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“Lámpara del Señor es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón”. (Proverbios 20:27).-
“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. (1 Corintios 2:11).-

ESPÍRITU DEL HOMBRE Y EL ESPÍRITU DE DIOS

 Pese a lo imperfectamente que cada cual se conoce, es uno mismo, sin embargo, el único entre los hombres que sabe lo que pasa en su interior. “El corazón conoce la amargura de su alma; y extraño no se entremeterá en su alegría” (Proverbios 14:10). Algo de ello se refleja al exterior, pues “el corazón hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Prov. 15:13). No obstante, cada corazón sigue siendo un mundo cerrado aun para los allegados. Y sólo vemos claro en nosotros mismos al ser alumbrados por la luz divina, porque: “en tu luz veremos la luz” decía el salmista. La lámpara del Señor muestra a nuestra conciencia y a nuestro corazón “lo profundo” que, a la verdad, no nos gusta sondear porque revela nuestra miseria moral, ese “pecado” ligado a nuestra naturaleza. Cuando Dios dice: “No codiciarás”, justamente descubrimos que estamos llenos de codicias
 ¡Cuánto más difícil aun es conocer a Dios mismo! Es en vano que la sabiduría humana trate de penetrar los secretos de lo que supera al hombre. A veces cree poder demostrar la existencia de Dios, otras veces pretende probar que El no existe. Lo representa a la semejanza de los hombres imperfectos o, al contrario, proclama que El se halla tan alejado de los hombres que ellos no tienen nada que ver con El.
 Para conocernos a nosotros mismos tanto como para conocer a Dios, sólo está el Espíritu de Dios. El nos habla mediante la Escritura, la divina Palabra. Escuchémosla siempre. 
 Dios es espíritu y es a través del espíritu del hombre es que trata con el hombre, fijémonos el orden que usa la Escritura: espíritu primero, luego alma, y por ultimo, cuerpo, por que es en el espíritu que recibimos las revelaciones, y a Dios se debe adorar, en el espíritu, porque en esa esfera el hombre se presenta como es y no con deseos de aparentar una santidad un tanto fingida y Dios recibe esa adoración profunda y sin apariencias, quizá sin manifestaciones externas de devoción, allí es cuando el justo esta floreciendo como la palmera, allí arriba, bien arriba, solo para el Señor, solo para el amado de su alma, es una adoración muy pura que sale de un alma iluminada por el Espíritu Santo... 

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo






LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 3


Ministerio de Pablo a los gentiles  


Ef.3:1 Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;  
Ef.3:2 si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros;  
Ef.3:3 que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente,  
Ef.3:4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo,  
Ef.3:5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:  
Ef.3:6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio,
Ef.3:7 del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.  
Ef.3:8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,  
Ef.3:9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;  
Ef.3:10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,  
Ef.3:11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,  
Ef.3:12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;  
Ef.3:13 por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.
El amor que excede a todo conocimiento  


Ef.3:14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,  
Ef.3:15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,  
Ef.3:16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;  
Ef.3:17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,  
Ef.3:18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,  
Ef.3:19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.  
Ef.3:20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,  
Ef.3:21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.  

Capítulo 8


Visión de las abominaciones en Jerusalén  


Ez.8:1 En el sexto año, en el mes sexto, a los cinco días del mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre mí la mano de Jehová el Señor.  
Ez.8:2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente.
Ez.8:3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos.  
Ez.8:4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo.
Ez.8:5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada.  
Ez.8:6 Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores.  
Ez.8:7 Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero.  
Ez.8:8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta.  
Ez.8:9 Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí.  
Ez.8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor.  
Ez.8:11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso.  
Ez.8:12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra.  
Ez.8:13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos.  
Ez.8:14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz.  
Ez.8:15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas.  
Ez.8:16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente.  
Ez.8:17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices.  
Ez.8:18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.  


Capítulo 9


Visión de la muerte de los culpables  


Ez.9:1 Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.  
Ez.9:2 Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.  
Ez.9:3 Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,  
Ez.9:4 y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.  
Ez.9:5 Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.  
Ez.9:6 Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo.  
Ez.9:7 Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.  
Ez.9:8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?  
Ez.9:9 Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.  
Ez.9:10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.  
Ez.9:11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste.  

Capítulo 41


Seguridad de Dios para Israel  


Is.41:1 Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos; acérquense, y entonces hablen; estemos juntamente a juicio.  
Is.41:2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo, como hojarasca que su arco arrebata?  
Is.41:3 Los siguió, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado.  
Is.41:4 ¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros.  
Is.41:5 Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la tierra se espantaron; se congregaron, y vinieron.  
Is.41:6 Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate.  
Is.41:7 El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.  
Is.41:8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
Is.41:9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.  
Is.41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.  
Is.41:11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.  
Is.41:12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.  
Is.41:13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.  
Is.41:14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.  
Is.41:15 He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo.  
Is.41:16 Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel.  
Is.41:17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.  
Is.41:18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca.  
Is.41:19 Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente,  
Is.41:20 para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.  


Dios reta a los falsos dioses  


Is.41:21 Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob.  
Is.41:22 Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir.  
Is.41:23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos.  
Is.41:24 He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió.  
Is.41:25 Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del sol invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero.  
Is.41:26 ¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos; o de tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no hay quien anuncie; sí, no hay quien enseñe; ciertamente no hay quien oiga vuestras palabras.  
Is.41:27 Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a Jerusalén daré un mensajero de alegres nuevas.  
Is.41:28 Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y ningún consejero hubo; les pregunté, y no respondieron palabra.  
Is.41:29 He aquí, todos son vanidad, y las obras de ellos nada; viento y vanidad son sus imágenes fundidas.

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