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1°Jn.4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.


EL AMOR DE DIOS...


 Hay!!!, que tarea que me es propuesta en este día!!!, jamas podre sondear este océano, pero me deleito en mojar mis pies en las suaves arenas de esta playa, es el misterio de los misterios, el poder que domina el universo entero, pues donde hay caos y confusión se establece la armonía, por la fuerza omnipotente que supera la omnipotencia misma... la omnipotencia del amor de Dios...
 Entre nosotros los seres humanos, podemos decir que el verdadero amor, mayormente si viene inspirado de Dios, no soporta el letargo. Es como el fuego de un volcán, de una naturaleza activa; debe estar ocupado. El amor anhela la expresión; no puede quedarse callado. Ordénenle que sea inexpresivo, y le estarán quitando la vida. El verdadero amor no se satisface con expresarse únicamente en palabras. Es cierto que utiliza palabras, pero está dolorosamente consciente de la debilidad de esas palabras, pues el pleno significado del amor no puede comunicarse por medio del lenguaje humano. Quiebra la cerviz de las palabras, y las aplasta cuando pone en ellas todo el peso de su significado. El amor debe expresarse en obras, como lo dice nuestro viejo refrán: "las acciones hablan más fuerte que las palabras." El amor se deleita también en sacrificios; se regocija en la abnegación; y entre más costoso el sacrificio, más se complace el amor en realizarlo. El amor no ofrece lo que no le cuesta nada; el amor no teme soportar dolores, y pérdidas, y cruces: pues así se expresa mejor.
 Aunque este es un principio general, que no sólo es aplicable a los hombres, también atañe a Dios mismo; pues "Dios es amor," y siendo amor, Él debe manifestar Su amor, y no puede quedarse satisfecho hablando simplemente de Su amor. Su amor debe manifestarse en la acción. Más que eso, Dios no habría podido descansar si no hubiera hecho el mayor sacrificio que podía hacerse, es decir, entregar a Su unigénito Hijo para que muriera en lugar de los pecadores, de los enemigos. Cuando hubo hecho eso, entonces Su amor descansó. Dios no viene a nosotros diciéndonos: "hombres y mujeres, Yo los amo; y deben creer que Yo los amo aunque no haga nada para demostrarles Mi amor." Él, de cierto, nos pide que creamos en Su amor, pero además nos ha dado abundantes pruebas de él; y, por eso, tiene el derecho de exigir nuestra fe en ese amor, porque "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él".
 El apóstol del amor, que escribió el capítulo del cual se ha tomado el texto, nos dice: "En esto se nos ha dado a conocer", "en esto hemos conocido, en esto conocemos verdaderamente, el amor de Dios, en que envió a Su Hijo y El  puso su vida por nosotros." Así como nosotros descubrimos el amor de otros cuando vemos los sacrificios que están dispuestos a hacer por nosotros, o del sacrificio de los padres por los hijos o viceversa, lo mismo sucede con Dios cuando entrega la Vida de Su Hijo. Nosotros descubrimos, discernimos, percibimos, y somos llevados a conocer el amor que siente por nosotros, por el hecho de que Dios envió a Su Hijo y de que "él puso su vida por nosotros."...
 Ahora, todo padre humano a quien le matan a su hijo con alevosía y crueldad, no sabe mas que llenarse de rencores y soñar y planificar venganzas (Supe de una madre que se enfrentó con el asesino de su hijo en la sala de un juzgado y le dijo que lo perdonaba, y oro a Dios por el asesino de su hijo y lo bendijo), pero semejante obra sale únicamente de la inspiración del Padre... ¿Quién hubiera jamás imaginado esa manifestación del amor divino? Pero ¿Qué otro medio podría haber planificado Dios para enseñarnos lo íntimo de su corazón y darnos a conocer su propia naturaleza?. Es cierto que ese don maravilloso resulta humillante para nuestro orgullo, pues significa que estábamos irremediablemente perdidos e incapaces de regenerarnos y salvarnos sin ese don “inefable…”, sin esa “víctima propiciatoria…”,
 “el amor manifestado hacia nosotros…”, mas bien: “en nosotros…”, revelándose a nuestros corazones, siendo incapaces de amar a Dios, a un Dios cuya justicia y santidad eran proclamadas por nuestra conciencia, que no podía hablarnos de su amor.- 
 Dios es santo y aborrece el mal; El es justo y no tiene por inocente al culpable. La Biblia que nos muestra esos caracteres, también nos habla de El como siendo “Amor”. “Dios es amor” (1 Juan 4) y dio la prueba de ello al dar a su Hijo unigénito “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
 Y no sólo esto. Jesucristo mismo se presentó a los hombres como el enviado de Dios y les dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”, “Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar la que se había perdido” (Lucas 4:18-19 y 19:10). 
 Tal es la prueba del amor de Dios para con nosotros. ¿Es de extrañar que el Creador se interese por su criatura? Si mi hijo estuviese hundido en la más profunda miseria, ¿estaría yo equivocado en hacer todo lo que estuviera a mi alcance paro librarle, aunque se hallara él en esa situación por su culpa?. El hecho de que Dios quiso salvar a pecadores como lo somos todos es un rasgo de la divina belleza del Evangelio.
"¿Qué más quisieramos pedir a Dios que hiciera para manifestar que ama al mundo, además de lo que ya ha hecho? Dios mismo hace esa pregunta: "¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no hice en ella?" (Isaías 5:4). Pues envió los más santos de entre los hombres, y el mundo les echó en cavernas y cuevas. Les ató a estacas y les quemó vivos. Envió a su Hijo Unigénito y le crucificaron y sepultaron. Pero Dios le resucitó de entre los muertos y lo elevó al trono, para nuestra justificación. y todavía, no estando satisfecho, envió al Espíritu Santo, y así está hoy con nosotros hasta el fin. ¿Qué más podía hacer? Dios nos pregunta ahora: "¿Quisieran pedirme que envíe a Cristo a la tierra de nuevo para sufrir y morir?"
 Si volviera Cristo otra vez y subiera al Calvario para padecer las agonías de la cruz, ¿haría esto más patente el hecho de que Dios nos ama? ¿Nos dejaría satisfecho esto? Tengamoslo bien presente que esto nos concierne, que se trata de nosotros. Dios ha procurado manifestarnos que ama al mundo, deseando que creámos que "Dios es amor". El hecho es que siempre estamos midiendo a Dios con nuestra pequeña y corta regla de medir; tal es nuestra fatalidad. Estamos procurando medir el amor de Dios con la medida del amor humano. Esta es la falta que cometemos. Es imposible medir el amor de Dios, pues "sobrepuja a todo entendimiento". Nosotros amamos a las personas mientras tanto que son dignas de nuestro amor, y cuando ya no lo son, mientras más lejos estén de nosotros, mejor. ¡Cuántos hay que han desechado a sus esposas, habiéndose trocado su amor, al parecer, en odio, porque sus esposas han hecho algo contrario a su gusto!. De muy poco valor es nuestro amor, apenas si traspasa la epidermis. Amamos lo amable, pero si tropezamos con reveces nuestro amor se desvanece como humo de paja.
 Téngase bien presente que, en cambio, el amor de Dios es inmutable. El ama constantemente. En ninguna parte del mundo existe hombre o mujer a quien Dios no haya amado. En Juan capítulo 13, hay un pasaje que es muy agradable. En el primer versículo leemos: "Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin". ¿Cuándo dijo esto el Señor Jesús?... Lo dijo en aquella noche cuando Judas salió, le traicionó y le vendió por treinta monedas de plata. Y al decir Jesús esas palabras, sabía que Judas intentaba venderlo. "Les amó hasta el fin". Aquello sucedió la noche en que Pedro iba a maldecir y jurar que no lo conocía. Y no obstante, amó a Pedro.
 ¿Por qué nos ama así? No puedo explicar el porqué puso su amor e una raza de pecadores como nosotros. Tan difícil es explicar esto, como difícil es decir porqué brilla el sol. Supongo que es cosa inevitable. Es propio de su naturaleza brillar, y así la naturaleza de Dios es amar. Sí, es su naturaleza. Bendito sea el Señor, no escucharemos cosa mejor en esta tierra. Confórmese nuestra mente a este hecho. El hecho es que "Dios es amor".
 Dios dice: "Yo no me olvidaré de ti" (Isaías 49: 95). Su amor es todavía más profundo y más amplio aún. Nunca, nunca cesa. Se cuenta de un hombre que tenía un conocido que le invito a un banquete, este quedó sorprendido de la manera graciosa con que la señora de la casa atendía, como si estuviese apurada todo el tiempo. Este hombre descubrió que había olvidado algo en el comedor, y volvió a recogerlo. Y allí encontró a la señora sentada a la mesa con un niño enfermo en su regazo. Con voz temblorosa la madre presentó al jovencito como a su hijo menor, diciendo: "Se ha desviado yendo muy lejos, pero todavía le amo"... Era natural que le amase. Esa es la clase de amor que hará volver en sí a este viejo mundo. Proclamemos al mundo que Dios le ama con un amor inmutable e incesante.-
 ¡Madre! ¿Tienes tú una familia de varios hijos, de los cuales uno se ha descarriado? ¿No amas tú a ese pródigo? ¿Pasa alguna noche que no levantes tu corazón en ruego a Dios por él, o pasa día que no clames al cielo por ese hijo? Pues bien si tu amas a ese errante, ¿no crees que Dios ama a los descarriados? No hay persona a quién no ama Dios. El demonio les ha hecho creer que Dios es su enemigo. Hagamos nuestra protesta contra esta mentira y proclamemos la buena nueva de que "Dios es Amor". Créanlo o no, El nos ama. El ama con amor eterno. El profeta Jeremías hace esta afirmación de parte de Dios: "Con amor eterno te he amado" (Jeremías 31:3). No conoce fin. ¿Cómo podemos nosotros medir lo infinito? 
 Acordémosno ahora de la bien conocida historia de Abraham e Isaac en el Monte Moria.
 Llegó la última noche. Aquella noche no durmió Abraham, no podía dormir. Derramó muchas lágrimas aquella noche, y su clamor subió a Dios implorando socorro. Luego pasó la mañana sin probar bocado. Le agitaba un conflicto terrible. Isaac nunca había visto a su padre sumergido en tanta tribulación. No comprende el caso. Aquella mañana avanzan poco en su camino. El Monte Moria está a la vista. Puedo figurarme cómo el corazón de Abraham palpita en su seno. Late, late rápidamente. Dice luego el Patriarca a su gente: "Sentaos aquí; me adelantaré con Isaac más allá para adorar a Dios" Mientras ascendían hacia la cumbre del monte, dice el muchacho: "Padre, aquí está la leña, el fuego y el cuchillo, pero ¿dónde está la víctima, el corderito para el holocausto?". He pensado cuán terrible debe haber sido aquella respuesta de Abraham: "Dios proveerá para sí cordero para el sacrificio". Unos cuantos siglos más tarde Dios proveyó Cordero para otro sacrificio. ¿Habrá quien diga que no fue provisto? . .. Yo contemplo la prueba de ello.
Por fin han llegado a la cumbre donde están amontonando las piedras, construyendo el altar. Todo está listo y preparado para el holocausto. Allí está el fuego, el cuchillo, todo, todo aderezado, excepto la víctima. Me imagino ver cómo Isaac miraba a todos lados para ver de dónde saldría el corderito. También me imagino ver y oír al anciano Patriarca, cuya cabeza y barba estaban cubiertas con la nieve de los años, decir: "Siéntate aquí hijo mío, tengo algo que contarte".
 Puedo ver aquel padre sentado allá en la cumbre de la montaña. Tal vez no ha habido padre en el mundo que haya amado tanto a su hijo, como Abraham amó a Isaac. Y luego acaso le contó su historia de cómo fue llamado para entrar a esta tierra, y como le vino el mensaje del cielo diciéndole que Dios quería hacer su simiente tan numerosa como las estrellas del cielo, y que por medio de ella todas las naciones de la tierra serían benditas, y que de su simiente saldrían reyes y gobernantes de la tierra, y de cómo sería grande y poderoso su nombre en toda la tierra. y tal vez le contó cómo un día bajo el roble allá en las llanuras del Mamre, dos mensajeros vinieron del cielo y le trajeron las buenas nuevas de que tendría un hijo, y cuan glorioso fue para él ese día, y cómo la promesa llenó su corazón de gozo. Y agregó: "El día que vino a mi casa ese hijo, fue el más feliz de mi vida. No puedo explicarte el gozo que me proporcionó, cómo hizo vibrar mi alma y qué consuelo me haz sido desde que naciste. Y ¿sabes que la última noche que estuvimos en casa, Dios vino a decirme que te trajera acá y te sacrificara en holocausto? Hijo mío, no comprendo todo esto; pero quiero asegurarte que me sería mucho más difícil sacrificarte a ti, que sacrificarme a mí mismo. Preferiría que tú me ataras poniéndome sobre este altar para degollarme en él, que colocarte yo a ti sobre el mismo. Pero debo obedecer a Dios. Me quebrantarías el corazón si me rehusaras atarte y colocarte sobre este altar. Arrodillémonos, pues, para pedirle a Dios que nos de fuerzas".
Veo al padre y al hijo orar juntos. El anciano llora. Queda vencido por sus sentimientos. Y me imagino a Isaac pidiendo fuerzas para esa hora. Abraham le ata de pies y manos, le coloca sobre el altar y se inclina sobre él para darle el último beso. Todo está ya listo para el cuchillo. Abraham levanta su mano que empuña el cuchillo, de repente se oye desde el cielo una voz que dice: "Abraham, Abraham, no extiendas tu mano sobre el muchacho".
 Centenares de años más tarde, cuando los judíos y los gentiles tomaron a Cristo y le clavaron en la cruz, no dudo que los Apóstoles pensaban que se habrían de oír nuevamente voces desde el cielo, de Dios el Padre, diciendo: "Este es mi Hijo amado, mi único Hijo, perdonad su vida". Pero Dios no lo hizo así. Y dice el Apóstol: "A su propio Hijo no perdonó antes le entregó por todos "nosotros" (Romanos 8: 32).
 ¿Quién puede decir que Dios no amó al mundo cuando dio a su Hijo? El hecho es que lo dio voluntariamente. Leemos que Abraham vio el día de Cristo y se gozó. Dios descorrió el velo del tiempo permitiéndole ver hacia el futuro, y vio al Hijo de Dios subir al Calvario llevando su cruz, cargando con los pecados y las enfermedades del mundo.
 Y así quisiera yo ahora llevarlos a la cruz para que contemplemos ese rostro ensangrentado, esas manos y esos pies horadados por nuestra causa. ¿Han visto a ese soldado romano acercarse a la cruz para hundir su lanza en el costado del Hijo de Dios, haciendo brotar agua y sangre que bañan la misma lanza? Me parece que el acto más infernal de todos fue esa lanzazo que traspasó el mismo corazón de Jesús. Ese acto fue el más nefasto.  Gracias a Dios que su sangre es la propiciación por todo pecado. No hay pecado por asqueroso que sea, que no pueda limpiarse mediante la sangre derramada en la cruz.
 ¿Podríamos contemplar al Calvario y dudar por un momento que Dios ama al mundo? Más fácil sería que dudasemos de nuestra propia existencia que de esta verdad". (Seleccionado y adaptado de un artículo publicado por D.L. Moody).-







LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 13

Leyes acerca de la lepra

Lev.13:1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
Lev.13:2 Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes.
Lev.13:3 Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo.
Lev.13:4 Y si en la piel de su cuerpo hubiere mancha blanca, pero que no pareciere más profunda que la piel, ni el pelo se hubiere vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al llagado por siete días.
Lev.13:5 Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la llaga conserva el mismo aspecto, no habiéndose extendido en la piel, entonces el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días.
Lev.13:6 Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo; y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio: era erupción; y lavará sus vestidos, y será limpio.
Lev.13:7 Pero si se extendiere la erupción en la piel después que él se mostró al sacerdote para ser limpio, deberá mostrarse otra vez al sacerdote.
Lev.13:8 Y si reconociéndolo el sacerdote ve que la erupción se ha extendido en la piel, lo declarará inmundo: es lepra.
Lev.13:9 Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído al sacerdote.
Lev.13:10 Y éste lo mirará, y si apareciere tumor blanco en la piel, el cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne viva,
Lev.13:11 es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y le declarará inmundo el sacerdote, y no le encerrará, porque es inmundo.
Lev.13:12 Mas si brotare la lepra cundiendo por la piel, de modo que cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote,
Lev.13:13 entonces éste le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio.
Lev.13:14 Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo.
Lev.13:15 Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra.
Lev.13:16 Mas cuando la carne viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote,
Lev.13:17 y el sacerdote mirará; y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio.
Lev.13:18 Y cuando en la piel de la carne hubiere divieso, y se sanare,
Lev.13:19 y en el lugar del divieso hubiere una hinchazón, o una mancha blanca rojiza, será mostrado al sacerdote.
Lev.13:20 Y el sacerdote mirará; y si pareciere estar más profunda que la piel, y su pelo se hubiere vuelto blanco, el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra que se originó en el divieso.
Lev.13:21 Y si el sacerdote la considerare, y no apareciere en ella pelo blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote le encerrará por siete días;
Lev.13:22 y si se fuere extendiendo por la piel, entonces el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga.
Lev.13:23 Pero si la mancha blanca se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido, es la cicatriz del divieso, y el sacerdote lo declarará limpio.
Lev.13:24 Asimismo cuando hubiere en la piel del cuerpo quemadura de fuego, y hubiere en lo sanado del fuego mancha blanquecina, rojiza o blanca,
Lev.13:25 el sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y ésta pareciere ser más profunda que la piel, es lepra que salió en la quemadura; y el sacerdote lo declarará inmundo, por ser llaga de lepra.
Lev.13:26 Mas si el sacerdote la mirare, y no apareciere en la mancha pelo blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino que estuviere oscura, le encerrará el sacerdote por siete días.
Lev.13:27 Y al séptimo día el sacerdote la reconocerá; y si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra.
Lev.13:28 Pero si la mancha se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido en la piel, sino que estuviere oscura, es la cicatriz de la quemadura; el sacerdote lo declarará limpio, porque señal de la quemadura es.
Lev.13:29 Y al hombre o mujer que le saliere llaga en la cabeza, o en la barba,
Lev.13:30 el sacerdote mirará la llaga; y si pareciere ser más profunda que la piel, y el pelo de ella fuere amarillento y delgado, entonces el sacerdote le declarará inmundo; es tiña, es lepra de la cabeza o de la barba.
Lev.13:31 Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no pareciere ser más profunda que la piel, ni hubiere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará por siete días al llagado de la tiña;
Lev.13:32 y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga; y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo amarillento, ni pareciere la tiña más profunda que la piel,
Lev.13:33 entonces le hará que se rasure, pero no rasurará el lugar afectado; y el sacerdote encerrará por otros siete días al que tiene la tiña.
Lev.13:34 Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y si la tiña no hubiere cundido en la piel, ni pareciere ser más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará limpio; y lavará sus vestidos y será limpio.
Lev.13:35 Pero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel después de su purificación,
Lev.13:36 entonces el sacerdote la mirará; y si la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento; es inmundo.
Lev.13:37 Mas si le pareciere que la tiña está detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él está limpio, y limpio lo declarará el sacerdote.
Lev.13:38 Asimismo cuando el hombre o la mujer tuviere en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas,
Lev.13:39 el sacerdote mirará, y si en la piel de su cuerpo aparecieren manchas blancas algo oscurecidas, es empeine que brotó en la piel; está limpia la persona.
Lev.13:40 Y el hombre, cuando se le cayere el cabello, es calvo, pero limpio.
Lev.13:41 Y si hacia su frente se le cayere el cabello, es calvo por delante, pero limpio.
Lev.13:42 Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en su antecalva.
Lev.13:43 Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el parecer de la lepra de la piel del cuerpo,
Lev.13:44 leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga.
Lev.13:45 Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo!
Lev.13:46 Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.
Lev.13:47 Cuando en un vestido hubiere plaga de lepra, ya sea vestido de lana, o de lino,
Lev.13:48 o en urdimbre o en trama de lino o de lana, o en cuero, o en cualquiera obra de cuero;
Lev.13:49 y la plaga fuere verdosa, o rojiza, en vestido o en cuero, en urdimbre o en trama, o en cualquiera obra de cuero; plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote.
Lev.13:50 Y el sacerdote mirará la plaga, y encerrará la cosa plagada por siete días.
Lev.13:51 Y al séptimo día mirará la plaga; y si se hubiere extendido la plaga en el vestido, en la urdimbre o en la trama, en el cuero, o en cualquiera obra que se hace de cuero, lepra maligna es la plaga; inmunda será.
Lev.13:52 Será quemado el vestido, la urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquiera obra de cuero en que hubiere tal plaga, porque lepra maligna es; al fuego será quemada.
Lev.13:53 Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga se haya extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquiera obra de cuero,
Lev.13:54 entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga, y lo encerrará otra vez por siete días.
Lev.13:55 Y el sacerdote mirará después que la plaga fuere lavada; y si pareciere que la plaga no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido la plaga, inmunda es; la quemarás al fuego; es corrosión penetrante, esté lo raído en el derecho o en el revés de aquella cosa.
Lev.13:56 Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la plaga se ha oscurecido después que fue lavada, la cortará del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama.
Lev.13:57 Y si apareciere de nuevo en el vestido, la urdimbre o trama, o en cualquiera cosa de cuero, extendiéndose en ellos, quemarás al fuego aquello en que estuviere la plaga.
Lev.13:58 Pero el vestido, la urdimbre o la trama, o cualquiera cosa de cuero que lavares, y que se le quitare la plaga, se lavará segunda vez, y entonces será limpia.
Lev.13:59 Esta es la ley para la plaga de la lepra del vestido de lana o de lino, o de urdimbre o de trama, o de cualquiera cosa de cuero, para que sea declarada limpia o inmunda.


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Mat.26:26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.  
Mat.26:27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;  
Mat.26:28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.  
Mat.26:29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.  

Jesús anuncia la negación de Pedro  - (Mr. 14. 26-31; Lc. 22. 31-34; Jn. 13. 36-38)  

Mat.26:30 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.  
Mat.26:31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 
Mat.26:32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 
Mat.26:33 Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 
Mat.26:34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 
Mat.26:35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.  

Jesús ora en Getsemaní  - (Mr. 14. 32-42; Lc. 22. 39-46)  

Mat.26:36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.  
Mat.26:37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.  
Mat.26:38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.  
Mat.26:39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.  
Mat.26:40 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?  
Mat.26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.  
Mat.26:42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.  
Mat.26:43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 
Mat.26:44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.  
Mat.26:45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.  
Mat.26:46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.  

Arresto de Jesús  - (Mr. 14. 43-50; Lc. 22. 47-53; Jn. 18. 2-11)  

Mat.26:47 Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.  
Mat.26:48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.  
Mat.26:49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.  
Mat.26:50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.  


Lecturas Matutinas de Spurgeon

FEBRERO 12.-

Consolación a la medida de la prueba.-

“Como de la marera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda en Cristo nuestra consolación”.- (2da. Corintios 1:5).-

Aquí hay una bendita proporción. El gobernador de Providencia lleva una balanza. En un platillo pone las pruebas de su pueblo, en el otro sus consolaciones. Cuando el platillo de la prueba está casi vacío, el de la consolación se halla en el mismo estado. Y cuando el platillo de la prueba está lleno, el de la consolación se halla en la misma condición. Cuando se amontonan las negras nubes, es cuando más clara se nos revela la luz. Cuando llega la noche y se acerca la tormenta, el Capitán Celestial está más cerca la tripulación. ¡Verdad bendita ésta: cuando abatidos es cuando nos sentimos más aliviados por las consolaciones del Espíritu! Una de las razones de esto estriba en que las pruebas hacen más lugar para consolación. Los grandes corazones solo se hacen en las grandes pruebas. La azada de la aflicción ahonda el pozo del consuelo y hace un lugar más espacioso para la consolación. Dios viene a nuestro corazón y lo halla lleno. Rompe nuestras comodidades y lo vacía; entonces hay más lugar para la gracia. Cuanto más humillado esté un hombre, tanto más consuelo tendrá, pues estará en mejores condiciones para recibirlo. Otra razón por la que somos más felices en nuestras pruebas es ésta: Tenemos entonces una comunión más íntima con Dios. Cuando el granero está lleno el hombre puede vivir sin Dios; cuando el bolsillo reboza de oro, estamos tentados a vivir sin mucha oración.- Pero cuando se secan nuestras calabaceras, entonces sentimos necesidad de nuestro Dios; cuando los ídolos de nuestra casa son quitados, entonces nos sentimos constreñidos a adorar a nuestro Dios. No hay mejor clamor que el que viene de las partes bajas de las montañas, y no hay oración que tenga ni la mitad del fervor que tiene la que sale de las profundidades del alma, a través de intensas pruebas y aflicciones.

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo

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