“Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. (Romanos 10:10).-
FE Y CONFESIÓN
Si se busca un rasgo destacado de la verdadera conversión a Dios, se lo hallará en la “confesión” que la acompaña. Para la gran mayoría de los que profesan religión, la idea que predomina en la “confesión” es la enumeración de los pecados que se han cometido; pero en el pasaje de la fecha es algo muy distinto; está escrito: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. (Romanos 10:9 y 10)
La confesión de los pecados tiene su debido lugar, pero ella no es la “salvación”. Un serio examen de los evangelios confirma esa verdad. El Señor llama a Pedro “bienaventurado” cuando confiesa a Jesús, diciendo que El es “el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 16:16-17). El hombre nacido ciego adora al Señor cuando “cree”, al oír que El es “el Hijo de Dios”. Tomás lo confiesa también así al decir: “¡Señor mío, y Dios mío!” Jesús entonces le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 9:35-38 y 20:28-29),
La confesión que Dios busca acompaña a la fe y llega a la salvación. Esta confesión no puede tener lugar sin la fe. Los que no van más allá de la confesión o enumeración de sus pecados no alcanzan la paz con Dios, pues esta paz es el resultado del hecho de ser “justificados por la fe” (Romanos 5:1) o, dicho de otro modo. Dios ve como justo al que cree en Jesús y le confiesa como su Salvador; la culpabilidad que pesaba sobre él a causa de sus pecados ha sido quitada por la fe en la obra de la cruz Y esto es lo que da “la paz con Dios”-
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.
Debe haber confesión con la boca. Respondamos cada uno para nosotros mismos ¿He hecho yo esa confesión? ¿He declarado abiertamente mi fe en Jesús como mi Salvador a quien Dios ha levantado de los muertos, lo he hecho de la manera requerida por Dios?. He de contestar honestamente estas preguntas.
Debe haber también fe en el corazón. ¿Creo sinceramente en el Señor Jesús resucitado? ¿Confío en El como mi única esperanza de salvación? ¿Brota de mi corazón esta confianza? He de contestar esto como delante de Dios.
Si yo pudiera en verdad afirmar que he confesado a Cristo y he creído en El, entonces soy salvo. El texto no dice que podría ser así, sino que es evidente y claro como el sol en los cielos: “Serás salvo.” Como un creyente y como un profesante, puedo echar mano de la promesa, y argumentarla delante del Señor Dios en este momento, y a lo largo de toda la vida, y en cada Santo Culto, no he de callar, he de abrir mi boca y dejar que salga de lo profundo de mi corazón un ¡Gloria a ti Señor Jesús!, un ¡Te alabo Padre, Dios de cielo y tierra...! y en cada día y en la hora de la muerte, y en el día del juicio. Te alabo ¡Oh Señor, roca mía, mi alto refugio...!
He de ser salvo de la culpa del pecado, del poder del pecado, del castigo del pecado, y por último del propio ser del pecado. Dios lo ha dicho: “Serás salvo.” Y YO LO CREO. Si Señor... Seré salvo: tu no habrás muerto en vano por mi... soy salvo, soy salvo. ¡Gloria a Dios por siempre y para siempre! Aleluya...!!!...
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 6
Gal.6:1 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
Gal.6:2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
Gal.6:3 Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
Gal.6:4 Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;
Gal.6:5 porque cada uno llevará su propia carga.
Gal.6:6 El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.
Gal.6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Gal.6:8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
Gal.6:9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Gal.6:10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.
Pablo se gloría en la cruz de Cristo
Gal.6:11 Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano.
Gal.6:12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo.
Gal.6:13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne.
Gal.6:14 Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
Gal.6:15 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.
Gal.6:16 Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.
Gal.6:17 De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.
Bendición final
Gal.6:18 Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Capítulo 2
Llamamiento de Ezequiel
Ez.2:1 Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo.
Ez.2:2 Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.
Ez.2:3 Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.
Ez.2:4 Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.
Ez.2:5 Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.
Ez.2:6 Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.
Ez.2:7 Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.
Ez.2:8 Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.
Ez.2:9 Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro.
Ez.2:10 Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes.
Capítulo 3
Ez.3:1 Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.
Ez.3:2 Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.
Ez.3:3 Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.
Ez.3:4 Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.
Ez.3:5 Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel.
Ez.3:6 No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran.
Ez.3:7 Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón.
Ez.3:8 He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes.
Ez.3:9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde.
Ez.3:10 Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
Ez.3:11 Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar.
Ez.3:12 Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar.
Ez.3:13 Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo.
Ez.3:14 Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí.
Ez.3:15 Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.
El atalaya de Israel (Ez. 33.1-9)
Ez.3:16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
Ez.3:17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.
Ez.3:18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.
Ez.3:19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.
Ez.3:20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano.
Ez.3:21 Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.
El profeta mudo
Ez.3:22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.
Ez.3:23 Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro.
Ez.3:24 Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.
Ez.3:25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.
Ez.3:26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde.
Ez.3:27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.
Capítulo 149
Exhortación a Israel, para que alabe a Jehová
Aleluya.
Sal.149:1 Cantad a Jehová cántico nuevo;
Su alabanza sea en la congregación de los santos.
Sal.149:2 Alégrese Israel en su Hacedor;
Los hijos de Sion se gocen en su Rey.
Sal.149:3 Alaben su nombre con danza;
Con pandero y arpa a él canten.
Sal.149:4 Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo;
Hermoseará a los humildes con la salvación.
Sal.149:5 Regocíjense los santos por su gloria,
Y canten aun sobre sus camas.
Sal.149:6 Exalten a Dios con sus gargantas,
Y espadas de dos filos en sus manos,
Sal.149:7 Para ejecutar venganza entre las naciones,
Y castigo entre los pueblos;
Sal.149:8 Para aprisionar a sus reyes con grillos,
Y a sus nobles con cadenas de hierro;
Sal.149:9 Para ejecutar en ellos el juicio decretado;
Gloria será esto para todos sus santos.
Aleluya.

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