“(El hombre) no puede contender con Aquel que es más poderoso que él”. (Eclesiastés 6:10).-
“Te encarezco ... Que instes a tiempo y fuera de tiempo”. (2 Timoteo 4:1y2).-
Primero el alma
Hubo en Estados Unidos una madre que cuidaba de su hija única, de dieciséis años y enferma de tisis galopante que es un sinónimo:de bronconeumonía tuberculosa. Esta mujer abandonada por su marido y disgustada con su suerte tenía además la desgracia de ser incrédula, había tomado la resolución de no confiar su enferma a los cuidados de un médico creyente de la pequeña ciudad en la que radicaba. Una noche, la joven se hallaba tan mal que su madre mandó buscar al médico conocido en la localidad como un ateo. Pero el médico ateo se encontraba ausente. Así fue que el encargado de ir a buscar médico creyó hacer bien llamando a otro médico, al médico creyente a quien esta mujer no quería. Cuando llegó el medico y al entrar en la habitación, se dio cuenta en seguida del grave estado de la enferma. Prescribió los remedios adecuados e iba a retirarse cuando la madre le dijo: —Le agradezco, Doctor fulano por haberse molestado. —Señora, respondió el médico, no soy el Doctor que usted mandó a buscar, soy el Doctor que usted desprecia. El rostro de la madre enrojeció de ira: —Señor —replicó ella—, no quiero que se acerquen a mi hija personas que no comparten mis convicciones. A lo que el médico agregó: — ¡Convicciones que la vuelven desdichada! —No necesito su consuelo —contestó la madre.
El médico volvió a sentarse, diciendo: —Tal vez su hija desearía recibirlo. Yo sé, señora, que mi Salvador llevó mis pecados a la cruz. Yo sé que Dios dijo que no se acordará más de ellos. Yo sé que por la fe en El, tengo el derecho de ser llamado hijo de Dios. Yo sé que tengo la vida eterna. Todas estas certidumbres que hallo en mi Biblia me vuelven perfectamente feliz... (toda esta conversación era oída por la paciente que se encontraba en la habitación contigua).- Con su permiso, -dijo el médico- ¿puedo volver mañana?
—Haga lo que quiera —dijo la madre, muy decidida a no dejar a su hija un solo instante durante la visita del médico y a impedir que éste le hablara seriamente.
Al día siguiente, el médico creyente volvió a visitar a su enferma. Para él (como para nosotros) la salvación del alma prevalecía sobre la curación del cuerpo. La madre, cerca de la cama, estaba dispuesta a intervenir para prohibir que el médico dijera unas palabras de evangelización. Pero… ¿quién puede oponerse a los propósitos de Dios? Alguien llamó a la puerta. La madre no se movió. El llamado se repitió. Ella no abandonó su lugar. La puerta se entreabrió, y la madre tuvo que ir a atender. Entonces el médico interrogó a la enferma ¿Crees que Jesús te puede salvar?, y la joven articuló estas palabras: “Me siento miserable, pero pertenezco a Jesús, a Jesús por la eternidad”. La madre volvió, el médico se levantó y, reteniendo unas lágrimas, apretó la mano ardiente de fiebre de la joven, diciéndole: “¡Hasta la vista!” Ella miró hacia el cielo y la misma noche se durmió “en Jesús”. El Señor dueño de todas las almas, en su Soberanía había cortado una rosa recién abierta a la vida. Nadie acompañó el ataúd al cementerio. La madre no quiso que ningún pastor estuviera presente ni que se haga una oración en el borde de aquella tumba.
Algunos meses más tarde, el médico creyente recibió una nota de aquella madre: “Señor, no sé porqué le escribo. No tengo nada que pedirle. Soy más desdichada que nunca. Sólo queda la muerte delante de mí y la esperanza de que entonces todo habrá terminado. Perdone mi desesperación. El médico le contestó enseguida: “Señora, su confesión me conmueve profundamente y vengo a traerle el mismo mensaje que a su hija.
“Dios es un Dios de gracia que perdona aun al pecador rebelado contra El. Recíbale usted como el Dios Salvador y su desesperación dará lugar a la paz y al gozo que su hija halló en Jesús, a pesar de usted”. Tres meses después esta señora murió también sin que nadie supiera si había aceptado la buena nueva de la salvación.
“¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones de Jeremías 3:37).-
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Parábola de la semilla de mostaza (Mt. 13.31-32; Mr. 4.30-32)
Luc.13:18 Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?
Luc.13:19 Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.
Parábola de la levadura (Mt. 13.33)
Luc.13:20 Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios?
Luc.13:21 Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
La puerta estrecha (Mt. 7.13-14, 21-23)
Luc.13:22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.
Luc.13:23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
Luc.13:24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
Luc.13:25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.
Luc.13:26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.
Luc.13:27 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.
Luc.13:28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.
Luc.13:29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Luc.13:30 Y he aquí hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.
Lamento de Jesús sobre Jerusalén (Mt. 23.37-39)
Luc.13:31 Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
Luc.13:32 Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.
Luc.13:33 Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
Luc.13:34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
Luc.13:35 He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Capítulo 24
Abraham busca esposa para Isaac
Gen.24:1 Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo.
Gen.24:2 Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,
Gen.24:3 y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito;
Gen.24:4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.
Gen.24:5 El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?
Gen.24:6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.
Gen.24:7 Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo.
Gen.24:8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo.
Gen.24:9 Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio.
Gen.24:10 Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
Gen.24:11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua.
Gen.24:12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
Gen.24:13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua.
Gen.24:14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
Gen.24:15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.
Gen.24:16 Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.
Gen.24:17 Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.
Gen.24:18 Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber.
Gen.24:19 Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber.
Gen.24:20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.
Gen.24:21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no.
Gen.24:22 Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,
Gen.24:23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde posemos?
Gen.24:24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor.
Gen.24:25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar.
Gen.24:26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová,
Gen.24:27 y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.
Gen.24:28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas.
Gen.24:29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia el hombre, a la fuente.
Gen.24:30 Y cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me habló aquel hombre, vino a él; y he aquí que estaba con los camellos junto a la fuente.
Gen.24:31 Y le dijo: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? He preparado la casa, y el lugar para los camellos.
Gen.24:32 Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían.
Gen.24:33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla.
Gen.24:34 Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham.
Gen.24:35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi amo, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
Gen.24:36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo cuanto tiene.
Gen.24:37 Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito;
Gen.24:38 sino que irás a la casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo.
Gen.24:39 Y yo dije: Quizás la mujer no querrá seguirme.
Gen.24:40 Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre.
Gen.24:41 Entonces serás libre de mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento.
Gen.24:42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando,
Gen.24:43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, a la cual dijere: Dame de beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro,
Gen.24:44 y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; sea ésta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor.
Gen.24:45 Antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: te ruego que me des de beber.
Gen.24:46 Y bajó prontamente su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos.
Gen.24:47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente en su nariz, y brazaletes en sus brazos;
Gen.24:48 y me incliné y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo.
Gen.24:49 Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra.
Gen.24:50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno.
Gen.24:51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová.
Gen.24:52 Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante Jehová.
Gen.24:53 Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.
Gen.24:54 Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor.
Gen.24:55 Entonces respondieron su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá.
Gen.24:56 Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor.
Gen.24:57 Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle.
Gen.24:58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.
Gen.24:59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres.
Gen.24:60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.
Gen.24:61 Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue.
Gen.24:62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev.
Gen.24:63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.
Gen.24:64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello;
Gen.24:65 porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió.
Gen.24:66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho.
Gen.24:67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.
Capítulo 17
Plegaria pidiendo protección contra los opresores
Oración de David.
Sal.17:1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.
Sal.17:2 De tu presencia proceda mi vindicación;
Vean tus ojos la rectitud.
Sal.17:3 Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste;
He resuelto que mi boca no haga transgresión.
Sal.17:4 En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios
Yo me he guardado de las sendas de los violentos.
Sal.17:5 Sustenta mis pasos en tus caminos,
Para que mis pies no resbalen.
Sal.17:6 Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios;
Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
Sal.17:7 Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra,
De los que se levantan contra ellos.
Sal.17:8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
Sal.17:9 De la vista de los malos que me oprimen,
De mis enemigos que buscan mi vida.
Sal.17:10 Envueltos están con su grosura;
Con su boca hablan arrogantemente.
Sal.17:11 Han cercado ahora nuestros pasos;
Tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
Sal.17:12 Son como león que desea hacer presa,
Y como leoncillo que está en su escondite.
Sal.17:13 Levántate, oh Jehová;
Sal a su encuentro, póstrales;
Libra mi alma de los malos con tu espada,
Sal.17:14 De los hombres con tu mano, oh Jehová,
De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida,
Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Sacian a sus hijos,
Y aun sobra para sus pequeñuelos.
Sal.17:15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

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