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“(Dios) hizo la Osa, el Orión y las Pléyades... El hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número”. (Job 9:9-10).-

La hermosura de las estrellas

 Cuando se mira el firmamento en una noche estrellada, en general la primera impresión es la de una incomparable belleza. Y cuanto más observamos las estrellas y otros cuerpos celestes, tanto más hermosos nos parecen. Es un grande placer recostarse en una reposera en la noches cuando no hace frío, para contemplar las estrellas... A Abraham le fue dicho, que las cuente para que su fe sea confirmada y aumentada... Por lo cual son figura de los ministros de Dios, hijos de Abraham, que deben ser firmes y fieles al pacto y a las promesas de la Gracia, para no ser de las estrellas errantes, ni ser contados entre esa tercera parte de las estrellas que caerán del cielo, arrastradas por la cola del dragón que son los apostatas. Estrellas que puedan indicar bien el camino a seguir, útil como lo fueron antes a los navegantes que surcaron los mares, y no que un día están en una congregación y otro día en otra, no sujetándose a nada ni a nadie llevados por supuestas "revelaciones" y no quedan en su lugar como miembros del cuerpo de Cristo.-
 Las estrellas varían mucho en brillo y color. Al escribir a los corintios, el apóstol Pablo declara: “Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (I Cor.15:41). Evidentemente, en este caso no se cambiaría nada al pensamiento del escritor si el vocablo gloria fuese sustituido por el de belleza. Una de las más brillantes estrellas es Sirio, considerada como una estrella azul, aunque sus relumbrantes destellos parecen mezclados con llamitas de fuego que superan la comparación con un diamante. La Vía Lactea, que ha sido llamada el más grandioso de los espectáculos naturales, está formada por la luz combinada de varios miles de millones de estrellas. Cuanto más se lo mira, tasto más bello es el cuadro estelar.
 En su hermosura, las estrellas son adecuados símbolos de la Persona y de la naturaleza de Dios, de cuya gloria Moisés percibió algo desde la hendidura de una peña; en la visión que tuvo Isaías, toda la tierra estaba llena de la gloria divina; los tres discípulos escogidos vieron al Señor transfigurado en celestial hermosura y, en el camino a Damasco, el fulgor de esa hermosura encegueció a Saulo de Tarso por tres días. Cuanto más tomamos conciencia de la incomparable belleza divina, tanto más aumenta a través de los años el conocimiento de las riquezas de su gracia y de su gloria.
 El apóstol Juan, en la isla de Patmos, trató de describir la hermosura de la Persona que le fue revelada: Si lo que nos dice parece difícil de entender, recordemos que no es más que la tentativa de expresar en palabras finitas la gloria inmortal del Dios infinito. Al lado de la incomparable belleza de la Persona del Señor, la que está más allá de la comprensión humana, no hay nada tan hermoso en el mundo como el amor de Dios por sus criaturas, amor cuya belleza y grandeza fueron manifestadas cuando Cristo dio su vida por nosotros, pese a que fuéramos aún sus enemigos.
 Aquí conviene hacer una advertencia. Hemos dicho algo de la maravillosa belleza del cielo estrellado. Esta corta descripción puede ser completada con otros textos, mapas celestes y magníficas fotografías. Por interesantes que sean, nada puede reemplazar la observación personal de la bóveda celeste y la satisfacción de descubrir uno mismo el variado color de las estrellas en las constelaciones de Orión, de la Osa o de las Pléyades. Asimismo, el conocimiento de la Biblia y la lectura de literatura cristiana son útiles e interesantes. Pero ningún estudio acerca de Dios puede reemplazar el personal encuentro con su gracia salvadora. Asegurémonos nuestros propios contactos con El para poder contemplar “la hermosura del Dios nuestro” (Isaías 35:2). Entonces, a medida que nuestra vista espiritual se agudice con el paso de los años, será como si, por fin, dirigiéramos nuestros telescopios hacia sus glorias; su hermosura crecerá para nosotros y percibiremos siempre nuevas maravillas de su amor.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios”. (Salmo 19:1).-
“¡Cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura!” (Zacarías 9:17)

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 14

Jesús sana a un hidrópico  

Luc.14:1 Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.  
Luc.14:2 Y he aquí estaban delante de él un hombre hidrópico.  
Luc.14:3 Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?
Luc.14:4 Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió.  
Luc.14:5 Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?
Luc.14:6 Y no le podían replicar a estas cosas.  

Los convidados a las bodas  

Luc.14:7 Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles:  
Luc.14:8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,  
Luc.14:9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.  
Luc.14:10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.
Luc.14:11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
Luc.14:12 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado.  
Luc.14:13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos;  
Luc.14:14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.  

Parábola de la gran cena  

Luc.14:15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.  
Luc.14:16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.  
Luc.14:17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.  
Luc.14:18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.  
Luc.14:19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.  
Luc.14:20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.  
Luc.14:21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.  
Luc.14:22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.  
Luc.14:23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.  
Luc.14:24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.


Capítulo 25

Los descendientes de Abraham y Cetura  (1 Cr. 1.32-33)

Gen.25:1 Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura,  
Gen.25:2 la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.  
Gen.25:3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.
Gen.25:4 E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura.  
Gen.25:5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.  
Gen.25:6 Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.  


Muerte y sepultura de Abraham  

Gen.25:7 Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.  
Gen.25:8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.  
Gen.25:9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar heteo, que está enfrente de Mamre,  
Gen.25:10 heredad que compró Abraham de los hijos de Het;  allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer.  
Gen.25:11 Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me- ve.  

Los descendientes de Ismael   (1 Cr. 1.28-31)  

Gen.25:12 Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, a quien le dio a luz Agar egipcia, sierva de Sara;  
Gen.25:13 estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden de su nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam,  
Gen.25:14 Misma, Duma, Massa,  
Gen.25:15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.  
Gen.25:16 Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias.  
Gen.25:17 Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y exhaló el espíritu Ismael, y murió, y fue unido a su pueblo.  
Gen.25:18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo a Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.  

Nacimiento de Jacob y Esaú  

Gen.25:19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,  
Gen.25:20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.  
Gen.25:21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.  
Gen.25:22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;  
Gen.25:23 y le respondió Jehová:  
Gen.Dos naciones hay en tu seno,  
Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;  
El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,  
Y el mayor servirá al menor.  
Gen.25:24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.
Gen.25:25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.  
Gen.25:26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.  

Esaú vende su primogenitura  

Gen.25:27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.  
Gen.25:28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.  
Gen.25:29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,  
Gen.25:30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.  
Gen.25:31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.  
Gen.25:32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?  
Gen.25:33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.  
Gen.25:34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.


Capítulo 18

Acción de gracias por la victoria   (2 S. 22. 1-51)
Al músico principal. Salmo de David, siervo de Jehová, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo:

Sal.18:1 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
Sal.18:2 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
Sal.18:3 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mis enemigos.
Sal.18:4 Me rodearon ligaduras de muerte,
Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
Sal.18:5 Ligaduras del Seol me rodearon,
Me tendieron lazos de muerte.
Sal.18:6 En mi angustia invoqué a Jehová,
Y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo,
Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.
Sal.18:7 La tierra fue conmovida y tembló;
Se conmovieron los cimientos de los montes,
Y se estremecieron, porque se indignó él.
Sal.18:8 Humo subió de su nariz,
Y de su boca fuego consumidor;
Carbones fueron por él encendidos.
Sal.18:9 Inclinó los cielos, y descendió;
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.
Sal.18:10 Cabalgó sobre un querubín, y voló;
Voló sobre las alas del viento.
Sal.18:11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí;
Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.
Sal.18:12 Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron;
Granizo y carbones ardientes.
Sal.18:13 Tronó en los cielos Jehová,
Y el Altísimo dio su voz;
Granizo y carbones de fuego.
Sal.18:14 Envió sus saetas, y los dispersó;
Lanzó relámpagos, y los destruyó.
Sal.18:15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo,
A tu reprensión, oh Jehová,
Por el soplo del aliento de tu nariz.
Sal.18:16 Envió desde lo alto; me tomó,
Me sacó de las muchas aguas.
Sal.18:17 Me libró de mi poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
Sal.18:18 Me asaltaron en el día de mi quebranto,
Mas Jehová fue mi apoyo.
Sal.18:19 Me sacó a lugar espacioso;
Me libró, porque se agradó de mí.
Sal.18:20 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
Sal.18:21 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,
Y no me aparté impíamente de mi Dios.
Sal.18:22 Pues todos sus juicios estuvieron delante de mí,
Y no me he apartado de sus estatutos.
Sal.18:23 Fui recto para con él, y me he guardado de mi maldad,
Sal.18:24 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.
Sal.18:25 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
Y recto para con el hombre íntegro.
Sal.18:26 Limpio te mostrarás para con el limpio,
Y severo serás para con el perverso.
Sal.18:27 Porque tú salvarás al pueblo afligido,
Y humillarás los ojos altivos.
Sal.18:28 Tú encenderás mi lámpara;
Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.
Sal.18:29 Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.
Sal.18:30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová;
Escudo es a todos los que en él esperan.
Sal.18:31 Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Sal.18:32 Dios es el que me ciñe de poder,
Y quien hace perfecto mi camino;
Sal.18:33 Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas;
Sal.18:34 Quien adiestra mis manos para la batalla,
Para entesar con mis brazos el arco de bronce.
Sal.18:35 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
Tu diestra me sustentó,
Y tu benignidad me ha engrandecido.
Sal.18:36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
Sal.18:37 Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,
Y no volví hasta acabarlos.
Sal.18:38 Los herí de modo que no se levantasen;
Cayeron debajo de mis pies.
Sal.18:39 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;
Has humillado a mis enemigos debajo de mí.
Sal.18:40 Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Para que yo destruya a los que me aborrecen.
Sal.18:41 Clamaron, y no hubo quien salvase;
Aun a Jehová, pero no los oyó.
Sal.18:42 Y los molí como polvo delante del viento;
Los eché fuera como lodo de las calles.
Sal.18:43 Me has librado de las contiendas del pueblo;
Me has hecho cabeza de las naciones;
Pueblo que yo no conocía me sirvió.
Sal.18:44 Al oír de mí me obedecieron;
Los hijos de extraños se sometieron a mí.
Sal.18:45 Los extraños se debilitaron
Y salieron temblando de sus encierros.
Sal.18:46 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,
Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;
Sal.18:47 El Dios que venga mis agravios,
Y somete pueblos debajo de mí;
Sal.18:48 El que me libra de mis enemigos,
Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí;
Me libraste de varón violento.
Sal.18:49 Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,
Y cantaré a tu nombre.
Sal.18:50 Grandes triunfos da a su rey,
Y hace misericordia a su ungido,

A David y a su descendencia, para siempre.

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