Ef.1:3 "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,"
TODA BENDICIÓN ESPIRITUAL...
El Dios de toda bendición es también nuestro Padre, un padre que quiere lo mejor para sus hijos un padre bueno y tierno que hará hasta lo imposible para que resguardemos la bendición, o mejor dicho esa "toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo..." Estoy pidiendo al Señor esta mañana que me ayude a recordar por el Espíritu lo que significa "toda bendición espiritual", se que es algo muy grande, y como que estoy parado ante un gran valle fértil y florido pero la niebla de la mañana no me permiten considerar los latifundios. Por lo pronto esos "lugares celestiales", son el lugar de congregación la morada actual y habitual de los creyentes, y es “En Cristo…”. Pues fuera de él, Dios no quiere darnos nada, estando nosotros separados de él por la triple pared de nuestros pecados, de nuestras dudas y de nuestra justicia propia que impide el arrepentimiento. Es, pues, únicamente a la condición de permanecer “en Cristo y en los cielos…”, elevados por medio de la fe por encima de las circunstancias, que podemos disfrutar de esas bendiciones.-
Encontré algo en el devocionario de Lecturas Matutinas de Spurgeon. Mayo 9 y que transcribo: “Que nos bendijo con toda bendición espiritual”.- (Efesios 1:3).- Todo lo bueno del pasado, del presente y del futuro, Cristo lo da a su pueblo. En las misteriosas edades del pasado el Señor Jesús fue el primer elegido de su Padre, y en su elección nos benefició, pues fuimos elegidos en El antes de la fundación del mundo. El tiene desde toda eternidad, como unigénito del Padre e Hijo bienamado, las prerrogativas de la filiación. Y en las riquezas de su gracia, por adopción y por regeneración, nos elevó a nosotros también a la categoría de hijos, de suerte que a nosotros nos dio «potestad de ser hechos hijos de Dios». El pacto eterno basado en la seguridad y confirmado con juramento es nuestro, para nuestro fortísimo consuelo y para nuestra seguridad. En el eterno establecimiento de la sabiduría y de la ley, el ojo del Señor Jesús estaba fijo en nosotros, y podemos estar seguros de que en todo el rollo del destino no hay una sola línea que se oponga a los intereses de los redimidos por Jesús. El casamiento del Príncipe de Gloria es el nuestro, pues es con nosotros con quien El está comprometido. Las sagradas bodas, que se celebrarán en breve, mostrarán esto al mundo entero La maravillosa encarnación del Dios del cielo con toda su admirable condescendencia y humillación es nuestra. El sudor de sangre, los azotes y la cruz son nuestros para siempre. Cualquier bienaventuranza que provenga de su obediencia perfecta, de su consumada expiación, de su resurrección, ascensión e intercesión, son todas nuestras. Sobre su pectoral Jesús está llevando ahora nuestros nombres; y en sus autorizadas intercesiones ante el trono, recuerda nuestras personas y defiende nuestra causa. Su dominio sobre los principados y las potestades y su absoluta majestad en los cielos los emplea en bien de los que en El confían. Su alto rango está ahora a nuestro servicio como lo estaba antes su condición de humillación".-
LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-
Capítulo 33
Reconciliación entre Jacob y Esaú
Gen.33:1 Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas.
Gen.33:2 Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos.
Gen.33:3 Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano.
Gen.33:4 Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron. Gen.33:5 Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo.
Gen.33:6 Luego vinieron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron.
Gen.33:7 Y vino Lea con sus niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se inclinaron.
Gen.33:8 Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor.
Gen.33:9 Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo.
Gen.33:10 Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido.
Gen.33:11 Acepta, te ruego, mi presente que te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. E insistió con él, y Esaú lo tomó.
Gen.33:12 Y Esaú dijo: Anda, vamos; y yo iré delante de ti.
Gen.33:13 Y Jacob le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.
Gen.33:14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir.
Gen.33:15 Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo. Y Jacob dijo: ¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi señor.
Gen.33:16 Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir.
Gen.33:17 Y Jacob fue a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado; por tanto, llamó el nombre de aquel lugar Sucot.
Gen.33:18 Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad.
Gen.33:19 Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien monedas.
Gen.33:20 Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel.
Capítulo 34
La deshonra de Dina vengada
Gen.34:1 Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país.
Gen.34:2 Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró.
Gen.34:3 Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella.
Gen.34:4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer a esta joven.
Gen.34:5 Pero oyó Jacob que Siquem había amancillado a Dina su hija; y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.
Gen.34:6 Y se dirigió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él.
Gen.34:7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se enojaron mucho, porque hizo vileza en Israel acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.
Gen.34:8 Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.
Gen.34:9 Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras.
Gen.34:10 Y habitad con nosotros, porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión.
Gen.34:11 Siquem también dijo al padre de Dina y a los hermanos de ella: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.
Gen.34:12 Aumentad a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me dijereis; y dadme la joven por mujer.
Gen.34:13 Pero respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con palabras engañosas, por cuanto había amancillado a Dina su hermana.
Gen.34:14 Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre incircunciso, porque entre nosotros es abominación.
Gen.34:15 Mas con esta condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón.
Gen.34:16 Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo.
Gen.34:17 Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos iremos.
Gen.34:18 Y parecieron bien sus palabras a Hamor, y a Siquem hijo de Hamor.
Gen.34:19 Y no tardó el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado; y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.
Gen.34:20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo:
Gen.34:21 Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en él; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras.
Gen.34:22 Mas con esta condición consentirán estos hombres en habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, así como ellos son circuncidados.
Gen.34:23 Su ganado, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros; solamente convengamos con ellos, y habitarán con nosotros.
Gen.34:24 Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad.
Gen.34:25 Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón.
Gen.34:26 Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron.
Gen.34:27 Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por cuanto habían amancillado a su hermana.
Gen.34:28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo,
Gen.34:29 y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa.
Gen.34:30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.
Gen.34:31 Pero ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?
Capítulo 35
Dios bendice a Jacob en Bet-el
Gen.35:1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.
Gen.35:2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.
Gen.35:3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado.
Gen.35:4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem.
Gen.35:5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.
Gen.35:6 Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo el pueblo que con él estaba.
Gen.35:7 Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.
Gen.35:8 Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut.
Gen.35:9 Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo.
Gen.35:10 Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel.
Gen.35:11 También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.
Gen.35:12 La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra.
Gen.35:13 Y se fue de él Dios, del lugar en donde había hablado con él.
Gen.35:14 Y Jacob erigió una señal en el lugar donde había hablado con él, una señal de piedra, y derramó sobre ella libación, y echó sobre ella aceite.
Gen.35:15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Bet-el.
Muerte de Raquel
Gen.35:16 Después partieron de Bet-el; y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto.
Gen.35:17 Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la partera: No temas, que también tendrás este hijo.
Gen.35:18 Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín.
Gen.35:19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén.
Gen.35:20 Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy.
Gen.35:21 Y salió Israel, y plantó su tienda más allá de Migdal- edar.
Los hijos de Jacob (1 Cr. 2.1-2)
Gen.35:22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:
Gen.35:23 los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob; Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.
Gen.35:24 Los hijos de Raquel: José y Benjamín.
Gen.35:25 Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.
Gen.35:26 Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram.
Muerte de Isaac
Gen.35:27 Después vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac.
Gen.35:28 Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años.
Gen.35:29 Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días; y lo sepultaron Esaú y Jacob sus hijos.
- * - * - * -
Capítulo 10
Elección de los doce apóstoles - (Mr. 3. 13-19; Lc. 6. 12-16)
Mat.10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
Mat.10:2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
Mat.10:3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
Mat.10:4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
Misión de los doce - (Mr. 6. 7-13; Lc. 9. 1-6)
Mat.10:5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,
Mat.10:6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Mat.10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Mat.10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Mat.10:9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;
Mat.10:10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.
Mat.10:11 Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.
Mat.10:12 Y al entrar en la casa, saludadla.
Mat.10:13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.
Mat.10:14 Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
Mat.10:15 De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
Persecuciones venideras
Mat.10:16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
Mat.10:17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;
Mat.10:18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.
Mat.10:19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.
Mat.10:20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
Lecturas Matutinas de Spurgeon
ENERO 14.-
Cristo es «poderoso» para salvar.-
“Grande para Salvar” (Isaías 63:1).-
Por la frase «para salvar» entendemos el conjunto de la gran obra de la salvación, desde el primer deseo santo hasta la completa santificación. Estas palabras encierran multum in parvo. En realidad, tenemos aquí toda la misericordia en una palabra. Cristo no solo es poderoso para salvar a los que se arrepienten, sino también para hacer que los hombres se arrepientan. El llevará al cielo a los que creen; y, además, es poderoso para dar nuevos corazones a los hombres y producir en ellos fe. Jesús puede hacer que el hombre que odia la santidad, la, ame; y que el que desprecia su nombre, doble ante El sus rodillas. Más aún, pues el poder divino se ve igualmente en la obra posterior. La vida del creyente es una serie de milagros realizados por el «poderoso Dios». La zarza arde pero no se consume. Jesús es poderoso para mantener a los suyos en la vida de santidad en que los colocó, y para preservarlos en su temor y su amor, hasta perfeccionar, en el cielo, sus vidas espirituales. El poder de Cristo no consiste en hacer que uno crea para, luego, dejarlo que se las arregle por sí solo. Todo lo contrario, pues el que empezó la buena obra, la perfeccionará. El que imparte el germen de la vida al alma muerta, sigue la obra y la fortalece hasta romper toda ligadura pecaminosa y hasta que el alma suba perfeccionada de la tierra al cielo. Creyente, aquí tienes estímulo. ¿Oras por algún amado? No dejes de orar, pues Cristo es «poderoso para salvar». Tú eres impotente para domar al rebelde, pero tu Señor es todopoderoso. Préndete de ese potente brazo y excítalo para que dé su fuerza. ¿Te inquieta tu situación? No temas, su poder es suficiente también para ti. Tanto para empezar la obra en otros como para proseguir la que ha empezado en ti, Jesús es «poderoso para salvar». La mejor prueba de esto: El te ha salvado, y también ha derramado mil bendiciones sobre ti.
Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo

No hay comentarios:
Publicar un comentario