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“El evangelio. . . es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. (Romanos 1:16).-
"Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón”. 
(Salmo 95:7-8, Hebreos 3:1 y 15; 4:7).-

Leer La Biblia en el Salmo 95

 El poder de Dios despierta aclamaciones de alegría para los que son objetos de su salvación. Asi fue que a orilla del mar Rojo, un pueblo redimido hizo subir hacia Dios el cántico de la liberación. Pero ¡ay!... la historia de Israel desde sus primeros pasos en el desierto nos enseña que se puede ser testigo de las obras de Dios y no conocer sus caminos. Nos muestra también que no sólo el impío Faraón había endurecido su corazón (véase Éxodo 8:15,32…) sino que incluso Israel no había tardado en hacer lo mismo. Los propios nombres de “Masah” (tentación o prueba; véase Exodo 17:7) y de Meriba (rencilla) son grabados para siempre en su historia. Estos pasos dados en falso han jalonado sus tristes etapas a través del desierto y sirvieron para designarlas, como también Tabera (incendio) y Kibrot-hataava (tumba de los codiciosos) en el capítulo 11 de Números. Que estos nombres, queridos amigos, sean también en nuestro camino como un poste indicador para servirnos de solemne advertencia.

Salmo Capítulo 95
Cántico de alabanza y de adoración 

Sal.95:1 Venid, aclamemos alegremente a Jehová; 
Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 
Sal.95:2 Lleguemos ante su presencia con alabanza; 
Aclamémosle con cánticos. 
Sal.95:3 Porque Jehová es Dios grande, 
Y Rey grande sobre todos los dioses. 
Sal.95:4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra, 
Y las alturas de los montes son suyas. 
Sal.95:5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; 
Y sus manos formaron la tierra seca. 
Sal.95:6 Venid, adoremos y postrémonos; 
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 
Sal.95:7 Porque él es nuestro Dios; 
Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. 
Si oyereis hoy su voz, 
Sal.95:8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, 
Como en el día de Masah en el desierto, 
Sal.95:9 Donde me tentaron vuestros padres, 
Me probaron, y vieron mis obras. 
Sal.95:10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación, 
Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, 
Y no han conocido mis caminos. 
Sal.95:11 Por tanto, juré en mi furor 
Que no entrarían en mi reposo. 

 La epístola a los Hebreos cita y comenta este salmo para nuestro provecho: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones (3:7). Es con el corazón que se debe oír al Señor. Que nuestro corazón sea, hoy, sensible a “Su voz” y El podrá hacernos entrar, mañana, en Su glorioso descanso.
 "Venid, (dice), adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor... Hoy es el tiempo, reitero, que no seamos del pueblo que divaga de corazón, para que podamos entrar en Su reposo... Amen.-

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


La pregunta sobre la resurrección   (Mt. 22.23-33; Mr. 12.18-27)

Luc.20:27 Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,  
Luc.20:28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.
Luc.20:29 Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.  
Luc.20:30 Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.  
Luc.20:31 La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia.  
Luc.20:32 Finalmente murió también la mujer.  
Luc.20:33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?  
Luc.20:34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento;  
Luc.20:35 mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.  
Luc.20:36 Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.  
Luc.20:37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
Luc.20:38 Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.
Luc.20:39 Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.  
Luc.20:40 Y no osaron preguntarle nada más.  



¿De quién es hijo el Cristo?  (Mt. 22.41-46; Mr. 12.35-37)  

Luc.20:41 Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?  
Luc.20:42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos:  
Dijo el Señor a mi Señor:  
Siéntate a mi diestra,  
Luc.20:43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Luc.20:44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?  

Jesús acusa a los escribas  (Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54)  

Luc.20:45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:  
Luc.20:46 Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;  
Luc.20:47 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.


Capítulo 37

José es vendido por sus hermanos  

Gen.37:1 Habitó Jacob en la tierra donde había morado su padre, en la tierra de Canaán.  
Gen.37:2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.  
Gen.37:3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.  
Gen.37:4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.  
Gen.37:5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.  
Gen.37:6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:  
Gen.37:7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.
Gen.37:8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras.  
Gen.37:9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.  
Gen.37:10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?  
Gen.37:11 Y sus hermanos le tenían envidia,  mas su padre meditaba en esto.  
Gen.37:12 Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.  
Gen.37:13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí.  
Gen.37:14 E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.  
Gen.37:15 Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas?  
Gen.37:16 José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando.  
Gen.37:17 Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.  
Gen.37:18 Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle.  
Gen.37:19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador.  
Gen.37:20 Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños.  
Gen.37:21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.  
Gen.37:22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre.  
Gen.37:23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí;  
Gen.37:24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.  
Gen.37:25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.  
Gen.37:26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte?  
Gen.37:27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.  
Gen.37:28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.  
Gen.37:29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos.
Gen.37:30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?
Gen.37:31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre;  
Gen.37:32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.  
Gen.37:33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.  
Gen.37:34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.  
Gen.37:35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.  
Gen.37:36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.


Capítulo 28

Plegaria pidiendo ayuda, y alabanza por la respuesta
Salmo de David.

Sal.28:1 A ti clamaré, oh Jehová.
Roca mía, no te desentiendas de mí,
Para que no sea yo, dejándome tú,
Semejante a los que descienden al sepulcro.
Sal.28:2 Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,
Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.
Sal.28:3 No me arrebates juntamente con los malos,
Y con los que hacen iniquidad,
Los cuales hablan paz con sus prójimos,
Pero la maldad está en su corazón.
Sal.28:4 Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos;
Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.
Sal.28:5 Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová,
Ni a la obra de sus manos,
El los derribará, y no los edificará.
Sal.28:6 Bendito sea Jehová,
Que oyó la voz de mis ruegos.
Sal.28:7 Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré.
Sal.28:8 Jehová es la fortaleza de su pueblo,
Y el refugio salvador de su ungido.
Sal.28:9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad;
Y pastoréales y susténtales para siempre.

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