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“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Hebreos 4:13).-

Dios se olvidó de mí

 Para celebrar el aniversario de Enriqueta, que cumplía 104 años de edad, en un geriátrico de la ciudad de La Plata el día 07/11/2016, tuvo lugar una pequeña ceremonia junto a sus sobrinos, en medio de la cual se le preguntó a la agasajada cómo explicaba haber llegado a tan avanzada edad. Entre varios tips revelaba que la clave para vivir cien años o más está en comer cosas simples, mucha fruta y verdura y no fumar, y un tanto sonriente dijo “Dios se olvidó de mí”. Graciosa o amarga, esta respuesta parece mostrar que, de hecho que luego de vivir tantos años, apenas debía de conocer al Dios Todopoderoso, el Creador, que no pierde de vista a ninguna de sus criaturas. El mismo se presenta, por lo contrario, como Aquel que todo lo conoce, todo lo ve y a quien cada uno tendrá que rendir cuenta. “Desde los cielos mira Jehová; ve a todos los hijos de los hombres; desde el lugar de su morada observa a todos los moradores de la tierra. El forma los corazones de todos ellos; atento está a todas sus obras”. (Salmo 33:13-15.)
 Es también El que, a su debido tiempo, manda que “el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. “No hay hombre que tenga potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni mucho menos la impiedad librará al que la posee” (Eclesiastés 12:7 y 8:8).
 Pero la cuestión para jóvenes o ancianos es ésta: “¿Se olvida usted de su Creador? El mismo Eclesiastés advierte: “Acuérdate de tu Creador” y esto ya desde la juventud. Dios nos habla seriamente, pero con bondad. Nos ofrece su gracia, para que no tengamos que temer el juicio. Para liberarnos de él, “no escatimó ni a su propio Hijo”. Dios no se olvida pero nosotros ¿Cuantas veces nos olvidamos de Dios? 
 Cuantos hay que piensan que Dios se olvidó de ellos, que parece que su petición ya lleva 104 años, que su aflicción no ha de tener fin... miremos los que dice en Is.49:15 y 16 donde quedó documentado: "¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti."  "He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros". Esa es palabra que hemos de aferrar a nuestro corazón, Dios no se olvidó de mi, ni de mi petición, y también si no me he arrepentido de mis pecados, tampoco se olvida de mi para el juicio, pero si me acerco a El, reconociendo mi condición y me arrepiento de todo corazón, El promete olvidarse de algo y se compromete así en Is. 43:25 "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados". Gloria sea a Su Nombre santo.-

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 8

Mujeres que sirven a Jesús  

Luc.8:1 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,  
Luc.8:2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,  
Luc.8:3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Parábola del sembrador  (Mt. 13.1-15, 18-23; Mr. 4.1-20)  

Luc.8:4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola:  
Luc.8:5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.  
Luc.8:6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.  
Luc.8:7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.  
Luc.8:8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.  
Luc.8:9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?  
Luc.8:10 Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
Luc.8:11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.  
Luc.8:12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.  
Luc.8:13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.  
Luc.8:14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.  
Luc.8:15 Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.  

Nada oculto que no haya de ser manifestado  (Mr. 4.21-25)

Luc.8:16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz.  
Luc.8:17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz.
Luc.8:18 Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.

La madre y los hermanos de Jesús  (Mt. 12.46-50; Mr. 3.31-35)

Luc.8:19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud.  
Luc.8:20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.  
Luc.8:21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.  



Jesús calma la tempestad  (Mt. 8.23-27;Mr. 4.35-41)  

Luc.8:22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.  
Luc.8:23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban.  
Luc.8:24 Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza.  
Luc.8:25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?


Capítulo 12

Dios llama a Abram  

Gen.12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  
Gen.12:2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  
Gen.12:3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.  
Gen.12:4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.  
Gen.12:5 Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.  
Gen.12:6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.  
Gen.12:7 Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.  
Gen.12:8 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.  
Gen.12:9 Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.  


Abram en Egipto  

Gen.12:10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.  
Gen.12:11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;  
Gen.12:12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.  
Gen.12:13 Ahora, pues, di que eres mi hermana,  para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.  
Gen.12:14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.  
Gen.12:15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.  
Gen.12:16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.  
Gen.12:17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.  
Gen.12:18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?  
Gen.12:19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.  
Gen.12:20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.


Capítulo 6

Oración pidiendo misericordia en tiempo de prueba
Al músico principal; en Neginot, sobre Seminit. Salmo de David.

Sal.6:1 Jehová, no me reprendas en tu enojo,
Ni me castigues con tu ira.
Sal.6:2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo;
Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
Sal.6:3 Mi alma también está muy turbada;
Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
Sal.6:4 Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma;
Sálvame por tu misericordia.
Sal.6:5 Porque en la muerte no hay memoria de ti;
En el Seol, ¿quién te alabará?
Sal.6:6 Me he consumido a fuerza de gemir;
Todas las noches inundo de llanto mi lecho,
Riego mi cama con mis lágrimas.
Sal.6:7 Mis ojos están gastados de sufrir;
Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
Sal.6:8 Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad;
Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.
Sal.6:9 Jehová ha oído mi ruego;
Ha recibido Jehová mi oración.
Sal.6:10 Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos;

Se volverán y serán avergonzados de repente.

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