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“Como la altura de los cielos sobre la tierra, (Dios) engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. (Salmo 103:11).-

Las distancias en el Universo

 Con la ayuda de telescopios ópticos, radio-telescopios y satélites el hombre ha sido capaz de explorar el Universo hasta distancias que parecen infinitas. La luz viaja a una velocidad tal que daría siete vueltas y media alrededor de la Tierra en un segundo. Viajando con esa inconcebible rapidez, un rayo de luz solar tarda, no obstante, unos 8 minutos en llegar hasta nosotros. La distancia que la luz recorre en un año a la velocidad de 299.792 km. por segundo se conoce como un año luz. El sistema de la Vía Láctea tiene un diámetro de unos 80.000 a 100.000 años luz. La gran nebulosa de Orión está alejada unos 1600 años luz de nosotros. Existen unos sistemas estelares a unos 2.000 millones de años luz, lo que viene a ser el límite de la distancia observable con los más grandes telescopios ópticos actuales.
 Si sólo en recientes años supimos algo de la enorme distancia a que se hallan las estrellas, recordemos que Dios lo sabía cuando hizo decir por el profeta Isaías: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos”. ¡Qué poca cosa son nuestros más altos pensamientos en comparación con los del “Alto y Sublime que habita la eternidad”! Muchos han pensado que un Ser tan elevado no se preocuparía por criaturas como nosotros. Sin embargo, la Biblia nos dice que Dios “miró desde los cielos a la tierra para oír el gemido de los presos, para soltar los sentenciados a muerte”. El mismo nos asegura que “el cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies... pero miraré a aquél que es pobre y humilde de espíritu”. ¡Qué confianza nos da su Palabra!
 Uno de los más fantásticos hechos descubiertos por los astrónomos es el que, cualquiera sea la dirección en que investigan, las galaxias (conglomerado de estrellas) que se hallan más distantes de nosotros se alejan más todavía. Cuanto más alejada está una galaxia, tanto mayor es la velocidad con la que se aleja. Por el cálculo basado en ese progresivo aumento de velocidad, resulta que no se podrá observar un cuerpo celeste más allá del límite de 4 billones de años luz. El Sol, desde luego, está a una distancia muy inferior al de un año luz y, en comparación con las fabulosas distancias de los cielos estrellados, estamos prácticamente “codeándonos” con él.
 Aunque tratáramos de medir el amor de Dios con tan tremendas medidas como las necesarias para las vastas distancias del Universo, igualmente nos quedaríamos cortos. El espíritu humano no está más capacitado para comprender la plena extensión del amor divino que la vista humana para observar las distancias tan fácilmente expresadas como diez millones de años luz. Jesús nos dio una medida de su amor en el versículo que dice: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos”. (Juan 15:13). Su amor por los suyos fue más grande que el de cualquier ser humano; cruzó la inmensa distancia que nos separaba de Dios, de tal manera que, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
 En el pasaje en que Isaías se refiere al “Alto y Sublime que habita la eternidad”, Dios mismo prosigue diciendo: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu”. ¡Qué privilegio es éste!: ¡habitar con Dios en la altura y la santidad! La única condición para gozar de ese glorioso hecho es la de tener un espíritu quebrantado y humilde que acepte la salvación ofrecida mediante la cruz. Señor auméntanos la fe...

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


La entrada triunfal en Jerusalén   (Mt. 21.1-11; Mr. 11.1-11; Jn. 12.12-19)

Luc.19:28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén.  
Luc.19:29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,  
Luc.19:30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.  
Luc.19:31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.
Luc.19:32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.  
Luc.19:33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?  
Luc.19:34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.  
Luc.19:35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.  
Luc.19:36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino.  
Luc.19:37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,  
Luc.19:38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!  
Luc.19:39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.  
Luc.19:40 El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.
Luc.19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,  
Luc.19:42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.  
Luc.19:43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,  
Luc.19:44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

Purificación del templo   (Mt. 21.12-17; Mr. 11.15-19; Jn. 2.13-22)

Luc.19:45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él,  
Luc.19:46 diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
Luc.19:47 Y enseñaba cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle.  
Luc.19:48 Y no hallaban nada que pudieran hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.  


Capítulo 34

La deshonra de Dina vengada  

Gen.34:1 Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país.  
Gen.34:2 Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró.  
Gen.34:3 Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella.  
Gen.34:4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer a esta joven.  
Gen.34:5 Pero oyó Jacob que Siquem había amancillado a Dina su hija; y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.  
Gen.34:6 Y se dirigió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él.  
Gen.34:7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se enojaron mucho, porque hizo vileza en Israel acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.  
Gen.34:8 Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.  
Gen.34:9 Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras.  
Gen.34:10 Y habitad con nosotros, porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión.  
Gen.34:11 Siquem también dijo al padre de Dina y a los hermanos de ella: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.  
Gen.34:12 Aumentad a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me dijereis; y dadme la joven por mujer.  
Gen.34:13 Pero respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con palabras engañosas, por cuanto había amancillado a Dina su hermana.  
Gen.34:14 Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre incircunciso, porque entre nosotros es abominación.  
Gen.34:15 Mas con esta condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón.  
Gen.34:16 Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo.  
Gen.34:17 Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos iremos.  
Gen.34:18 Y parecieron bien sus palabras a Hamor, y a Siquem hijo de Hamor.  
Gen.34:19 Y no tardó el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado; y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.  
Gen.34:20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo:  
Gen.34:21 Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en él; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras.  
Gen.34:22 Mas con esta condición consentirán estos hombres en habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, así como ellos son circuncidados.  
Gen.34:23 Su ganado, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros; solamente convengamos con ellos, y habitarán con nosotros.  
Gen.34:24 Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad.  
Gen.34:25 Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón.  
Gen.34:26 Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron.  
Gen.34:27 Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por cuanto habían amancillado a su hermana.  
Gen.34:28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo,  
Gen.34:29 y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa.  
Gen.34:30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.  
Gen.34:31 Pero ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?  


Capítulo 26

Declaración de integridad
Salmo de David.

Sal.26:1 Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado;
He confiado asimismo en Jehová sin titubear.
Sal.26:2 Escudríñame, oh Jehová, y pruébame;
Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.
Sal.26:3 Porque tu misericordia está delante de mis ojos,
Y ando en tu verdad.
Sal.26:4 No me he sentado con hombres hipócritas,
Ni entré con los que andan simuladamente.
Sal.26:5 Aborrecí la reunión de los malignos,
Y con los impíos nunca me senté.
Sal.26:6 Lavaré en inocencia mis manos,
Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová,
Sal.26:7 Para exclamar con voz de acción de gracias,
Y para contar todas tus maravillas.
Sal.26:8 Jehová, la habitación de tu casa he amado,
Y el lugar de la morada de tu gloria.
Sal.26:9 No arrebates con los pecadores mi alma,
Ni mi vida con hombres sanguinarios,
Sal.26:10 En cuyas manos está el mal,
Y su diestra está llena de sobornos.
Sal.26:11 Mas yo andaré en mi integridad;
Redímeme, y ten misericordia de mí.
Sal.26:12 Mi pie ha estado en rectitud;
En las congregaciones bendeciré a Jehová.

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