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Heb.13:8 "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos". 


JESUCRISTO ES EL MISMO...


 "Nuestro Señor y Su fe son siempre los mismos: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Veamos que pasaría si el viejo cimiento cambiara, si nuestra fe estuviera variando siempre, entonces no podríamos seguir el camino de los santos que nos han antecedido. Si tuviéramos una religión específica para el siglo presente, sería ridículo que imitáramos a los varones del primer siglo, y Pablo y los apóstoles serían sólo unos vejestorios que se habrían quedado atrás en las épocas distantes. Si hemos de ir mejorando de siglo en siglo, no podríamos señalar a ninguno de los reformadores, o de los confesores, o de los santos en los valientes días de la antigüedad, no podríamos decir: “Aprendamos de su ejemplo”, porque si la vida cristiana ha cambiado por completo y ha mejorado, -es algo curioso decirlo- entonces seríamos nosotros quienes deberíamos dar el ejemplo a nuestros ancestros. Por supuesto que ellos no podrían seguirlo porque ya se han marchado de la tierra, pero como nosotros sabemos tanto más que nuestros padres no podríamos pensar en aprender nada de ellos. Como habríamos dejado atrás a todos los apóstoles dedicándonos a algo completamente nuevo, sería una lástima que no olvidáramos lo que ellos hicieron y lo que sufrieron, y que no pensáramos que no eran sino un conjunto de simplones que actuaron conforme a su propia luz, ¡pues no tenían la luz que nosotros tenemos en este maravilloso siglo veintiuno! Oh, amados, no debería ser expresada jamás una falsedad más vil, que la insinuación de que hemos cambiado los eternos cimientos de nuestra fe (aunque algunos lo comercian con un muy bien marketing). En verdad, si el cimiento de nuestra fe fuera quitado o cambiado, podríamos preguntar en muchos sentidos: “¿Qué harán los justos? ¿A quién imitarán? ¿A quién seguirán? Habiendo desaparecido las señales prominentes, ¿qué nos queda del santo tesoro de ejemplo con el que el Señor enriquece a los seguidores de Cristo?”
 Nuestro Señor, es siempre el mismo en Su gran amor por Su pueblo, al que amó antes de la tierra. Antes que la primera estrella fuera encendida, antes que la primera criatura viviente comenzara a cantar la alabanza de su Creador, Él amó a Su iglesia con un amor eterno. La divisó con el lente de la predestinación, la visualizó en su divino conocimiento anticipado y la amó con todo Su corazón, y fue por esta causa que dejó a Su Padre y se hizo uno con ella para redimirla. Fue por este motivo que anduvo con ella a lo largo de este valle de lágrimas, saldó sus deudas y llevó sus pecados en Su propio cuerpo en el madero. Por su causa durmió en la tumba, y con el mismo amor que lo hizo descender, Él ha ascendido de nuevo, y con el mismo corazón que late fiel al mismo bendito compromiso matrimonial ha entrado en la gloria, en espera del día de la boda cuando vendrá de nuevo para recibir a su esposa perfeccionada que se habrá preparado por Su gracia. Jamás ni por un instante, ya sea como Dios sobre todo, bendito por siempre, o como Dios y hombre en una divina persona, o como muerto y sepultado, o como resucitado y ascendido, jamás ha cambiado en el amor que siente por Sus escogidos. Él es “Jesucristo el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
 Por tanto, amados hermanos, Él no ha cambiado jamás en Su propósito divino para con Su amada Iglesia. Él resolvió en la eternidad hacerse uno con ella, para que ella pudiera hacerse una con Él; y habiendo resuelto al respecto de esto, cuando vino el cumplimiento del tiempo nació de una mujer y nació bajo la ley, tomó sobre Sí la semejanza de carne de pecado, “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Con todo nunca abandonó Su propósito y afirmó Su rostro para ir a Jerusalén; incluso cuando la amarga copa fue acercada a Sus labios y Él parecía titubear por un instante, regresó a ella con una firme resolución diciéndole a Su Padre: “Si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Ese propósito es muy firme en Él ahora pues por amor de Sion no callará, y por amor de Jerusalén no descansará, hasta que salga como resplandor Su justicia, y Su salvación se encienda como una antorcha. Jesús sigue insistiendo con Su gran obra y Él no fallará ni se desanimará en ella. Él no se quedará contento hasta que todos aquellos que compró con sangre se conviertan en glorificados por Su poder. Él recogerá a todas Sus ovejas en el redil celestial, y pasarán otra vez bajo la mano de Aquel que las cuenta, cada una de ellas siendo llevada allí por el grandioso Pastor que entregó Su vida por ellas. Amados, Él no puede abandonar Su propósito; no sería acorde con Su naturaleza que lo hiciera, pues Él es “Jesucristo, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
 Él es también “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, en el cumplimiento de Sus oficios para llevar a cabo Su propósito y dar curso a Su amor. Él sigue siendo un profeta. Los hombres procuran hacerle a un lado. La así llamada falsamente ‘ciencia’ pasa al frente y le pide que se calle; pero “las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Las enseñanzas del Nuevo Testamento son tan sanas y verdaderas hoy como lo fueron hace dos mil años; no han perdido nada de su valor, nada de su absoluta certeza; permanecen firmes como los montes eternos. Jesucristo era un Profeta y “es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
 Es el mismo, también, como Sacerdote. Algunos se mofan ahora de Su sangre preciosa; ¡ay, que tenga que ser así! Pero, para Sus elegidos Su sangre es todavía el precio de su compra, por ella vencen, por medio de la sangre del Cordero obtienen la victoria; y ellos saben que la alabarán en el cielo, cuando hayan lavado sus ropas, y las hayan emblanquecido en la sangre del Cordero. Ellos nunca se apartan de su grandioso Sacerdote y de Su portentoso sacrificio ofrecido una sola vez por los pecados de los hombres y que es perpetuamente eficaz para toda la raza comprada con sangre; ellos se glorían en Su sacerdocio eterno delante del trono del Padre. En esto, en verdad, nos regocijamos, sí, y nos regocijaremos porque Jesucristo es nuestro Sacerdote, y es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
 Y como Rey es siempre el mismo. Él es supremo en la Iglesia. ¡Delante de Ti, oh Jesús, todos Tus leales súbditos se postran! Todos los manojos se inclinan al Tuyo; el sol y la luna y todas las estrellas te obedecen y te sirven a Ti, Rey de reyes y Señor de señores. Tú eres cabeza sobre todas las cosas para Tu Iglesia, que es Tu cuerpo. Amados, si hubiese cualquier otro oficio que nuestro Señor hubiese asumido para el logro de Sus propósitos divinos, podemos decir de Él, respecto a cada posición que Él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
 Así también, adicionalmente, Él es el mismo en Su relación con todo Su pueblo. Me gusta pensar que así como Jesús era el Esposo de Su Iglesia en el pasado, sigue siendo todavía su Esposo pues Él aborrece el repudio. Así como Él fue el Hermano en tiempo de angustia para Sus primeros discípulos, Él sigue siendo todavía nuestro Hermano fiel. Así como fue un Amigo más unido que un hermano para quienes fueron agudamente probados en los tiempos medievales, Él es igualmente un amigo para nosotros a quienes han alcanzado los fines de los siglos. No hay ninguna diferencia de ningún tipo en la relación del Señor Jesucristo para con Su pueblo en ningún momento. Él está tan dispuesto a consolarnos esta noche como estuvo dispuesto a consolar a aquellos con quienes moró cuando estuvo aquí abajo. Hermana María, Él está tan dispuesto a descender a tu Betania y ayudarte en tu dolor por Lázaro, como lo estuvo cuando fue a Marta y María, a quienes amaba. Jesucristo está igualmente presto a lavar tus pies, hermano mío, después de otro día de un cansado viaje a lo largo de los sucios caminos de este mundo. Él está tan presto a tomar el lebrillo, el aguamanil y la toalla, y darnos una amorosa limpieza, como lo estuvo cuando lavó los pies de Sus discípulos. Justo lo que fue para ellos es para nosotros. Es una dicha si ustedes y yo podemos decir: “Lo que fue para Pedro, lo que fue para Juan, lo que fue para Magdalena, eso es Jesucristo para mí, ‘el mismo ayer, y hoy, y por los siglos’”.
 Amados, yo he visto que los hombres cambian; ¡oh, cómo cambian! Una pequeña helada convierte al bosque en bronce y cada hoja se desprende y cede ante la ráfaga de viento del invierno. Así se esfuman nuestros amigos, y los más fervientes adherentes se desvanecen en el tiempo de la tribulación; pero Jesús es para nosotros lo que siempre fue. Cuando envejecemos y encanecemos, y otros les cierran las puertas a los hombres que han perdido su anterior vigor porque ya no son adecuados para ellos, entonces Él dirá: “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré”, pues Él es “Jesucristo, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Seleccionado y adaptado del Sermon Nº 2358 de Charles Spurgeon, predicado el año 1894, traducido por Allan Norman).-





LECTURA BÍBLICA DE HOY
La Biblia en un Año.-


Capítulo 26

Bendiciones de la obediencia    (Dt. 7.12-24; 28.1-14)

Lev.26:1 No haréis para vosotros ídolos, ni escultura,  ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios.
Lev.26:2 Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová.
Lev.26:3 Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra,
Lev.26:4 yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.
Lev.26:5 Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra.
Lev.26:6 Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país.
Lev.26:7 Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros.
Lev.26:8 Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros.
Lev.26:9 Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros.
Lev.26:10 Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo.
Lev.26:11 Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará;
Lev.26:12 y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Lev.26:13 Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido.

Consecuencias de la desobediencia    (Dt. 28.15-68)

Lev.26:14 Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos,
Lev.26:15 y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto,
Lev.26:16 yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.
Lev.26:17 Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga.
Lev.26:18 Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.
Lev.26:19 Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce.
Lev.26:20 Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto.
Lev.26:21 Si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.
Lev.26:22 Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos.
Lev.26:23 Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduviereis conmigo en oposición,
Lev.26:24 yo también procederé en contra de vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados.
Lev.26:25 Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo.
Lev.26:26 Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os saciaréis.
Lev.26:27 Si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición,
Lev.26:28 yo procederé en contra de vosotros con ira, y os catigaré aún siete veces por vuestros pecados.
Lev.26:29 Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas.
Lev.26:30 Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.
Lev.26:31 Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume.
Lev.26:32 Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren;
Lev.26:33 y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.
Lev.26:34 Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo.
Lev.26:35 Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella.
Lev.26:36 Y a los que queden de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como ante la espada, y caerán sin que nadie los persiga.
Lev.26:37 Tropezarán los unos con los otros como si huyeran ante la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos.
Lev.26:38 Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá.
Lev.26:39 Y los que queden de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos.
Lev.26:40 Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición,
Lev.26:41 yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado.
Lev.26:42 Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham  me acordaré, y haré memoria de la tierra.
Lev.26:43 Pero la tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio de mis estatutos.
Lev.26:44 Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios.
Lev.26:45 Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.
Lev.26:46 Estos son los estatutos, ordenanzas y leyes que estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés.

Capítulo 27

Cosas consagradas a Dios

Lev.27:1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:
Lev.27:2 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, lo estimarás así:
Lev.27:3 En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.
Lev.27:4 Y si fuere mujer, la estimarás en treinta siclos.
Lev.27:5 Y si fuere de cinco años hasta veinte, al varón lo estimarás en veinte siclos, y a la mujer en diez siclos.
Lev.27:6 Y si fuere de un mes hasta cinco años, entonces estimarás al varón en cinco siclos de plata, y a la mujer en tres siclos de plata.
Lev.27:7 Mas si fuere de sesenta años o más, al varón lo estimarás en quince siclos, y a la mujer en diez siclos.
Lev.27:8 Pero si fuere muy pobre para pagar tu estimación, entonces será llevado ante el sacerdote, quien fijará el precio; conforme a la posibilidad del que hizo el voto, le fijará precio el sacerdote.
Lev.27:9 Y si fuere animal de los que se ofrece ofrenda a Jehová, todo lo que de los tales se diere a Jehová será santo.
Lev.27:10 No será cambiado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un animal por otro, él y el dado en cambio de él serán sagrados.
Lev.27:11 Si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote,
Lev.27:12 y el sacerdote lo valorará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será.
Lev.27:13 Y si lo quisiere rescatar, añadirá sobre tu valuación la quinta parte.
Lev.27:14 Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el sacerdote, así quedará.
Lev.27:15 Mas si el que dedicó su casa deseare rescatarla, añadirá a tu valuación la quinta parte del valor de ella, y será suya.
Lev.27:16 Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer  de siembra de cebada se valorará en cincuenta siclos de plata.
Lev.27:17 Y si dedicare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará.
Lev.27:18 Mas si después del jubileo dedicare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación.
Lev.27:19 Y si el que dedicó la tierra quisiere redimirla, añadirá a tu estimación la quinta parte del precio de ella, y se le quedará para él.
Lev.27:20 Mas si él no rescatare la tierra, y la tierra se vendiere a otro, no la rescatará más;
Lev.27:21 sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa para Jehová, como tierra consagrada; la posesión de ella será del sacerdote.
Lev.27:22 Y si dedicare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia,
Lev.27:23 entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu precio señalado, cosa consagrada a Jehová.
Lev.27:24 En el año del jubileo, volverá la tierra a aquél de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra.
Lev.27:25 Y todo lo que valorares será conforme al siclo  del santuario; el siclo tiene veinte geras.
Lev.27:26 Pero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo dedicará; sea buey u oveja, de Jehová es.
Lev.27:27 Mas si fuere de los animales inmundos, lo rescatarán conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo rescataren, se venderá conforme a tu estimación.
Lev.27:28 Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado  será cosa santísima para Jehová.
Lev.27:29 Ninguna persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.
Lev.27:30 Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.
Lev.27:31 Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.
Lev.27:32 Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.
Lev.27:33 No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.
Lev.27:34 Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.


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Capítulo 2

Jesús sana a un paralítico  (Mt. 9. 1-8; Lc. 5. 17-26)

Mar.2:1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
Mar.2:2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
Mar.2:3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
Mar.2:4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
Mar.2:5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Mar.2:6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
Mar.2:7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
Mar.2:8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?
Mar.2:9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
Mar.2:10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
Mar.2:11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
Mar.2:12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

Llamamiento de Leví  (Mt. 9. 9-13; Lc. 5. 27-32)

Mar.2:13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.
Mar.2:14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
Mar.2:15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.
Mar.2:16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?
Mar.2:17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

La pregunta sobre el ayuno  (Mt. 9. 14-17; Lc. 5. 33-39)

Mar.2:18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
Mar.2:19 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.
Mar.2:20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.
Mar.2:21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.
Mar.2:22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo  (Mt. 12. 1-8; Lc. 6. 1-5)

Mar.2:23 Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.
Mar.2:24 Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?
Mar.2:25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban;
Mar.2:26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?
Mar.2:27 También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.
Mar.2:28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.

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Lecturas Matutinas de Spurgeon

FEBRERO 20.-

Las consolaciones de Dios alegran mi alma.-

“Dios que consuela a los humildes” (2 Corintios 7:6).-

 ¿Y quién consuela como El? Ve a algún melancólico y angustiado hijo de Dios; comunícale dulces promesas y pon en sus oídos selectas palabras de consuelo; él será ante ellas como una serpiente sorda que no responde a la voz del encantador, aunque éste trate de encantarlo más sutilmente que nunca. El está bebiendo ajenjo y hiel. Trata de consolarlo como quieras, lo único que conseguirás será una o dos notas de lastimera resignación. No lograrás sacar de él ningún salmo de alabanza, ninguno aleluya y ningún soneto de gozo. Pero deja que se le acerque Dios y le levante el rostro, y entonces los ojos del afligido brillarán de esperanza. ¿No lo oyes cantar?: «Si tú estás aquí esto es un paraíso; si te vos, es un infierno». Tú no pudiste alegrarlo, pero el Señor lo ha hecho. «El es el Dios de toda consolación.» No hay bálsamo en Galaad, pero sí lo hay en Dios. No hay médico entre las criaturas, pero el Creador es Jehová-rophi. ¡Es maravilloso ver cómo una palabra de Dios hace cantar al cristiano! Una palabra de Dios es igual a un pedazo de oro; el cristiano es el batidor de ese oro, y puede machacar esa palabra de promesa por semanas enteras. Siendo así, pobre cristiano, no necesitas echarte a la desesperación. Ve al Consolador y pídele que te dé consolación. Tú eres un pobre pozo seco. Has oído decir que cuando una bomba se seca, debes, ante todo, echarle agua, y entonces ella o su vez te dará agua. Y así, cristiano, cuando estés seco, ve a Dios, pídele que derrame en tu corazón abundante gozo, y entonces tu gozo será cumplido. No vayas a los amigos terrenales, porque, después de todo, hallarás en ellos consoladores de Job; pero ve primero y ante todo a tu «Dios, que consuela a los humildes», y pronto dirás: «En la multitud de mis pensamientos dentro de mi, tus consolaciones alegran mi alma».

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo

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