“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios en quien confiaré”. (Salmo 91:1-2).-
Salmo 91
Morando bajo la sombra del Omnipotente
Si la gratitud es el sentimiento que nos conviene en cuanto al tiempo pasado, el que debe dominar en nosotros para el porvenir es la confianza en Dios. Grandes son, por cierto, los peligros de orden moral que amenazan al creyente. ¿Quién es el cazador, el que anda como león, el áspid, la serpiente antigua, el dragón, sino Satanás mismo? “La mismísima pestilencia que anda en la oscuridad”, ¿no nos habla esto del pecado, que es cosa mucho más grave que una enfermedad? “La saeta que vuela de día” sugiere algún mal pensamiento que surge de improviso por medio de una imagen vista “en la calle, de una lectura o de una conversación de dudosa rectitud. “Los terrores nocturnos” son las inquietudes que impiden, a menudo, que gocemos del sueño apacible que el Señor nos ha preparado. (Véase Salmo 4:8). Pero confiemos que cualquiera sea la trampa o la amenaza, tenemos un refugio: el Altísimo y Omnipotente. Imitemos a Aquel que en medio de los mismos peligros realizó perfectamente esa confianza. En el desierto, Cristo supo confundir y ligar al Tentador que se había atrevido a citar este salmo. Desde el versículo 9, las promesas de Dios vienen a contestar a la oración del Hombre perfecto. También gozaremos de ellas en la medida en que pongamos, como Jesús, nuestra fe y todo nuestro afecto en Dios.
Sal.91:1
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del
Omnipotente.
Sal.91:2
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
Sal.91:3
El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Sal.91:4
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás
seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
Sal.91:5
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Sal.91:6
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del
día destruya.
Sal.91:7
Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
Sal.91:8
Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los
impíos.
Sal.91:9
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
Sal.91:10
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Sal.91:11
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus
caminos.
Sal.91:12
En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en
piedra.
Sal.91:13
Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y
al dragón.
Sal.91:14
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha
conocido mi nombre.
Sal.91:15
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Sal.91:16
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi
salvación.
Las bendiciones que se prometen aquí no son para todos los creyentes en general, sino para aquellos que viven en íntima comunión con Dios. La mayoría de los creyentes en Dios mira en dirección al santuario interior y al propiciatorio para que se les sea propicio, pero no todos moran en el lugar santísimo; esta mayoría acuden a El a veces, y gozan al hacerlo, pero de modo habitual no residen en la presencia misteriosa del Omnipotente...
Pero para habitar, para morar con y en Dios no importa si se es rico o pobre, sabio o ignorante, joven o viejo, porque «Dios no hace acepción de personas», sino que «El es rico para todos los que le invocan y que le invocan de veraz»
Hoy hay una pestilencia mortal de error; pero hemos de ser inmunes a ella si estamos en comunión con el Dios de verdad; hay una pestilencia de fatal pecado, y no hemos de ser infectados por ella si moramos con el que es tres veces santo; hay también pestilencia de enfermedad, y aun de estas calamidades se conseguirá por nuestra fe la inmunización si es que moramos en un orden elevado con y en Dios, los que así moran, andan en serena calma y lo arriesgan todo por amor al deber con el que han prometido servirle hasta el último suspiro de sus vidas en esta tierra.-
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 9
Misión de los doce discípulos (Mt. 10.5-15; Mr. 6.7-13)
Luc.9:1 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
Luc.9:2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.
Luc.9:3 Y les dijo:No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas.
Luc.9:4 Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid.
Luc.9:5 Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.
Luc.9:6 Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Muerte de Juan el Bautista (Mt. 14.1-12; Mr. 6.14-29)
Luc.9:7 Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
Luc.9:8 otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
Luc.9:9 Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
Alimentación de los cinco mil (Mt. 14.13-21; Mr. 6.30-44; Jn. 6.1-14)
Luc.9:10 Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.
Luc.9:11 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados.
Luc.9:12 Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto.
Luc.9:13 El les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud.
Luc.9:14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.
Luc.9:15 Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.
Luc.9:16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente.
Luc.9:17 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos.
La confesión de Pedro (Mt. 16.13-20; Mr. 8.27-30)
Luc.9:18 Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?
Luc.9:19 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
Luc.9:20 El les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Jesús anuncia su muerte (Mt. 16.21-28; Mr. 8.31�E.1)
Luc.9:21 Pero él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente,
Luc.9:22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
Luc.9:23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Luc.9:24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.
Luc.9:25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?
Luc.9:26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.
Luc.9:27 Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.
Capítulo 15
Dios promete a Abram un hijo
Gen.15:1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.
Gen.15:2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?
Gen.15:3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
Gen.15:4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.
Gen.15:5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
Gen.15:6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
Gen.15:7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.
Gen.15:8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?
Gen.15:9 Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
Gen.15:10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
Gen.15:11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.
Gen.15:12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.
Gen.15:13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.
Gen.15:14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.
Gen.15:15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
Gen.15:16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.
Gen.15:17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.
Gen.15:18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;
Gen.15:19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos,
Gen.15:20 los heteos, los ferezeos, los refaítas,
Gen.15:21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.
Capítulo 8
La gloria de Dios y la honra del hombre
Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David.
Sal.8:1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
Sal.8:2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo.
Sal.8:3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Sal.8:4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
Sal.8:5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
Sal.8:6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
Sal.8:7 Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
Sal.8:8 Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
Sal.8:9 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

No hay comentarios:
Publicar un comentario