuerdo: esas verdades no son abstracciones, sino una persona viva, que vive de la vida de la resurrección, un hombre que está en el cielo después de haber cumplido sobre la tierra la voluntad de Dios. Para esto está el creyente aquí abajo: para recordar al mundo quién es esa bendita persona. ¿Acordémonos de Jesucristo, quien nos adquirió las divinas bendiciones por medio de su muerte triunfante y de su resurrección!
 En la parábola del rico y Lazaro, nos encontramos que aquel hombre rico, nunca se acordó de Dios, ni de su prójimo necesitado, y ahora, estando atormentado en llamas, no había nada de agua para refrescar su lengua, y pareciera que se había olvidado de todos sus pecados y se atrevía a pedir misericordia, pero la voz del cielo representado en Abraham, (padre de la fe) le dijo "... Acuérdate...", recibió aquella orden y toda su vida de pecados debe haber pasado por su mente, la conciencia le acusa, por no acordarse de lo que tenía que acordarse, por no atender lo que tenía que atender, por ignorar a Dios y sus advertencias.- Hoy estas advertencias llegan a ti, Acuérdate de Jesucristo, acuérdate de orar, acuérdate de leer las Escrituras, acuérdate de congregar mas de una vez a la semana, acuérdate de poner por obra lo que agrada al Señor para beneficio de tu alma y desde ahora y para siempre serás bendito con la bendición del Omnipotente, la única que no permite maldición sobre nuestras vidas.- 

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo




LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 3

Prosigo al blanco  

Fil.3:1 Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.  
Fil.3:2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo.  
Fil.3:3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.  
Fil.3:4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:  
Fil.3:5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;
Fil.3:6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.  
Fil.3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  
Fil.3:8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,  
Fil.3:9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;  
Fil.3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  
Fil.3:11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.  
Fil.3:12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.  
Fil.3:13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  
Fil.3:14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.  
Fil.3:15 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.  
Fil.3:16 Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.  
Fil.3:17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.  
Fil.3:18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo;  
Fil.3:19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.  
Fil.3:20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;  
Fil.3:21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.


Capítulo 23

Las dos hermanas  

Ez.23:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:  
Ez.23:2 Hijo de hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre,  
Ez.23:3 las cuales fornicaron en Egipto; en su juventud fornicaron. Allí fueron apretados sus pechos, allí fueron estrujados sus pechos virginales.  
Ez.23:4 Y se llamaban, la mayor, Ahola, y su hermana, Aholiba; las cuales llegaron a ser mías, y dieron a luz hijos e hijas. Y se llamaron: Samaria, Ahola; y Jerusalén, Aholiba.  
Ez.23:5 Y Ahola cometió fornicación aun estando en mi poder; y se enamoró de sus amantes los asirios, vecinos suyos,  
Ez.23:6 vestidos de púrpura, gobernadores y capitanes, jóvenes codiciables todos ellos, jinetes que iban a caballo.  
Ez.23:7 Y se prostituyó con ellos, con todos los más escogidos de los hijos de los asirios, y con todos aquellos de quienes se enamoró; se contaminó con todos los ídolos de ellos.
Ez.23:8 Y no dejó sus fornicaciones de Egipto; porque con ella se echaron en su juventud, y ellos comprimieron sus pechos virginales, y derramaron sobre ella su fornicación.  
Ez.23:9 Por lo cual la entregué en mano de sus amantes, en mano de los hijos de los asirios, de quienes se había enamorado.  
Ez.23:10 Ellos descubrieron su desnudez, tomaron sus hijos y sus hijas, y a ella mataron a espada; y vino a ser famosa entre las mujeres, pues en ella hicieron escarmiento.  
Ez.23:11 Y lo vio su hermana Aholiba, y enloqueció de lujuria más que ella; y sus fornicaciones fueron más que las fornicaciones de su hermana.  
Ez.23:12 Se enamoró de los hijos de los asirios sus vecinos, gobernadores y capitanes, vestidos de ropas y armas excelentes, jinetes que iban a caballo, todos ellos jóvenes codiciables.  
Ez.23:13 Y vi que se había contaminado; un mismo camino era el de ambas.  
Ez.23:14 Y aumentó sus fornicaciones; pues cuando vio a hombres pintados en la pared, imágenes de caldeos pintadas de color,  
Ez.23:15 ceñidos por sus lomos con talabartes, y tiaras de colores en sus cabezas, teniendo todos ellos apariencia de capitanes, a la manera de los hombres de Babilonia, de Caldea, tierra de su nacimiento,  
Ez.23:16 se enamoró de ellos a primera vista, y les envió mensajeros a la tierra de los caldeos.  
Ez.23:17 Así, pues, se llegaron a ella los hombres de Babilonia en su lecho de amores, y la contaminaron, y ella también se contaminó con ellos, y su alma se hastió de ellos.  
Ez.23:18 Así hizo patentes sus fornicaciones y descubrió sus desnudeces, por lo cual mi alma se hastió de ella, como se había ya hastiado mi alma de su hermana.  
Ez.23:19 Aun multiplicó sus fornicaciones, trayendo en memoria los días de su juventud, en los cuales había fornicado en la tierra de Egipto.  
Ez.23:20 Y se enamoró de sus rufianes, cuya lujuria es como el ardor carnal de los asnos, y cuyo flujo como flujo de caballos.  
Ez.23:21 Así trajiste de nuevo a la memoria la lujuria de tu juventud, cuando los egipcios comprimieron tus pechos, los pechos de tu juventud.  
Ez.23:22 Por tanto, Aholiba, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo suscitaré contra ti a tus amantes, de los cuales se hastió tu alma, y les haré venir contra ti en derredor;  
Ez.23:23 los de Babilonia, y todos los caldeos, los de Pecod, Soa y Coa, y todos los de Asiria con ellos; jóvenes codiciables, gobernadores y capitanes, nobles y varones de renombre, que montan a caballo todos ellos.  
Ez.23:24 Y vendrán contra ti carros, carretas y ruedas, y multitud de pueblos. Escudos, paveses y yelmos pondrán contra ti en derredor; y yo pondré delante de ellos el juicio, y por sus leyes te juzgarán.  
Ez.23:25 Y pondré mi celo contra ti, y procederán contigo con furor; te quitarán tu nariz y tus orejas, y lo que te quedare caerá a espada. Ellos tomarán a tus hijos y a tus hijas, y tu remanente será consumido por el fuego.  
Ez.23:26 Y te despojarán de tus vestidos, y te arrebatarán todos los adornos de tu hermosura.  
Ez.23:27 Y haré cesar de ti tu lujuria, y tu fornicación de la tierra de Egipto; y no levantarás ya más a ellos tus ojos, ni nunca más te acordarás de Egipto.  
Ez.23:28 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo te entrego en mano de aquellos que aborreciste, en mano de aquellos de los cuales se hastió tu alma;  
Ez.23:29 los cuales procederán contigo con odio, y tomarán todo el fruto de tu labor, y te dejarán desnuda y descubierta; y se descubrirá la inmundicia de tus fornicaciones, y tu lujuria y tu prostitución.  
Ez.23:30 Estas cosas se harán contigo porque fornicaste en pos de las naciones, con las cuales te contaminaste en sus ídolos.  
Ez.23:31 En el camino de tu hermana anduviste; yo, pues, pondré su cáliz en tu mano.  
Ez.23:32 Así ha dicho Jehová el Señor: Beberás el hondo y ancho cáliz de tu hermana, que es de gran capacidad; de ti se mofarán las naciones, y te escarnecerán.  
Ez.23:33 Serás llena de embriaguez y de dolor por el cáliz de soledad y de desolación, por el cáliz de tu hermana Samaria.  
Ez.23:34 Lo beberás, pues, y lo agotarás, y quebrarás sus tiestos; y rasgarás tus pechos, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor.  
Ez.23:35 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto te has olvidado de mí, y me has echado tras tus espaldas, por eso, lleva tú también tu lujuria y tus fornicaciones.  
Ez.23:36 Y me dijo Jehová: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Ahola y a Aholiba, y les denunciarás sus abominaciones?  
Ez.23:37 Porque han adulterado, y hay sangre en sus manos, y han fornicado con sus ídolos; y aun a sus hijos que habían dado a luz para mí, hicieron pasar por el fuego, quemándolos.  
Ez.23:38 Aun esto más me hicieron: contaminaron mi santuario en aquel día, y profanaron mis días de reposo.  
Ez.23:39 Pues habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos, entraban en mi santuario el mismo día para contaminarlo; y he aquí, así hicieron en medio de mi casa.  
Ez.23:40 Además, enviaron por hombres que viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero, y he aquí vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste con adornos;  
Ez.23:41 y te sentaste sobre suntuoso estrado, y fue preparada mesa delante de él, y sobre ella pusiste mi incienso y mi aceite.  
Ez.23:42 Y se oyó en ella voz de compañía que se solazaba con ella; y con los varones de la gente común fueron traídos los sabeos del desierto, y pusieron pulseras en sus manos, y bellas coronas sobre sus cabezas.  
Ez.23:43 Y dije respecto de la envejecida en adulterios: ¿Todavía cometerán fornicaciones con ella, y ella con ellos?  
Ez.23:44 Porque han venido a ella como quien viene a mujer ramera; así vinieron a Ahola y a Aholiba, mujeres depravadas.  
Ez.23:45 Por tanto, hombres justos las juzgarán por la ley de las adúlteras, y por la ley de las que derraman sangre; porque son adúlteras, y sangre hay en sus manos.  
Ez.23:46 Por lo que así ha dicho Jehová el Señor: Yo haré subir contra ellas tropas, las entregaré a turbación y a rapiña,  
Ez.23:47 y las turbas las apedrearán, y las atravesarán con sus espadas; matarán a sus hijos y a sus hijas, y sus casas consumirán con fuego.  
Ez.23:48 Y haré cesar la lujuria de la tierra, y escarmentarán todas las mujeres, y no harán según vuestras perversidades.  
Ez.23:49 Y sobre vosotras pondrán vuestras perversidades, y pagaréis los pecados de vuestra idolatría; y sabréis que yo soy Jehová el Señor.  


Capítulo 51

Palabras de consuelo para Sion  

Is.51:1 Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.  
Is.51:2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.  
Is.51:3 Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.  
Is.51:4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos.  
Is.51:5 Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza.  
Is.51:6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá.  
Is.51:7 Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes.  
Is.51:8 Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos.  
Is.51:9 Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón?  
Is.51:10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?  
Is.51:11 Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.  
Is.51:12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?  
Is.51:13 Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?  
Is.51:14 El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan.  
Is.51:15 Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.  
Is.51:16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.  
Is.51:17 Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos.  
Is.51:18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió.  
Is.51:19 Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién se dolerá de ti? ¿Quién te consolará?  
Is.51:20 Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios tuyo.  
Is.51:21 Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino:  
Is.51:22 Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás.  
Is.51:23 Y lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Inclínate, y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, para que pasaran.

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