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“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”. (Efesios 5:15-16).-

Leer el Salmo 90.-

 El comienzo de un año es el momento favorable para hacer un balance de nuestra situación. Al mirar atrás, el creyente puede exclamar con gratitud: “Señor, tú nos has sido refugio...” En cuanto al presente, él creyente mide la breve duración de nuestra existencia aquí abajo y pedimos a Dios que nos enseñe a contar nuestros días con miras a adquirir un corazón sabio. Esta sabiduría, según el versículo de la fecha, nos llevará a aprovechar bien el tiempo (o según la expresión de la carta a los (Colosenses: "...a redimir el tiempo" 4:5). Sí amigos, estos años se acaban “como un pensamiento”, empleémoslos para el Señor.
 Y a usted, amigo lector inconverso, este año de gracia, tal vez el último, le vuelve a dar la oportunidad de aceptar a Jesús como su Salvador: aprovéchela sin tardar.
 Este salmo, “oración de Moisés, varón de Dios” estará en la boca del arrepentido Israel de los últimos tiempos. Pero los redimidos del Señor que conocen su inmenso amor, pueden decir desde ahora: “De mañana (es decir, desde nuestra juventud) sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días” (v, 14). ¡Qué feliz anhelo en el umbral de este año nuevo!

90:1  Señor,  tú nos has sido refugio
 De generación en generación.
90:2  Antes que naciesen los montes
 Y formases la tierra y el mundo,
 Desde el siglo y hasta el siglo,  tú eres Dios.
90:3  Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
 Y dices:  Convertíos,  hijos de los hombres.
90:4  Porque mil años delante de tus ojos
 Son como el día de ayer,  que pasó,
 Y como una de las vigilias de la noche.
90:5  Los arrebatas como con torrente de aguas;  son como sueño,
 Como la hierba que crece en la mañana.
Psa 90:6  En la mañana florece y crece;
 A la tarde es cortada,  y se seca.
90:7  Porque con tu furor somos consumidos,
 Y con tu ira somos turbados.
90:8  Pusiste nuestras maldades delante de ti,
 Nuestros yerros a la luz de tu rostro.
90:9  Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira;
 Acabamos nuestros años como un pensamiento.
90:10  Los días de nuestra edad son setenta años;
 Y si en los más robustos son ochenta años,
 Con todo,  su fortaleza es molestia y trabajo,
 Porque pronto pasan,  y volamos.
90:11   ¿Quién conoce el poder de tu ira,
 Y tu indignación según que debes ser temido?
90:12  Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
 Que traigamos al corazón sabiduría.
90:13  Vuélvete,  oh Jehová;  ¿hasta cuándo?
 Y aplácate para con tus siervos.
0:14  De mañana sácianos de tu misericordia,
 Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
90:15  Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
 Y los años en que vimos el mal.
90:16  Aparezca en tus siervos tu obra,
 Y tu gloria sobre sus hijos.
90:17  Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,
 Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;
 Sí,  la obra de nuestras manos confirma.

                Al umbral del año, fiel y buen Pastor,
           Los tuyos te ofrecen cánticos de amor.
           Redentor divino, Tú conoces ya,
           Lo que nos espera en el mundo acá;
           Toma nuestra mano, danos tu poder,
           Hasta que tu rostro nos permitas ver.

 El Salmo noventa se puede citar como quizá la más sublime de las composiciones humanas, la más profunda en sentimiento, la más elevada en concepción teológica, la más magnífica en sus imágenes. Es verdadera en la descripción que da de la vida humana como atribulada, transitoria y pecaminosa. Verdadera en su concepto del Eterno: el Soberano y el Juez; y, con todo, el refugio y esperanza de los hombres, que, a pesar de las pruebas más severas de su fe, no pierden su confianza en El, sino que, firmes en ella, suplican, como si lo predijeran, una sazón de refrigerio cercano.
 En el Versículo 1ro. sin adentrarnos mucho mas dice: "Señor, tú nos has sido por refugio de generación en generación". Moisés, en efecto, dice que, por más que seamos peregrinos en el desierto, con todo, tenemos un hogar en EL, tal como nuestros antepasados cuando salieron de Ur de los caldeos y moraron en tiendas entre los cananeos, entre malos elementos y con mucha inseguridad.
 Si Señor, NO es en el tabernáculo o en el templo que moramos, No es en nuestras casas artesonadas y lujosas, No es en fortalezas hechas por seres humanos, sino en DIOS mismo; y esto lo han hecho los justos desde siempre, desde que existe la Iglesia en el mundo. Si Señor, No hemos cambiado nuestra morada. Los palacios de los reyes han desaparecido arrastrados por la mano del tiempo, o han sido incendiados y han quedado sólo ruinas después del desastre, pero la raza del cielo nunca ha perdido su regia habitación". (Selec. y Adap. de C. H. Spurgeon).
 Es una expresión notable, para la cual no hay equivalente en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura, salvo donde dice que nuestra vida esta escondida con Cristo en Dios... DIOS ES NUESTRA MORADA. La Escritura en otros puntos dice precisamente lo opuesto: llama a los hombres templos de Dios, en los cuales habita Dios; «el templo de Dios es santo», dice Pablo; «y vosotros sois este templo». Moisés nos da una versión invertida de ello, y afirma que nosotros habitamos en esta Casa inconmovible.

 “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación”. (Salmo 90:1).

 "NO PUEDES RETENER un águila en el bosque. Puedes reunir alrededor de ella un coro de las aves más selectas; puedes proporcionarle un lugar para posarse en el mejor de los pinos; puedes enviar mensajeros alados que le proporcionen las golosinas más escogidas. Pero el águila lo despreciará todo, extenderá sus alas señoriales, y con el ojo puesto en los cimas alpinas se elevará hacia los lugares ancestrales.

 Alza tu canto, ¡oh lengua mía!
alza tu canto mi corazón;
llénese el alma de alegría,
con alegría de devoción.

 Vuelen al cielo los ecos santos
que arranco alegre a mi laúd;
vuelen al cielo mis dulces cantos,
mis dulces cantos de gratitud.

 Ya siento el fuego de los amores,
de los amores del grato edén,
ya no me acosan crudos dolores
porque contemplo a Jerusalén.

 Padre, en tu regia, santa morada,
donde la dicha no tiene fin
allí mi patria miro esmaltad,
de bellas flores de tu jardín.

 Llévame, oh Padre, para consuelo;
nada en la tierra yo espero ya;
Llévame al cielo, llévame al cielo,
que allí tan sólo mi dicha está.

                                                H. M."

Manantiales en el Desierto II.- 27 de Septiembre.-

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-

Llamamiento de Leví  (Mt. 9.9-13; Mr. 2.13-17)

Luc.5:27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.  
Luc.5:28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.  
Luc.5:29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.  
Luc.5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
Luc.5:31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  
Luc.5:32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

La pregunta sobre el ayuno  (Mt. 9.14-17; Mr. 2.18-22)

Luc.5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?  
Luc.5:34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?  
Luc.5:35 Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.  
Luc.5:36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.  
Luc.5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.  
Luc.5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan.  
Luc.5:39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.


Libro Primero de Moisés
GENESIS

Capítulo 1

La creación  
Gen.1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.  
Gen.1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.  
Gen.1:3 Y dijo Dios: Sea la luz;  y fue la luz.  
Gen.1:4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.  
Gen.1:5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.  
Gen.1:6 Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.  
Gen.1:7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
Gen.1:8 Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.  
Gen.1:9 Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
Gen.1:10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.  
Gen.1:11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.  
Gen.1:12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.  
Gen.1:13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero.  
Gen.1:14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,  
Gen.1:15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.  
Gen.1:16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.  
Gen.1:17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,  
Gen.1:18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.  
Gen.1:19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.  
Gen.1:20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.  
Gen.1:21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.  
Gen.1:22 Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.  
Gen.1:23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto.  
Gen.1:24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.  
Gen.1:25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.  
Gen.1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.  
Gen.1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  
Gen.1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.  
Gen.1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.  
Gen.1:30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.  
Gen.1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.  

Capítulo 2

Gen.2:1 Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.  
Gen.2:2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.  
Gen.2:3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.  

El hombre en el huerto del Edén  

Gen.2:4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,  
Gen.2:5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,  
Gen.2:6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.  
Gen.2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.  
Gen.2:8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.  
Gen.2:9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida  en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.  
Gen.2:10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.  
Gen.2:11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;  
Gen.2:12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.  
Gen.2:13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.  
Gen.2:14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.  
Gen.2:15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.  
Gen.2:16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;  
Gen.2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.  
Gen.2:18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.  
Gen.2:19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.  
Gen.2:20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.  
Gen.2:21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.  
Gen.2:22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.  
Gen.2:23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.  
Gen.2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.  
Gen.2:25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.


SALMOS

LIBRO I

Capítulo 1

El justo y los pecadores

Sal.1:1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sal.1:2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Sal.1:3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.
Sal.1:4 No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.
Sal.1:5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.
Sal.1:6 Porque Jehová conoce el camino de los justos;

Mas la senda de los malos perecerá.


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