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1ºCor.6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

NO SOIS VUESTROS...


“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:19, 20).-

El creyente que en verdad obedece estos dos versículos ha resuelto algunos de los problemas más profundos de la vida. Los que reconocen que Dios es el dueño absoluto de nuestro cuerpo no tienen más dudas acerca de dónde deben ir o qué deben hacer. La consagración simplemente consiste en dejar que Dios tome aquello por lo cual ha pagado o, en otras palabras, devolver una propiedad robada.
“Habéis sido comprados por precio.” Fue un precio infinito el que Dios pagó. Fue más que plata y oro: fue la sangre preciosa de su Hijo unigénito (1 Pedro 1:18). Dios destaca el costo tremendo de la redención como un ruego al corazón de los redimidos. El precio que Él ha pagado es la medida de cuánto nos valora. Él no entrega una vida que le es tan querida a cambio de un alma que no vale nada para EL Él ha sacrificado el oro de su corazón: el mismo Jesucristo. Si fuéramos al monte del Calvario y consideráramos lo que le costó al cielo comprar nuestra salvación, ya no retendríamos lo que le pertenece a Dios por derecho: el servicio completo de nuestro espíritu, alma y cuerpo. Sin embargo, cuántos se satisfacen con decir “Jesús es mío”, pero nunca continúan diciendo “Yo soy de Él.” El que acepta esta posición más elevada está obligado a ser cuidadoso con lo que le pertenece a otro.
Cuando el pensamiento de que pertenecemos a Él llega a ser predominante, entonces reconoceremos a la vez que al ser de Él, somos templos del Espíritu Santo. Conscientes de que pertenecemos a Dios y atentos al divino huésped, el Espíritu Santo, es lo más natural que glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Dios. Glorificarle de esta manera es simplemente exhibir el poder y el carácter de Dios a través de lo que es de Él.
“El gozo más grande del creyente se encuentra en dejar que Dios posea lo que le pertenece”. (Manantiales en el Desierto III.- 29 de julio).-

Algunos de los creyentes en Corinto parecen haber estado prontos para decir: “Todas las cosas me son lícitas”. Pablo se opone a este peligroso engaño. Hay una libertad con que Cristo nos ha hecho libres, en la cual debemos afirmarnos, pero con toda seguridad, el cristiano no debe ponerse nunca bajo el poder de un apetito carnal cualquiera.
El cuerpo es para el Señor; debe ser instrumento de justicia para santidad, por tanto, no debe ser instrumento de pecado. Honra para nuestros cuerpos es que Jesucristo fuese levantado de entre los muertos; y será honra para nuestros cuerpos que sean resucitados. La esperanza de la resurrección en gloria debe guardar a los cristianos de deshonrar sus cuerpos con lujurias carnales.
Si el alma se une a Cristo por fe, todo el hombre es hecho miembro de su cuerpo espiritual. Otros vicios pueden derrotarse con luchas; pero contra las pasiones juveniles o la lujuria y fornicación que aquí se nos advierte, sólo es con huida. Multitudes son cortadas por estos vicios en formas y consecuencias variadas. Los efectos no sólo caen directamente sobre el cuerpo, sino en la mente. Nuestros cuerpos fueron redimidos de la merecida condenación y de la mísera esclavitud por el sacrificio expiatorio de Cristo. Tenemos que ser limpios, como vasos dignos para el uso de nuestro Maestro.
Estando unidos a Cristo como un solo espíritu, y comprados a precio de indecible valor, el creyente debe considerarse como totalmente del Señor, por los lazos más fuertes. Que glorificar a Dios sea nuestra actividad hasta el último día y hora de nuestra vida, con nuestros cuerpos y con nuestros espíritus, que son de Él. Sino templos del Espíritu Santo.-





LECTURA BÍBLICA DE HOY


La Biblia en un Año.- 


JOSUÉ

Capítulo 1

Preparativos para la conquista

Jos.1:1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 
Jos.1:2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 
Jos.1:3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. 
Jos.1:4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. 
Jos.1:5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 
Jos.1:6 Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. 
Jos.1:7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. 
Jos.1:8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 
Jos.1:9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. 
Jos.1:10 Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: 
Jos.1:11 Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión. 
Jos.1:12 También habló Josué a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, diciendo: 
Jos.1:13 Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra. 
Jos.1:14 Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis, 
Jos.1:15 hasta tanto que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da; y después volveréis vosotros a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, a este lado del Jordán hacia donde nace el sol; y entraréis en posesión de ella.
Jos.1:16 Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. 
Jos.1:17 De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. 
Jos.1:18 Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente. 

Capítulo 2

Josué envía espías a Jericó 

Jos.2:1 Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí. 
Jos.2:2 Y fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar la tierra. 
Jos.2:3 Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca a los hombres que han venido a ti, y han entrado a tu casa; porque han venido para espiar toda la tierra. 
Jos.2:4 Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido; y dijo: Es verdad que unos hombres vinieron a mí, pero no supe de dónde eran. 
Jos.2:5 Y cuando se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé a dónde han ido; seguidlos aprisa, y los alcanzaréis. 
Jos.2:6 Mas ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado. 
Jos.2:7 Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, hasta los vados; y la puerta fue cerrada después que salieron los perseguidores. 
Jos.2:8 Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: 
Jos.2:9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 
Jos.2:10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.
Jos.2:11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 
Jos.2:12 Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura; 
Jos.2:13 y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte. 
Jos.2:14 Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad. 
Jos.2:15 Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro. 
Jos.2:16 Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino. 
Jos.2:17 Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado. 
Jos.2:18 He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. 
Jos.2:19 Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. 
Jos.2:20 Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. 
Jos.2:21 Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana. 
Jos.2:22 Y caminando ellos, llegaron al monte y estuvieron allí tres días, hasta que volvieron los que los perseguían; y los que los persiguieron buscaron por todo el camino, pero no los hallaron. 
Jos.2:23 Entonces volvieron los dos hombres; descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a Josué hijo de Nun, y le contaron todas las cosas que les habían acontecido. 
Jos.2:24 Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros. 

Capítulo 3

El paso del Jordán 

Jos.3:1 Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo. 
Jos.3:2 Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento, 
Jos.3:3 y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, 
Jos.3:4 a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella. 
Jos.3:5 Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. 
Jos.3:6 Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. 
Jos.3:7 Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. 
Jos.3:8 Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. 
Jos.3:9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. 
Jos.3:10 Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo. 
Jos.3:11 He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán. 
Jos.3:12 Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. 
Jos.3:13 Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón. 
Jos.3:14 Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, 
Jos.3:15 cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega), 
Jos.3:16 las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó. 
Jos.3:17 Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.


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Capítulo 16

La resurrección  - (Mt. 28. 1-10; Lc. 24. 1-12; Jn. 20. 1-10) 

Mar.16:1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 
Mar.16:2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 
Mar.16:3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 
Mar.16:4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 
Mar.16:5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 
Mar.16:6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 
Mar.16:7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 
Mar.16:8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. 

Jesús se aparece a María Magdalena  (Jn. 20. 11-18)

Mar.16:9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 
Mar.16:10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 
Mar.16:11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. 

Jesús se aparece a dos de sus discípulos  (Lc. 24.13-35)

Mar.16:12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 
Mar.16:13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. 

Jesús comisiona a los apóstoles  (Mt. 28. 16-20; Lc. 24. 36-49; Jn. 20. 19-23) 

Mar.16:14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 
Mar.16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Mar.16:16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 
Mar.16:17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 
Mar.16:18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 

La ascensión  (Lc. 24. 50-53)

Mar.16:19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 
Mar.16:20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.



Lecturas Matutinas de Spurgeon

MARZO 19.-

La fe es el mensajero entre el alma y el Señor Jesús.-

“se fortaleció en fe” (Romanos 4:20).-

 Cristiano, ten mucho cuidado de tu fe, pues la fe es el único medio por el cual puedes obtener bendiciones. Solamente la fe puede traernos bendiciones. La oración no nos traerá respuestas del trono de Dios, a menos que sea la oración fervorosa del hombre que cree. La fe es el mensajero angélico entre el alma y el Señor Jesús, que esta en la gloria. Si ese mensajero se retira, no podemos ni elevar oraciones ni recibir contestaciones. La fe es el alambre telegráfico que liga la tierra con el cielo. Por medio de él, los amorosos mensajes de Dios vuelan tan rápidamente que, antes que clamemos, El nos responde, y, aun estando nosotros hablando, El nos oye. Pero si el hilo telegráfico de la fe se rompe, ¿cómo recibiremos la promesa? ¿Estoy en aflicción? Entonces puedo conseguir ayuda por la fe. ¿Estoy perseguido por el enemigo? Entonces mi alma se apoya por la fe en su querido refugio. Pero si quitamos la fe, clamaré a Dios en vano, pues no habrá medio de comunicación entre mí y el cielo. Aun en el más crudo invierno, la fe es una senda por la cual la oración puede transitar; pero si bloqueáis el camino, ¿en qué forma podremos comunicarnos con el gran Rey? La fe me une a la divinidad. La fe me cubre con el poder de Dios. La fe pone a mi lado la omnipotencia de Jehová. La fe asegura para mi defensa todos los atributos de Dios. La fe me ayuda a desafiar a las huestes del infierno; me hace triunfar sobre la cerviz de mis enemigos. En cambio, sin fe, ¿cómo podré recibir algo del Señor? Que el que fluctúa, el que es igual a la onda de la mar, no espere recibir alguna casa de Dios. ¡Oh cristiana!, cuida bien tu fe, pues con ella puedes, aunque seas pobre, lograr todas las cosas; pero, sin ella, no puedes obtener nada. «Si puedes creer, al que cree todo es posible.»

Saludo con la Paz de nuestro Señor Jesucristo

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